Cuentan quienes le conocieron que Julio Nocito Abad era todo un caballero. Generoso hasta la médula, atento y correcto siempre, elegante por los cuatro costados.

Julio era mi abuelo.

De su generosidad doy fe (a su muerte no me llegó nada de su más que notable patrimonio, aunque nos lo dio todo cuanto estuvo en su mano en vida). De su natural elegancia, también.

De mi abuelo me llegaron dos consejos que han marcado mi vida profesional:

“Vístete como quieres que te traten”.

Y no trates nunca de vestirte para ganar”

Me viene el segundo de ellos hoy a la mente en relación con algo que me ha pasado esta semana y que, me temo, nos va a pasar cada día más.

Y es que te lleguen ideas o textos, remitidas por alguien que las hace pasar como propias y originales… y que la IA ya te ha dado antes a ti.

¡Qué putada!

Para el otro, digo 😊

Trató de quedar por encima de ti y le salió la nuez cucona.

Algo que no te pasa si haces caso de mi elegante abuelo y nunca tratas de vestirte para ganar.

Es muy feo no citar tus fuentes

Si ninguno de los miles de argumentos sobre delegación/rendición cognitiva te había tocado antes la fibra sensible, haciendo que te alejaras del abismo, voy a darte el argumento definitivo: no hay nada que pueda dejarte más a los pies de los caballos que entregar como propio material que es de terceros.

Recuerdo ahora cómo cayó, transmutándose en burla, mi rendida admiración por un personaje público del ramo de la digitalización al descubrir en su charla cómo había “estrapolado”, algunas lecciones de liderazgo “leyendo sobre la historia de la conquista del Polo Sur en sus largas noches de insomnio».

Mala suerte amigo, que yo tuviera justo en mi mesilla el libro Lecciones de liderazgo: las 10 estrategias de Shackleton en su gran expedición antártica de Dennis N. T. Perkins.

Quedaste a la altura del betún.

¡Con lo fácil que hubiera sido decir: estoy leyendo un libro que me ha inspirado tanto que os quiero compartir algunas de sus ideas!

Quedas de agradecido, generoso y encima, de bien leído.

Elegancia por los cuatro costados.

Nunca entenderé esta manía que tienen algunos de hacer pasar por propio el pensamiento ajeno…

Llevo casi 15 años ya escribiendo para terceros. Compartiendo lo que leo, lo que vivo y lo que aprendo. Y lo primero que aprendí de mis queridas Mercedes y Alicia, editoras del blog corporativo de Telefónica fue a citar (y si era posible, enlazar) mis fuentes.

Mismas preguntas, mismas respuestas

Y si por concepto, me parece cutre que no des su sitio, agradeciendo públicamente, a quien te inspiró, que lo hagas cuando te van a pillar a las primeras de cambio ya me parece, no de que te falte un hervor, sino de que te retiraron del fuego completamente crudo.

Si eres de los que están en esa vibra, déjame que te diga dos cosillas alto y claro:

Una. Todo el mundo sabe ya preguntar bastante acertadamente a ChatGPT.

    Dos: A todos nos entrega por igual esas frases inspiradoras que convierten respuestas normales en otras que parecen haber leído a Foucault en el tren. Es muy democrática la chica.

    Y sí, casi todos usamos (a diario y mucho) ChatGPT.

    No solo  nos resume o nos traduce.

    Nos inspira.

    No nos molestamos en negarlo. Mira, justo hoy yo le he pedido la foto que ilustra este post. Y confieso que el simil de Armani y chándal va también ideado a medidas, aunque ella tiraba más hacia abrigo de cashmeere y pijama.

    Pero no todos somos tan lerdos para cortar y pegar sin despeinarnos. Sintiéndonos encima encantados de habernos conocido.

    No son pocas las veces que la IA te viste tan bien la respuesta que vas por la vida como quien se ha puesto una chaqueta de Armani encima de su chándal. Crecido cuando tu duda normalita, bastante de andar por casa, te vuelve envuelta en elevadas teorías, autores impronunciables y conceptos que suenan a seminario de posgrado de pago en una universidad suiza.

    Y claro, durante un rato te sientes más listo, más profundo, más digno de ser citado en una mesa redonda. Hasta que alguien te pregunta qué querías decir exactamente con eso de «la mirada holística sobre la productividad interdepartamental según recomienda Gary Hamel” y descubres que debajo de esa chaqueta que viste un huevo, seguías estando tú, en chándal.

    El problema no es lo que haces, sino cómo te hace sentir lo que haces

    Que sepas que los demás nos damos cuenta. Que no podemos evitar sonreír al verte hacer el ridículo. Que, a veces, nos cuesta la vida resistir a la tentación de ponerte a prueba y dejarte en calzoncillos.

    Pero que el verdadero problema lo tienes tú, creyéndote algo que no eres. Y apalancando tu valor en algo que, no solo no es tuyo, sino que está al alcance de cualquiera.

    Cuidado, que tanto va el cántaro a la fuente, que al final (cada vez menos al final) se rompe.

    Y los trozos, cortan.

    @vcnocito