Como conseguir un aumento de sueldo

¿Qué como pedir un aumento de sueldo? Pues la verdad, no tengo una receta mágica ni mucho menos. De hecho, creo que nunca he pedido proactivamente un aumento de sueldo porque en todos los sitios donde he trabajado siempre ha habido un momento en el año donde se revisaba el salario de todo el mundo y fuera de ese momento no había nada que hacer. Sin embargo, sí que tengo claro lo que yo haría si quisiera, como premisa fundamental, ganar más dinero.

Todos nos hemos preguntado muchas veces si tenemos un salario justo y si nos pagan lo que nos merecemos. La primera tentación para responder a esa pregunta es compararse con los compañeros de trabajo que hacen más o menos lo mismo que tú. Es inevitable, pero creo sinceramente que es un error, o más bien una comparación muy pero que muy odiosa. Es imposible que alguien que lleva trabajando 15 años en la empresa gane lo mismo que un chico joven recién incorporado, por más que los dos sean compañeros del mismo departamento. Imposible e injusto por cierto, porque el veterano tiene unos conocimientos, una experiencia, y hasta unos contactos internos en la empresa que son los que te pueden ayudar a desbloquear una situación complicada, y de todo eso carece totalmente un recién incorporado.

Seguir leyendo “Como conseguir un aumento de sueldo”

¿Te asustan los compromisos?

No; que nadie piense con este título que estoy cambiando las pretensiones del blog o que me estoy convirtiendo en consejera matrimonial. Nada más lejos de mi intención. El título de estas líneas me lo han sugerido unos cuantos artículos que he estado leyendo este verano sobre tendencias en el mercado laboral, de las cuales me he quedado básicamente con las siguientes ideas:

  • Se acabaron los trabajos para siempre: debemos acostumbrarnos a que las empresas cada vez contratarán más por proyectos y menos de forma indefinida. De ese modo pretenden asegurarse más la ejecución de proyectos por especialistas ad-hoc que contar siempre con un mismo empleado, por versátil que sea. La idea de que una vez terminados tus estudios entrarás a trabajar en una empresa donde podrás jubilarte si quieres, ya pasó a la historia.
  • Nuevas tecnologías y mucha más flexibilidad. Me refiero sobre todo a flexibilidad horaria y de movilidad para trabajar, tanto en lo bueno como en lo malo: el hecho de poder estar conectado todo el día y en cualquier sitio nos puede aportar muchas ventajas, pero también desventajas según la ocasión. Y lidiar con este nuevo panorama requerirá de una importante capacidad de autogestión por nuestra parte.
  • Formación continua: la velocidad con la que se mueve la tecnología en cualquier campo a día de hoy requiere que no podamos abandonar nunca jamás la formación. Tenemos que asumirla como parte de nuestra vida, y si no recordad lo que le pasó al dodo.

Y cuando proceso las implicaciones de este panorama, seguro que no tan futurista, mi razonamiento es el siguiente:

Seguir leyendo “¿Te asustan los compromisos?”

Redundancia de tareas, o cuando dos son multitud

Seguro que todos lo hemos vivido alguna vez en el trabajo: darte cuenta de que hay otra persona o personaS haciendo exactamente lo mismo que tú. No me refiero a “lo mismo” en sentido genérico (atender a un cliente, resolver incidencias técnicas…), ni tampoco me refiero a trabajar en el mismo proyecto (yo hago el diseño de un producto y otro piensa en su comercialización). No. Me refiero a lo mismo, mismo, de forma redundante. Dos personas o grupos de personas tratando de resolver en paralelo el mismo problema o de cubrir la misma necesidad de la empresa… pero sin coordinación entre ellos.

A mí me resulta de lo más frustrante. Me invade la sensación de haber estado perdiendo el tiempo, la cual es la peor de las sensaciones cuando, como supongo que nos pasa a la mayoría, tienes mil cosas que hacer dentro y fuera de la oficina. Aparte de que es un evidente despilfarro de tiempo y recursos para la empresa, y de que probablemente el objetivo final del proyecto no se haya cumplido porque hayamos desperdiciado el tiempo en reuniones de coordinación o de alineamiento… ¿qué podemos hacer entonces ante ese tipo de situaciones?

Seguir leyendo “Redundancia de tareas, o cuando dos son multitud”

Trabajar en Agosto mola

Soy de las que gusta tomar vacaciones en Julio… para volver cuando todos se van a la playa. No comparto esas miradas lástima mal disimulada ni entro al trapo a todos aquellos que intentan darme envidia. A mí me encanta trabajar en Agosto.

