Solemos centrar nuestros esfuerzos en conseguir. Conseguir un mejor empleo, conseguir dejar de fumar, conseguir adelgazar o aprender inglés… Haces una tímida búsqueda en internet y encuentras decenas de post y libros con consejos animándonos a “salir de nuestra zona de confort” para lograr aquello que deseamos. Sin ir más lejos, en este blog llevamos unas semanas compartiendo reflexiones sobre cómo conseguir tus propósitos. ¡Todos lanzados como motos al estrellato del sumar!

Por eso, la reflexión con la que Alfonso Alcántara, conferenciante y motivador de empresa, al que sigo casi con idolatría, cerraba el año y que he seleccionado como título de este post, me da tanto que pensar. Gracias desde aquí Alfonso porque hace mucho tiempo que una frase no me da para tanto…

¿Cómo de importante es dejar de hacer?

La primera en la frente. Porque, si asumimos que nuestras capacidades, nos guste o no, son finitas… ¿Cómo podríamos sumar eternamente sin pensar en lo que hemos de restar para dejar espacio a lo nuevo?

“No consigo sacar algo de tiempo para nada” es una de las frases que más me escucho decir. Pero tampoco me pongo libreta en mano a marcar negro sobre blanco qué voy a rechazar. Así que ya resulta imprescindible decidir qué merece y qué no merece la pena hacer. Y hacerlo de una vez por todas, borrándolo para siempre, o al menos para una larga temporada, de la lista de pendientes. Sin darle más vueltas y sin que te ocupa ni un minuto más de tu energía.

Al menos a mí, me desgasta tanto ese “tendría que…” que me voy a tomar más en serio ese metodología de Marc Andreessen, cofundador de Netscape, uno de los primeros navegadores web con interfaz gráfica, que son las listas anti To-Do. El método propone hacer más hincapié en tus logros, eliminando esas listas de pendientes que nunca se completan del todo. La idea es sustituirla por otra que recoge tus avances y te ofrece una visión global de tus logros diarios, permitiendo que midas tu progreso y puedas ver a posteriori cuánto te ha costado y con qué dificultades a las que te has enfrentado. Interesante aproximación, ¿no os parece?

¿Qué impacto tiene en tu felicidad y en tu vida dejar de necesitar?

La segunda reflexión tiene que ver con el desapego, un concepto que nos llega del budismo. Dicen que hay monjes que pasan años elaborando meticulosas obras con arenillas de colores que soplan, eliminando por completo, una vez terminadas. Parece que buscan aprender y experimentar en sus propias carnes ese concepto de que todo es efímero y que nada es permanente.

No soy capaz de ponerme tan trascendente, pero es cierto que cuanto más tenemos, más necesitamos. Y no me refiero sólo a necesitar más cosas. Me doy cuenta de que al ir sumando, comenzamos en paralelo a desarrollar la necesitar proteger lo que hemos conseguido, para asegurarnos de que perdura. Y puede que ahí comience la gran trampa. El miedo a perder lo adquirido.

Si reflexiono con honestidad sobre mis agobios y ansiedades, incluso sobre las fuentes de mi estrés, resulta que hay mucho de angustia de no cumplir tus propias expectativas. Está bien estimularse y retarse a crecer pero, ¿no estamos en una ridícula carrera de probarnos a obtener conseguir y obtener reconocimiento social por ello?

Por eso, me parece importante aprender a reconocer qué motiva mi tendencia a aferrarme. Y cuánto de lastre me supone. Porque muchas veces solo soltando amarras puedes moverte hacia adelante. La vida es un recorrido donde seguro que no necesitas tanto.

¿Qué ganamos dejando fluir?

Por descontado, no necesitamos ni tantas cosas ni mucho más dinero, pero tampoco necesitamos tener siempre la aprobación de los demás. Del mismo modo que aprendemos a ser felices sin una vida perfecta, sin un trabajo perfecto y sin una familia perfecta, no necesitamos ni tenerlo todo controlado, ni tener siempre la razón. Bien al contrario, seguro que es sano y liberador admitir que otras personas tienen tanta capacidad como tú para llevar a buen puerto las tareas, aun cuando elijan para hacerlo un modelo totalmente diferente al que tú hubieras planteado. Asumirlo no sólo es sano y liberador, encima abre puertas a aprender cosas nuevas.

Me propongo entonces no olvidar que muchas veces la mejor manera de actuar es dar un paso atrás y dejar que las cosas fluyan. Si eres como yo de naturaleza activa, cuesta. Pero ayuda darse cuenta del precio que pagas por poner demasiado foco en las cosas que están fuera de tu control.

No puedo ni podré comulgar jamás con esa máxima budista de que “la ambición más sabia de todas es desear no aferrarse a nada” pero quiero asumir como deber vital un poco más de relax, de dejar que las cosas pasen de forma natural. Y un plus de aceptación de lo desconocido, buscando disfrutar de la sorpresa.

Os contaré cómo me va.

@vcnocito

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