Hace poco leí una estupenda definición de lo que es un “trepa de oficina”, escrita por Florián Reyes. Decía que “un trepa es alguien que entra después de ti en una puerta giratoria y sale primero”. Efectivamente, son gente que no tiene inconveniente en pisar a todo aquel que se interpone entre ellos y el poder. Los trepas son los que la RAE define como “arribistas”: personas que progresan en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos. Estoy seguro de que el primer trepa data del Paleolítico, pero hoy, en el siglo XXI, son objeto de estudio por parte de los psicólogos hasta el punto de que tienen incluso un nombre clínico: “Personalidad auto promotora aberrante” (aberrant self-promoter).

Un trepa por lo general es una persona competente, que hace bien su trabajo, incluso por encima de la media, y que en condiciones normales iría ascendiendo paulatinamente en la empresa alcanzando poco a poco mayores responsabilidades. El problema para un trepa es ese “poco a poco”. No es suficiente. El trepa quiere el éxito ya, no puede esperar, pero no es lo bastante brillante como para alcanzar ese éxito tan rápidamente por sí mismo. Por eso recurre a todo tipo de artimañas: difundir rumores falsos, desprestigiar a compañeros, apropiarse del trabajo de los demás… Las primeras veces que un trepa habla contigo suele ser simpático y comprensivo, pero en realidad te está evaluando y clasificando. Puedes ser una ayuda para sus propósitos en cuyo caso te utilizará como un escalón sobre el que pisar para alcanzar una posición más alta o puede que no seas de utilidad para él y en poco tiempo te ignorará. O puede clasificarte como un obstáculo para su carrera. En ese caso, ya puedes decir que tienes un enemigo en la oficina.

El trepa es por tanto un personaje peligroso, ¿cómo reconocerlo?

  • En primer lugar, es un pelota profesional porque es muy importante para él ser conocido y gustar a aquellos jefes que pueden conseguirle un ascenso.
  • Es habitual que tenga un grupito de ayudantes o sirvientes, gente más bien gris que vive feliz en el anonimato pero que son de gran utilidad al trepa para hacerle el trabajo sucio, ese trabajo que no vende pero que hay que hacer y del que posteriormente el trepa se apropiará sin ningún problema.
  • El trepa hace también mucho trabajo de cara a la galería: se va el último de la oficina (y se asegura de que todo el mundo se entera de que se va el último), envía correos a deshoras que podrían esperar al día siguiente.
  • Y el rasgo más significativo, no comparte información con el resto de compañeros y en caso de hacerlo, se guarda una parte para sí con la intención de obtener algo en beneficio propio. Y por supuesto, cualquier éxito ha sido gracias a él y cuando las cosas no salen, siempre ha sido por culpa de los demás.

En resumen, gente chunga los trepas, un tipo de compañero de trabajo conflictivo con el que no es nada fácil lidiar. Además peligrosos, porque si te ven como una amenaza no dudes de que irán a por ti y te traerán problemas. ¿Qué hacer entonces para defenderse del ataque de un trepa furioso? Creo que lo más importante es actuar con discreción y no entrar en una guerra de represalias pagando al trepa con su misma moneda. Si sabes que eres un problema para el trepa y esperas sus críticas o las de alguien de su entorno, prepárate de antemano para ellas. Recopila las pruebas que demuestren que eres un buen profesional, pide tranquilamente disculpas si has cometido algún error, trabaja con los demás de forma transparente… es decir, deja al trepa sin argumentos para atacarte.

El papel de los jefes también es importante porque tener un trepa en el equipo minará seguro el buen clima laboral. El jefe debería crear un ambiente que dificulte la actuación de los trepas. Debe conocer bien el trabajo de sus colaboradores, medirles de la forma más objetiva posible, asignarles tareas claras, facilitar las comunicaciones abiertas… y además, tiene que ser un ejemplo y no debe hablar mal de un colaborador delante de otras personas. Actuando así, obligará al trepa a buscar otros territorios porque sabrá que en ese grupo no tiene nada que hacer.

En las máquinas de café de todas las empresas se oye con frecuencia frases como “es que no sé venderme” o “en esta compañía hay que saber manejar la política para ascender”. Pero realmente, ¿es necesario saber venderse en el trabajo? Pues en teoría no tendría por qué. Alguien que trabaje bien y que cumpla con sus objetivos de manera adecuada debería recibir una recompensa justa. El problema es que hay otras personas, los de la “personalidad auto promotora aberrante” que se venden  demasiado bien…

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