Será la presión… será que con la edad me estoy volviendo más cómoda… será que mi neurona flojea últimamente… pero la cuestión es que me doy cuenta de que estoy perdiendo una de mis buenas costumbres: comenzar todo trabajo con una página en blanco encima de mi mesa. Sí, sí… me refiero a un folio, o mejor un hoja tamaño A3 sobre la que empezar a garabatear y estructurar de la nada. Tan fácil como eso.

Y es que para mí, esto de la página en blanco ha sido una metodología de trabajo desde siempre, y creo que fructífera y positiva. Siento que partir de “la nada” te obliga a reflexionar, listar, poner en orden y relacionar,  todo ello necesario para abordar un proyecto, ¿no? No soy experta en la metodología de los mapas mentales, pero creo que ese enfrentamiento con una hoja en blanco produce como resultado MI mapa para acometer un proyecto. El MÍO, personal e intransferible; el que identifica al proyecto conmigo y vice versa, y fundamental en todo caso si lo que quieres es entregar un trabajo con fondo y estructura.

Y lo peor de todo no es que yo haya perdido la costumbre de partir de la nada, si no que por lo que veo a mi alrededor muy pocos aplican alguna metodología parecida. Tengo la sensación de que cada vez más nos movemos en el mundo del “copy-paste” y de los “trabajos pastiche”, vease, los que componemos con trozos de otros trabajos anteriores pegoteados entre sí. Y esto es sumamente peligroso, porque nos impide cualquier tipo de innovación o de aportación personal a la tarea.

Como todo es “para ya” no procede ningún tipo de reflexión. Lo único a lo que llegamos es a pedirle al de al lado si tiene una gráfica de “X”, una imagen de “Y” y con eso y con el documento “Z” del año pasado, pues entregamos un refrito que, si bien nos saca del paso, poco más aportará.Mal; muy mal.

Y lo triste es que esto es la tónica general, y cuela… ¿Cómo puede ser?¿Vale más la estética que el contenido? A tenor de esta última pregunta, pasaros por el último post de @vcNocito en el Balcón40, que no tiene desperdicio. ¿Vale más entregar cualquier cosa el viernes, que un trabajo bien estructurado el lunes? Cierto es que lo perfecto no existe y que hay que ajustar la tarea al tiempo y no al revés; pero también es cierto que si no hay tiempo, el trabajo será una basura lo mires desde donde lo mires, y eso sí que es perder el tiempo.

Y si voy un paso más allá, cada vez me da más miedo esta costumbrita que estamos cogiendo de ahorrarnos la hoja en blanco, porque con ella estamos suprimiendo la fase de PENSAR. Creo que las nuevas tecnologías en este caso pueden ser una mala influencia si nos dejamos llevar; bueno, no la tecnología en sí, si no el uso que hacemos de ella, claro: ponen tan cantidad de material e información a nuestro alcance, y tan accesible… Es facilísimo caer en la tentación de reaprovechar el trabajo de otro con unos retoques, y así nos ahorramos pensar. Terrible.

¿Dónde quedan la innovación y la creatividad? ¿Dónde queda tu aportación y tu reflejo en el trabajo? ¿Cuánto vales si no eres capaz de enfrentarte a una hoja en blanco?

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