¿Cuál es el valor de mi experiencia laboral?

Hagamos un pequeño ejercicio de reflexión: después de haber estado varios (o muchos) años  en el mundo laboral, cada uno con su profesión, parémonos a analizar qué hemos aprendido todo este tiempo, en qué hemos mejorado respecto a nuestros inicios laborales, qué competencias nuevas hemos adquirido… es decir, cual sería nuestra “propuesta de valor” como profesionales. O planteado de otra forma, pensemos un momento sobre cual es el valor de nuestra experiencia laboral y cuanto valen en el mercado laboral nuestra formación y todos los años que hemos estado currando en la oficina.

Seguro que después de esa reflexión nos salen muchas conclusiones: Hemos hecho cursos de lo más variado, puede que ahora nos dediquemos a algo totalmente distinto a lo que hacíamos nada más entrar en la empresa porque hemos sido capaces de obtener nuevas competencias que nos han permitido reciclarnos, o quizá hemos mejorado en un idioma. Pero estoy seguro que a todos nos salen frases como “tengo más experiencia”, “ya no soy un pardillo como al principio”, “tengo muchas más tablas”, ¿a que sí? Seguir leyendo “¿Cuál es el valor de mi experiencia laboral?”

¿Te atreves a beneficiarte de un cambio?

Sé que es un tema manido este de que en general los humanos nos resistimos al cambio. En todos los sentidos, no sólo en el ámbito del trabajo, la mayoría de los humanos somos animales de costumbres y nos chirría que traten de cambiarnos el paso. Y mucho más con la edad. Para comprobarlo basta con que le hagas una propuesta a tu abuela del tipo “te voy a redecorar el salón” y en vez de salir corriendo te quedes a escuchar su respuesta. La ruptura de rutinas, hábitos y costumbres adquiridas es dolorosa, máxime cuando ya tenemos el colmillo bien retorcido.

No tengo la respuesta sobre por qué somos así los humanos; posiblemente sea algo que estudien los antropólogos, sociólogos o alguna otra rama de la ciencia. Pero lo que tengo claro es que con esta tendencia de nuestro comportamiento no encajamos en ese nuevo entorno laboral que nos cuentan los que saben de tendencias, en el que nos dicen que el futuro pasa por trabajar hoy aquí y mañana allá. Que nos vayamos olvidando del viejo concepto de conseguir un trabajo para siempre…. ¡Houston, tenemos un problema!

Y como todos los problemas, pues tendremos que resolverlo.

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¿Cómo remunerar la ayuda que te prestan los demás?

Tengo por práctica habitual enviar mensajes agradeciendo el apoyo a quienes me ayudan a difundir cada post que escribo. Dependiendo del esfuerzo realizado envío mensajes individualizados o me decanto por un “gracias” colectivo. En estas estaba cuando mi amiga virtual Marga Reig respondió a mi tuit de “gracias por tu apoyo” con un disruptivo “¿A cuánto lo pagas?”. Interesante pregunta que prometí contestar con un post y que me permite reflexionar sobre cómo agradezco la ayuda que me prestan los demás. Porque lo hagas como lo hagas, siempre se puede hacer más….

Lo primero que me viene a la cabeza es que un “gracias” es lo mínimo. Seguir leyendo “¿Cómo remunerar la ayuda que te prestan los demás?”

Tengo un pesimista en mi trabajo

Todos conocemos a alguno. Esa persona que parece estar siempre triste en la oficina, que a diario ve el futuro muy negro, que piensa que todos los proyectos van a fracasar y que la empresa se irá a pique más pronto que tarde: el pesimista.

Decía Mario Benedetti que  “un pesimista es un optimista bien informado”, y es que a veces no hay muchas razones para ser optimista. Cualquier cosa que haga una empresa tiene siempre una cierta cantidad de riesgos e incertidumbres, y si vas buscando lo que puede salir mal en un proyecto  seguro que vas a encontrar una buena lista de posibles puntos.  Ante un escenario de cambio continuo que es en el que viven inmersas la mayoría de las empresas, no es difícil ponerse en el caso peor e imaginarse que todo va ir fatal en el futuro.

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¿Qué tal un pelín más de colaboración?

Como dice @vcNocito, la vuelta al trabajo tiene su punto y no es tan mala como la pintan. O al menos, me siento responsable de hacérmela poco dolorosa y buscar todo lo positivo que encuentre. Por ello, me pongo manos a la obra, y he decidido que voy a rellenar una lista con buenos propósitos para el nuevo curso escolar en vez de lamentarme porque se acabó lo bueno.

Se me ha ocurrido que una forma fácil de confeccionar la lista va a ser pensar en esas actitudes que me molestan de los que tengo alrededor y a las que me gustaría darle la vuelta. A ver, la mayoría de mis compañeros son personas estupendas y desde luego tienen muchas más características positivas que negativas…. Pero todos son humanos y tienen cosas que personalmente considero mejores o peores, y en estas últimas me voy a centrar…. Me pongo a analizar con ojo crítico a 5 ó 6 personas con las que interactúo bastante, y me está saliendo una lista más que completa de puntos mejorables. Esos puntos dados la vuelta van a ser mis buenos propósitos para el curso, ahí es nada. Y quiero empezar con el que apunto en el título: quiero ser más colaborativa, sí. ¿Y por qué?