Por dos motivos: el primero es que yo ya he tenido lo mío, así que lo afronto descansada y con ganas. El segundo, es que me gusta trabajar cuando no hay nadie. Cierto es que apechugas con lo tuyo y con lo de quienes se tuestan al sol de Marbella. Pero no menos cierto es que el nivel de “gilipollez profesional” que habitualmente nos come horas disminuye hasta acercase a cero dejando florecer el trabajo “técnico” en estado puro. Seguir leyendo “Trabajar en Agosto mola”

Ideas para escribir un email perfecto

Me llama la atención la cantidad de material didáctico que encuentro sobre cómo hablar en público. Sobre todo en relación al pequeño porcentaje de profesionales que nos animamos a hacerlo. Sin embargo, sorprende la casi nula importancia que percibo hacia una actividad similar que todos hacemos habitualmente: escribir en público.

Igual te extrañas ante esta expresión, pero no sé si has pensado alguna vez que cada mail que redactas te convierte en un pequeño orador… para la posteridad. Porque cada vez que das a “enviar” dejas de ser dueño de su destino. Y nunca sabes dónde van a acabar ni por cuantos ojos van a pasar. Seguir leyendo “Ideas para escribir un email perfecto”

La importancia del lenguaje en el trabajo

Me resulta curioso observar como hablamos cuando estamos en un ambiente de trabajo: en la oficina, ante un cliente, en una presentación… hablamos de una manera totalmente diferente de como lo hacemos cuando estamos en casa con la familia o con los amigos. No es que hablemos de temas distintos, lo cual es lógico, sino que para decir lo mismo utilizamos palabras que nunca utilizaríamos fuera de la oficina. Y también es curioso fijarse en lo diferente que nos expresamos si nos dirigimos al Director General de la compañía que si estamos charlando con el que se sienta en la mesa de al lado.

Es una especie de argot, de lenguaje propio con sus propias reglas. Hay una serie de palabras prohibidas. Un ejemplo: “No sé hacerlo”. Si dices “no sé” estás transmitiendo que no tienes las habilidades para realizar lo que te han encargado o que tienes miedo a hacerlo, lo que es pecado mortal. O decir “No puedo”, aunque verdaderamente te sea imposible abordar esa tarea. Está muy mal visto. Pero sin embargo, decir, “estoy hasta arriba de trabajo”  es algo muy  positivo. Significa que eres alguien importante y que cuentan contigo para todo. Seguir leyendo “La importancia del lenguaje en el trabajo”

Las prisas, un mal compañero de trabajo

Quien no conoce la fábula de Esopo de la liebre y la tortuga. La tortuga, el animal más lento del bosque, se atreve a retar a la liebre, quien se enorgullecía ante todos los demás animales de ser el más rápido, a una carrera. Confiada en su rapidez, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando con otros animales en la salida. Luego empezó a correr, veloz como el viento, mientras la tortuga iba despacio pero eso sí, sin parar. La liebre la adelantó enseguida y viendo la ventaja que tomó, se paró a descansar hasta que se durmió. Mientras, paso a paso, la tortuga siguió su camino hasta que llegó a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde porque la tortuga ya había ganado la carrera.

Es curioso que en nuestra cultura ser lento es sinónimo de torpe e inútil, mientas que en otras culturas precisamente la tortuga es un animal espiritual sinónimo de longevidad y sabiduría. A lo mejor los hacemos para que no nos llamen torpes, pero el caso es que vamos siempre con prisas. Hasta cuando no hay motivos para tener prisa, hacemos las cosas a toda velocidad. Y en el trabajo esto se hace especialmente palpable. Solemos presumir de lo rápido que hemos entregado un proyecto, o de la cantidad de cosas que hemos sido capaces de gestionar simultáneamente. Al igual que la liebre de la fábula, somos muy rápidos, pero por alguna razón, no siempre alcanzamos nuestro objetivo a tiempo por mucho que esprintemos al final. Seguir leyendo “Las prisas, un mal compañero de trabajo”

Hacer un favor no es ninguna obligación… ¡es una oportunidad!

Pedir ayuda no es ser débil, sino todo lo contrario. Saber hacerlo es un arte. Dicen los expertos que la gente que avanza en la vida lo hace porque maneja con soltura el arte de pedir ayuda. Yo coincido, pero creo que ofrecer ayuda con naturalidad es aún más difícil y potente que saber solicitarla.

El orgullo nos puede. Y nos estanca. Nadie quiere dar la sensación de ser un flojo, de que necesita… Sin embargo a menudo resulta que son las personas con más autoestima quienes más ayuda, consejo y colaboración solicitan. Será porque libera el no tener que demostrar nada a nadie o porque tienen meridianamente claro que se avanza infinitamente más cuando buscas la ayuda de otros.

Tenemos que trabajar el arte del pedir ayuda. Seguir leyendo “Hacer un favor no es ninguna obligación… ¡es una oportunidad!”