Esa frase tan hecha de “nadie es imprescindible” es la que muchas veces utilizamos tras una jubilación, o tras un despido, sí. Y de hecho creo que es una máxima que todos debemos tener presente cuando trabajamos en una empresa. Especialmente si trabajamos en una empresa grande: NADIE ES IMPRESCINDIBLE.

Y cuando digo que todos debemos tenerlo presente, lo digo en positivo. Para mí esa frase no significa que deba vivir con miedo de que me despidan en cualquier momento de la empresa; significa que lo que debo es ser una persona valiosa. Y en ese caso, en condiciones normales, permaneceré allí, o podré recolocarme en otro lado…. porque realmente imprescindible no hay nadie, efectivamente.

Se trata de un tema de actitud; todas las empresas deben contar con un elenco de personas valiosas. Valiosísimas, diría yo; esos especialistas que saben utilizar intrincados sistemas informáticos, o las que a lo lardo de los años han desarrollado una red de contactos que son capaces de mover hilos por debajo de la mesa con otros departamentos. Esos visionarios que siempre van un paso por delante con sus ideas, o aquellos que son hormiguitas y que siempre tienen hecho trabajo de fondo de armario que puede salvar una reunión de urgencia en unos minutos. Sí, valiosos todos ellos por sus conocimientos, pero sobre todo por su actitud, que ha de ser de colaboración y de servicio a la empresa en todo momento.

Los que se creen imprescindibles, no tienen espíritu de empresa

Porque normalmente los que se creen imprescindibles juegan en el equipo contrario. Juegan en el equipo del ocultismo; en el de poner zancadillas y en el de tratar de brillar exclusivamente a costa de cerrarle las puertas a otro… y eso no vale en las empresas. De hecho, si trabajamos con espíritu de empresa, con espíritu de equipo al fin y al cabo, todos debemos tener presente nuestra importancia y ser responsables y coherentes con ella. Tanto nosotros como nuestros jefes deberíamos ocuparnos de transferir y compartir conocimiento, de modo que nuestra falta no produzca daños irresolubles en ningún proyecto. No se puede consentir que una baja por maternidad, o porque alguien se haya roto una pierna suponga problemas en la empresa. No se puede consentir que una persona no transfiera su conocimiento para que otro compañero pueda asumir sus tareas cuando no está. ¿Qué modo de trabajar es ese?

Es una irresponsabilidad desde todo punto de vista. Y bien está que algunos como individuos sean irresponsables y funcionen de ese modo, ocultando información y conocimiento a sus compañeros. Pero si los jefes y mandos de la empresa tienen dos dedos de frente, ese tipo de actitudes no se deberían consentir. No puede ser que se deleguen tareas de tal manera que no haya modo humano de controlarlas ni de suplir la falta de una persona en un momento dado. Mala gestión la del jefe que consienta que eso ocurra en su terreno. Y no me refiero con eso a que los jefes tengan que ser unos metomentodo que no dejen de interferir en el trabajo de su equipo o que no dejen mover un dedo a nadie sin su visto bueno, no. Basta si quieren gestionar correctamente que analicen las tareas críticas que ejecuta su gente y las tengan controladas, asentadas y documentadas como para que no se monte una crisis por una baja laboral. Cuestión de sentido común, y facilísimo a día de hoy con la digitalización y las herramientas de trabajo colaborativo que se usan en una empresa cualquiera.

Y mirado desde el punto de vista personal, creo que si somos honrados y profesionales, todos deberíamos tener listo el kit para poder desaparecer en cualquier momento con la cabeza bien alta: nuestros proyectos documentados, y un listado de procesos y contactos para que nuestras tareas no se queden desatendidas en ningún momento. Las tareas son las imprescindibles, y no las personas que las ejecutan. Si eres una persona valiosa, ese es el tipo de tareas que tendrás entre manos.

 

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