En mi trabajo, como en tantos otros, las presentaciones son el pan nuestro de cada día. Hay que exponer ideas, resaltar beneficios de tal o cual producto, compartir resultados de ventas y establecer conjuntamente planes de acción. El apoyo gráfico en estas exposiciones complejas es fundamental. Power Point, Prezi o Keynote son aplicaciones cañón. Sin embargo, no me parece contradictorio reconocer tal vez estén haciendo mucho daño a las empresas.

Apoyarte en herramientas para estructurar de forma didáctica tu discurso es importante

Usar un programa de tipo Power Point es una buena manera de que tu mensaje entre también por los ojos. No hay duda de que, cuanto más te esfuerces en que tu exposición tenga buena pinta, más llegas a tu cliente, a tu director, a tus compañeros o a quien quiera que sea tu audiencia.

Cierto es también que tener que “pintar” eso que quieres transmitir, te ayuda a estructurarlo. Y así, teniendo que hacer un ppt cada vez que queremos elevar temas o compartir mensajes, nos esforzamos en pulir nuestro razonamiento. De modo que el ejercicio suele acabar en beneficio. A mis manos llegan presentaciones fabulosas, originales, estéticas y bien estructuradas, a las que no les sobra una coma.

Pero también me trago mucha presentación rollo, con mogollón de texto aliñado con un bullet al inicio de cada párrafo, con miles de gráficas que se parecen y con alguna que otra foto que, ni viene a cuento, ni tiene un mínimo de resolución. Eso sí, todas de muchas slides.

Generalizar es una injusticia, pero últimamente siento que hemos bajado el listón y que proliferan las presentaciones feas y cortapegadas que no sólo son un coñazo, sino que además sirven de apoyo a discursos infumables y soporíferos.

¿Se han convertido las ppts en el escudo perfecto para “dar gato por liebre”?

Este ejercicio cada vez más habitual de apoyar cualquier intervención en una presentación ¿es un modo de no tener que esforzarnos ni en interiorizar el discurso, ni en estructurar el contenido, ni en seleccionar la gráfica relevante, ni en destacar los tres mensajes clave?. Me pregunto si muchas veces no son la coartada perfecta para contar algo de lo que no estamos bien enterados o un simple “envoltorio” bonito para vender humo.

Power Point, y sus primos Keynote y Prezi, molan. Pero como todas las herramientas poderosas, un mal uso conlleva un gran peligro. Por ello, creo que permitir como autores o como audiencia que sean un salvoconducto para que todo bicho viviente pase el filtro y dé la talla, es mala cosa. O las trabajamos más y nos exigimos todos más calidad, o mejor las abandonamos.

A mí cada vez me cuesta más discernir entre la calidad de la presentación y la del presentador. Si yo fuera jefe o cliente, pediría al personal que me contara las cosas “a pelo” dejando el apoyo gráfico sólo cómo complemento: un flujo, un gráfico, unas fotografías, una tabla comparativa…

Porque creo que dejar de usar el Power Point para todo, sin atender ni un mínimo a su calidad, es una estupenda manera de

  • Esforzarnos en interiorizar lo que hacemos y dejar de cubrir el expediente recitando como loros y confiando en que la ppt “lo cuente” por nosotros.
  • Aprender a resumir y seleccionar la información, eligiendo entre todo lo que tenemos aquello que es relevante y que el oyente puede procesar.
  • Desmontar esa falsa ilusión de que como lo has pintado, ya lo has hecho, asumiendo que la ejecución es tanto o más importante que la idea. Y que cuesta lo suyo.
  • Obligarnos a enterarnos a fondo de los asuntos que nos toque representar, abandonando esa mala costumbre de hablar de asuntos de los que sólo tenemos una idea apresurada y una bonita presentación.
  • Dejar de dar la paliza al personal con discursos sin pies ni cabeza, plagados de información poco relevante y detalles insulsos elevados a la categoría de importantes.
  • Y de averiguar hasta qué punto la gente sabe de lo que habla o es un mero “retransmisor” de un mensaje que ni a él mismo llega.

Me encantan las buenas presentaciones. Esas a las que no sobra ni falta nada. Que entiendes y que te llegan. Pero desgraciadamente, ya sea en eventos, en cursos, en visitas comerciales o en reuniones de proyecto, se han convertido en rara avis. No es que me moleste pasarme el rato tratando de no bostezar, es que muchas veces no consigo enterarme de nada. Porque he desconectado…

Siento que el Power Point se ha convertido en una suerte de “uniforme” que nos iguala en la mediocridad y que por el camino nos ha hecho perder nuestra capacidad de redactar, de elaborar enfoques y contenidos originales. Y que incluso nos haya eximido de responsabilizarnos de llevar a cabo aquello que pintamos.

¿Quién no ha preparado un curso haciendo una faena de aliño sobre la ppt del año pasado? ¿Quién no ha tenido que dar la cara ante jefes o clientes con una escuálida presentación que le han pasado como único escudo? ¿Quién no se ha visto en el brete de no bostezar al desconectar porque ya ha leído el texto que le están recitando? ¿Quién aguanta cinco gráficas sin perderse?.

He aquí el motivo por el que le estoy cogiendo manía. Porque, el pobre, lo aguanta todo.

@vcnocito

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