Hace pocos días hablaba con una amiga que está pasando por una mala racha en el trabajo. En la última reestructuración en su departamento les han cambiado los jefes, y por lo que cuenta, el grado de incompetencia de los nuevos fichajes es de grado superior. En cuestión de poco tiempo han conseguido que el equipo de trabajo, un equipo con experiencia y hasta el momento muy comprometido, haya caído en la más absoluta de las desmotivaciones.

La situación es muy compleja y no tiene visos de resolverse en el corto plazo, porque además las cifras de negocio van viento en popa. Una vez superada la crisis económica, el negocio levanta por simple impulso del entorno, y por tanto esos nuevos jefes no tienen que parecer malos a ojos de los niveles superiores: la borrachera que produce un ligero crecimiento tras años de sequía ni siquiera les hace pararse a analizar si el crecimimiento es menor o mayor que el del mercado.

Y lo sorprendente de la conversación fue la postura de quien me lo contaba, y cómo había decidido encarar una situación tan desalentadora: no sólo había decidido no caer en el minimalismo y la desidia de un trabajo mediocre, que nadie le exige más, sino que la política que había decidido poner en marcha es la de dar lo mejor de sí misma:

Lo importante es ser capaz de marcarse los objetivos uno mismo.

Cuando me lo contaba me sonaba a aquello de la “huelga a la japonesa”; ese sinsentido de producir por exceso que no entendemos los occidentales; pero es que según me lo explicaba es la única posibilidad de sacar partido de la situación. Ejemplifico con unos cuantos de sus razonamientos:

  • Que me piden un análisis de datos que no lleva a ninguna parte – No pasa nada; respiro y me marco los objetivos de esa tarea yo sola. Ya sé que no puedo cuestionarlo ni intentar razonar que no tiene sentido, porque mis interlocutores no están dispuestos a escucharme y no toleran la argumentación.Y de otro lado, sé que podría entregar una basura de medio pelo y que ya habría cubierto el expediente; pero a la vez, eso no me aportaría ningún beneficio personal, y por ello desecho esa posibilidad. Me centro, y trato de entregarlo con la mejor de las calidades que sea posible, aunque no crea en ello. Sé que no voy a aprender de estrategia, pero puedo sacar un buen aprendizaje del manejo de herramientas. Si el análisis podría hacerse con una simple hoja de cálculo, yo voy a entregarlo enriquecido con tablas dinámicas y lo presentaré a modo infografía, que está muy de moda y nunca he utilizado esas herramientas.
  • Que me piden una comparativa con la competencia, cuando ese trabajo lo realizan otras áreas de la casa, y por ende la que yo ejecute nunca va a tener un cariz oficial – No pasa nada; es el mejor momento para repasar aquello que aprendí en un curso sobre estudios de mercado hace mil años y ponerlo en práctica. Hago mi comparativa, desde todos los puntos de vista posibles, y además la presento con el mejor de los  power point, en el que me habré molestado en crear una plantilla y patrón de diapositivas, que ya no me acuerdo cómo se hacía.

Y así con todo… Lo importante es ser capaz de marcarse los objetivos uno mismo y sacarle partido a eso. Porque yo no estoy por la labor de convertirme en uno de ellos. He sido y soy una gran profesional, y eso lo llevo por bandera; es parte de mi marca personal. Me podrán tachar de otras cosas, pero no de vaga ni de incompetente para aquello que se me pida. Me niego a “pasarme al lado oscuro”.

Y entre tanto, ¡¡a buscar un cambio!!

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