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Estrés postvacacional: Volver de vacaciones con una sonrisa es posible

Os va a parecer mentira, pero yo suelo volver de las vacaciones descansada, contenta y con las pilas bien cargadas:-). Supongo que a más de uno extrañará lo que digo, pero es la pura verdad.

Me encantan las vacaciones, el sol y el aire libre. En invierno y en verano. Se me quedan siempre cortas, salga de viaje o me quede en casa. Pero también me gusta volver al trabajo. Y no, ni me cargan mis hijos, ni aborrezco el apartamento en la playa de los suegros, ni odio las moscas. Seguir leyendo “Estrés postvacacional: Volver de vacaciones con una sonrisa es posible”

Como conseguir un aumento de sueldo

¿Qué como pedir un aumento de sueldo? Pues la verdad, no tengo una receta mágica ni mucho menos. De hecho, creo que nunca he pedido proactivamente un aumento de sueldo porque en todos los sitios donde he trabajado siempre ha habido un momento en el año donde se revisaba el salario de todo el mundo y fuera de ese momento no había nada que hacer. Sin embargo, sí que tengo claro lo que yo haría si quisiera, como premisa fundamental, ganar más dinero.

Todos nos hemos preguntado muchas veces si tenemos un salario justo y si nos pagan lo que nos merecemos. La primera tentación para responder a esa pregunta es compararse con los compañeros de trabajo que hacen más o menos lo mismo que tú. Es inevitable, pero creo sinceramente que es un error, o más bien una comparación muy pero que muy odiosa. Es imposible que alguien que lleva trabajando 15 años en la empresa gane lo mismo que un chico joven recién incorporado, por más que los dos sean compañeros del mismo departamento. Imposible e injusto por cierto, porque el veterano tiene unos conocimientos, una experiencia, y hasta unos contactos internos en la empresa que son los que te pueden ayudar a desbloquear una situación complicada, y de todo eso carece totalmente un recién incorporado.

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¿Te asustan los compromisos?

No; que nadie piense con este título que estoy cambiando las pretensiones del blog o que me estoy convirtiendo en consejera matrimonial. Nada más lejos de mi intención. El título de estas líneas me lo han sugerido unos cuantos artículos que he estado leyendo este verano sobre tendencias en el mercado laboral, de las cuales me he quedado básicamente con las siguientes ideas:

  • Se acabaron los trabajos para siempre: debemos acostumbrarnos a que las empresas cada vez contratarán más por proyectos y menos de forma indefinida. De ese modo pretenden asegurarse más la ejecución de proyectos por especialistas ad-hoc que contar siempre con un mismo empleado, por versátil que sea. La idea de que una vez terminados tus estudios entrarás a trabajar en una empresa donde podrás jubilarte si quieres, ya pasó a la historia.
  • Nuevas tecnologías y mucha más flexibilidad. Me refiero sobre todo a flexibilidad horaria y de movilidad para trabajar, tanto en lo bueno como en lo malo: el hecho de poder estar conectado todo el día y en cualquier sitio nos puede aportar muchas ventajas, pero también desventajas según la ocasión. Y lidiar con este nuevo panorama requerirá de una importante capacidad de autogestión por nuestra parte.
  • Formación continua: la velocidad con la que se mueve la tecnología en cualquier campo a día de hoy requiere que no podamos abandonar nunca jamás la formación. Tenemos que asumirla como parte de nuestra vida, y si no recordad lo que le pasó al dodo.

Y cuando proceso las implicaciones de este panorama, seguro que no tan futurista, mi razonamiento es el siguiente:

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Redundancia de tareas, o cuando dos son multitud

Seguro que todos lo hemos vivido alguna vez en el trabajo: darte cuenta de que hay otra persona o personaS haciendo exactamente lo mismo que tú. No me refiero a “lo mismo” en sentido genérico (atender a un cliente, resolver incidencias técnicas…), ni tampoco me refiero a trabajar en el mismo proyecto (yo hago el diseño de un producto y otro piensa en su comercialización). No. Me refiero a lo mismo, mismo, de forma redundante. Dos personas o grupos de personas tratando de resolver en paralelo el mismo problema o de cubrir la misma necesidad de la empresa… pero sin coordinación entre ellos.

A mí me resulta de lo más frustrante. Me invade la sensación de haber estado perdiendo el tiempo, la cual es la peor de las sensaciones cuando, como supongo que nos pasa a la mayoría, tienes mil cosas que hacer dentro y fuera de la oficina. Aparte de que es un evidente despilfarro de tiempo y recursos para la empresa, y de que probablemente el objetivo final del proyecto no se haya cumplido porque hayamos desperdiciado el tiempo en reuniones de coordinación o de alineamiento… ¿qué podemos hacer entonces ante ese tipo de situaciones?

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