El diccionario de la RAE nos dice que una persona proactiva es aquella que “toma activamente el control y decide que hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”. Es decir, ante una situación que no tiene por qué ser necesariamente problemática, las personas proactivas reaccionan activamente y reflexionan sobre esa situación para hallar la mejor respuesta o solución posible, mientras que las personas “reactivas” simplemente esperan sin hacer nada (o si acaso, esperan quejándose de lo mal que les trata la vida) a que el tiempo solucione sus problemas. Es decir, las personas reactivas solo ven problemas por todas partes. En cambio, las personas proactivas buscan desde el principio posibles soluciones a esos problemas.

Admiro mucho a las personas proactivas, aquellas que actúan con acciones concretas para intentar de alguna manera cambiar su destino. O si eso de cambiar el destino es demasiado difícil, al menos dan pasos para adaptarse a él. Admiro esa resistencia a la derrota y ese espíritu constante de superación que hay detrás del éxito de los deportistas de élite, o esa capacidad de estar en continua formación que tienen muchos profesionales de cualquier ámbito. Porque lo verdaderamente positivo de tener una actitud proactiva ante los acontecimientos es que podemos elegir qué hacer, y eso nos abre un montón de opciones distintas a simplemente, esperar a ver qué pasa.

Sin embargo, como todo en la vida, también hay una justa medida en la proactividad. Es decir, no se trata de lanzarse a lo loco a cualquier oportunidad que se nos presente simplemente por no estar parado y hacer más en menos tiempo. Eso nos llevará a cometer errores y a un desgaste de energía inútil. Lo que hay que hacer es comenzar por analizar las situaciones y como consecuencia de ese análisis, decidir cómo actuar de la manera que más nos interese. Ser proactivo por tanto es una habilidad que es necesario practicar de alguna manera.

Porque yo creo que el proactivo no nace, sino que se hace. Y hay unas cuantas cosas que ayudan a ser proactivo. En primer lugar, hay que tener claro cual es tu trabajo y que se espera de ti, para poder priorizar y centrarse en aquello realmente importante. Si reaccionamos por igual ante cualquier estímulo o petición, nunca encontraremos el tiempo y el momento necesario para decidir como actuar. Y como consecuencia de ello, es clave planificar tu trabajo con antelación y podrás, por ejemplo, pedir a otros la información que necesites por adelantado.

Todo esto está muy bien, pero en el día a día nos surgen mil interrupciones o urgencias que nos impiden centrarnos en lo realmente importante porque solemos tender a priorizar lo supuestamente urgente frente a lo importante, muchas veces debido a que no tenemos muy claro qué es lo realmente importante. Así que antes de atender supuestas urgencias, es importante valorar la importancia de esa supuesta urgencia, y si hay que decir que no a algo, pues habrá que decirlo…

Por otra parte, el mundo digital actual nos ofrece muchas posibilidades para ser proactivo. Por ejemplo, la autoformación en nuevas competencias de interés para nosotros, con multitud de foros o cursos online disponibles para cualquier tema o la posibilidad de incorporar herramientas digitales en nuestro trabajo diario. El mundo cambia de forma vertiginosa y los que no se adaptan a esos cambios tienen todas las de perder. Debemos tratar de tener una actitud proactiva que nos lleve a ser dueños de nuestro destino, y a estar preparados para elegir entre diversas opciones sin tener que conformarnos necesariamente con lo que nos caiga.

 

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