Empezaré hoy reconociendo algo que, reconozco, me ha costado reconocer: las canas importan.

Porque improntan.

Y esa impronta, como todo en la vida, tiene su cara y su cruz.

La vida nos marca

Antes de seguir, me permito echar mano de uno de mis recursos favoritos, el diccionario de la Real Academia de la lengua. Que al definir el vocablo “impronta” dice a así.

  1. Reproducción de imágenes en hueco o de relieve, en cualquier materia blanda o dúctil, como papel humedecido, cera, lacre, escayola, etc. Sin.: grabado.
  2. Marca o huella que, en el orden moral, deja una cosa en otra. Sin.: marca, huella, señal, sello.
  3. Biol. Proceso de aprendizaje que tiene lugar en los animales jóvenes durante un corto período de receptividad, del que resulta una forma estereotipada de reacción frente a un modelo, que puede ser otro ser vivo o un juguete mecánico. Sin.: impresión, troquelado.

Obvio.

Lo vivido nos marca. Nos condiciona. Nos limita en cierta medida. Nos amplifica en otra.

Algunos lo llaman experiencia y la glorifican.

Otros, falta de energía/agilidad/capacidad para adaptarse a medios cambiantes.

Y ¿qué queréis que os diga?

Que de todo hay en la Viña del Señor.

Que hay muchos viejos (reivindiquemos la palabra para denominar a quienes pasan la cincuentena) que ya arrastran los pies. Que son legión quienes ya no tienen el cuerpo para nuevas jotas. Y que es fácil encontrar a quien no quiere o no puede subirse al carro de nuevas aventuras.

Pero que también hay otros tantos que, repletos de canas o incluso sin un solo pelo en la cabeza están en lo profesional más floridos que nunca. Que están más ágiles, activos y actualizados que nunca. Y también más innovadores, generosos y osados que nunca.

Lo sé de buena tinta.

Tengo la suerte de trabajar de cerca a un puñado de estos últimos.

Y de verdad es que, habiendo convivido con muchos en su brillante trabajo para la empresa, nunca los vi florecer (ni de lejos) al nivel al que les veo brillar hoy.  

La autonomía y la libertad para elegir proyecto y equipo es lo que tiene 😊

Así que no puedo dejar de preguntarme:

¿Cuáles son las causas reales de la discriminación laboral por edad?

¡Qué somos viejos!

Que no nos chupamos el dedo.

Dejémonos de mandangas y empecemos a llamar a las cosas por su nombre.

Que no digo yo que el llamado edadismo no sea una cuestión de canas, improntas y energías. Pero que esa no es la única de las cuestiones a tener en cuenta.

Esta semana he tenido el placer de asistir al VII Seminario Académico de Nueva Longevidad organizado por Fundación Mapfre y la Universidad Carlos III, donde la muy valiente Carmen Posadas se ha atrevido a señalar al elefante rosa que pululaba por la habitación.

La caída de salarios.

Lo caros que estamos siendo algunos canosos. Lo acostumbrados que estamos a un nivel salarial que el mercado ya no está dispuesto a mantener. Porque de derechos y conquistas laborales aún no se habla… pero intuyo que también estamos «mal acostumbrados»

Justo vagabundeando por LinkedIn en el bus de vuelta a casa, me han saltado dos publicaciones pidiendo gente en el sector tecnológico: para un profesional sin experiencia ofrecían 20.000 euros/año y para uno de tres años 28.000 euros/año….

Yo en pesetas, en el año 90 y en cuarto de carreta, ya cobraba lo primero con una beca. Hace 36 años por si te cuesta restar. Que subieron ipso facto a lo segundo el día que entregué en Recursos Humanos mi lista de notas finales.

Y ojo, que no digo yo que cuadrar las cuentas no deba ser la razón de ser de cualquier negocio.

No podemos tener en serio el debate del edadismo sin sacar el tema de las cuentas

Como bien me recuerda siempre mi amigo Ángel, nada sucede nunca por una única razón, y mucho menos los fenómenos de carácter social. Y que por ello, no hay que obsesionarse con buscar ni la razón ni la verdad. Que basta con identificar la intención principal con la que se hacen las cosas.

Pues eso.

Si vamos a tener el debate, pongamos todas las cartas encima de la mesa.

Sin la reina de picas, la partida ni se entiende ni se sostiene.

Y, por descontado, no se puede ganar.

@vcnocito