Quien no se ha pillado alguna vez un gran enfado en el trabajo, ¿verdad? Me estoy refiriendo a que te lleven los demonios, de esas veces que estrangularías con tus propias manos desnudas al de al lado, ya sea tu jefe, tu compañero, ese cliente maleducado que te culpa de sus propios errores o al proveedor que no cumplió su compromiso y te hizo quedar mal. Enfadarse mucho y sufrir un gran ataque de ira no es que sea lo habitual en el día a día de tu trabajo (eso espero al menos), pero seguro que lo has vivido de una forma u otra más de una y más de dos veces.

Y es que en el trabajo vivimos situaciones de mucha tensión: constante competencia tanto dentro como fuera de la empresa, afán de perfeccionamiento excesivo, plazos cada vez más cortos para terminar los proyectos, clientes más y más exigentes, etc. Y toda esa tensión finalmente afecta a nuestro estado emocional y acabamos explotando. Sin embargo, tienes que saber que si eres propenso a sufrir esos ataques de ira en el trabajo, estás truncando tu carrera laboral. El saber autocontrolarse es fundamental para tender puentes con otros equipos de trabajo (no te digo nada dentro de tu propio equipo) y conseguir que las relaciones sean buenas y el clima laboral sea óptimo, lo que acaba siendo la base principal para mejorar la productividad. Además, la gente que tiende a la ira en el trabajo se está incapacitando para varios tipos de ocupaciones, como por ejemplo todas aquellas que impliquen relacionarse directamente con clientes y tener que llevar con mano izquierda sus “caprichos”.

Yo personalmente cada vez tolero menos a esa gente que acaba dando gritos en una reunión de trabajo. Como decía mi compañera Elena, las formas son tan importantes o más que el fondo. Una persona que pierde los papeles pierde para mí toda la razón que pueda tener. Es más, una persona que se enfada fácilmente la veo como una persona débil, tirando a inepta, que carece de la habilidad y los conocimientos apropiados para resolver un conflicto y que por tanto acaba recurriendo a los gritos ante la ausencia de otro argumento mejor. Todos nos equivocamos, y todos necesitamos que alguna vez nos corrijan o nos hagan entrar en razón. Pero precisamente por eso, no tolero que otro que seguro que se equivoca tanto o más que yo quiera llevar la razón en una discusión a base de gritos. No.

Además, la ira es el mayor consumidor de energía que hay en el trabajo porque provoca que nos obsesionemos con situaciones que según nosotros son “injustas” y que dediquemos un enorme esfuerzo a cosas como vengarnos de ese compañero que nos fastidió, tratando con todas las fuerzas de destruir su trabajo. Si lo miras fríamente, verás que es una pérdida de tiempo y esfuerzo que no conduce a nada. Las discusiones a voz en grito rara vez solucionan un problema. Se trata de ser constructivo y ponerse en el lugar del otro para entender su punto de vista y tratar de buscar una solución satisfactoria para todos. Actuando así ahorraremos seguro energía a largo plazo.

Entonces, ¿cómo controlar la ira en la oficina? Seguro que alguna vez nuestra madre nos dijo alguna frase similar a “no te pelees con los demás, cuenta hasta 5 antes de contestar”.  Y es verdad.  La mayoría de las personas que sufren la ira suelen ser gente ansiosa, que no se toman el tiempo necesario para pensar dos veces antes de actuar. Es una buena costumbre contar literalmente hasta tres o hasta cinco antes de contestar a alguien que te está sacando de tus casillas. Tampoco es bueno disimular esa ira que nos invade. Al final es peor porque acabamos explotando en el momento más inesperado e inoportuno. Se trata de aprender a expresar la ira de una manera “sana”, explicando claramente qué es lo que no te gusta y argumentándolo con detalle, pero sin perder las formas. Y por último, viene bien acordarse de aquella vez que metimos la pata precisamente por habernos dejado llevar por el monumental cabreo que teníamos encima, y recordar todo lo que nos costó después reconducir la situación.

Actuar bajo los efectos de la ira no es nada recomendable, porque a la larga los perjudicados seremos nosotros. Es mucho mejor mantener la cabeza fría y recurrir a argumentos y no a gritos para explicar qué es lo que no nos gusta de una determinada situación. Seamos conscientes de que pecar de ira solo nos llevará a estancarnos en el ámbito profesional.

 

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