Parece que esto de la marca personal es muy moderno, muy de las redes sociales. De hecho, dice la Wikipedia que es un concepto que surgió en Estados Unidos a finales de los años 90. Pero yo creo que en realidad es un concepto “más viejo que el hilo negro” que diría mi madre.  Desde siempre, todos hemos construido una marca personal el primer día que hemos entrado a trabajar en una oficina o donde sea. Toda la vida hemos visto en el trabajo al típico pelota, al trepa, al innovador, al rebelde, al becario con ínfulas, al que siempre va a su bola… personajes de los que alguna vez hemos escrito en este blog (y si no, ya escribiremos sobre ellos, no os preocupéis), que no tienen nada que ver con internet o con las redes sociales y que han existido desde siempre en cualquier lugar de trabajo. Esos personajes son fruto del esfuerzo consciente o inconsciente que todos hacemos de proyectar una determinada imagen hacia el exterior.

Tampoco creo que ahora cuidar la marca personal sea más importante que antes. Siempre ha sido importante ya que era la herramienta que teníamos para conseguir nuestros objetivos laborales. El que apagaba las luces de la oficina porque era el último en marcharse se estaba poniendo la etiqueta de “currante”, y nadie fuera de su grupo cercano sabía si realmente debería tener la etiqueta de “ineficiente” o “lento”: era la manera de atribuirse una cualidad que mucha gente valora con la intención de que la próxima vez que se necesitara a alguien para un puesto que exigiera mucho trabajo y dedicación, se pensara en él.

Lo que pasa con las redes sociales es que ahora tu marca personal no solo te abre puertas dentro de tu empresa, sino a prácticamente cualquier empresa de cualquier sitio del mundo.  Puedes ir de erudito y publicar sesudos artículos en cualquier red social, puedes ir de sofisticado y escribir comentarios sobre la última película eslovaca que has visto en versión original, puedes ir de alegre y desenfadado y llenar de chistes tu vida digital… hagas lo que hagas, estás construyendo una imagen de ti que va a estar a la vista de, literalmente, todo el planeta a través de las redes sociales. Y dependiendo del caso, esa imagen puede condicionar tu vida laboral.

Por eso me sorprende que en el año 2017 todavía haya profesionales que elijan no estar en las redes sociales. Entiendo perfectamente que no quieran poner su vida entera en este megaescaparate, o que la mayor parte del tiempo prefieran no participar activamente en ellas, pero no entiendo que renuncien conscientemente a la inagotable fuente de conocimiento, información, contactos y por supuesto, también diversión que suponen las redes sociales. Y que renuncien así a un instrumento formidable para proyectar al mundo laboral la imagen de ti que tú elijas proyectar, sea la que sea.

Pero me sorprende aun más la torpeza con la que algunas personas se manejan en las redes, siempre tomando el punto de vista laboral. Sabiendo que lo que escribes en una red social será tan imperecedero como los jeroglíficos egipcios, por qué llenar tu perfil de comentarios ofensivos hacia personas con otras ideas políticas diferentes a las tuyas  o de insultos hacia los seguidores del equipo de futbol rival, por poner dos ejemplos habituales. Es cierto que en el mundo actual donde todos andamos sumergidos en un océano de información, se llevan cada vez más los perfiles extremistas que buscan destacar entre la multitud con mensajes provocativos y radicales. Pero sinceramente, dudo que sea una buena estrategia para un profesional normal.

En resumidas cuentas, hay que ser conscientes de que nuestros actos de hoy nos pueden pasar factura mañana, y que aunque pueda parecer injusto, se tarda toda una vida en construir una buena imagen y reputación, pero se tarda solo un segundo en perderla por una mala acción puntual. Lo vemos todos los días: un tuit puede ser causa de despido o una foto desacertada en Facebook te deja fuera de un proceso de selección. Por eso hay que cuidar mucho la imagen que proyectamos hacia fuera, especialmente en las redes sociales. Y como conclusión, me permito copiar tal cual una frase de  Enrique Dans

“Algunos todavía piensan que el CV es algo que se escribe, se imprime y se manda por carta. NO, tu CV  está en la red y quien quiera contratarte o quien quiera pensar en ti para una oportunidad profesional de algún tipo se va a meter en la red y mirar qué has hecho, sobre qué has escrito, dónde está esa marca en la red. Ésta es la inversión que realmente vale la pena hacer”

Amen

 

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