Se dice que todo grupo humano necesita un líder, alguien que tire del carro, que dé ejemplo de comportamiento y que tome las decisiones complicadas. En el trabajo la importancia de un líder es aun mayor porque el entorno es muy cambiante y continuamente hay que adaptarse a él y tomar decisiones, que quizá son menores, pero decisiones al fin y al cabo. En el trabajo se espera que ese líder sea el jefe, el responsable del grupo. Se supone que debe ser el encargado de marcar el camino a seguir. Y por ello las empresas deben seleccionar para los puestos de responsabilidad a las personas que tengan las habilidades necesarias para ser un líder y no a aquellos que tengan un buen desempeño técnico, porque si carecen de lo primero, acabarán siendo con toda seguridad malos jefes.

Sin embargo, en los grupos de trabajo también existe el líder silencioso, esa persona que no hace ruido, que no tiene ningún cargo relevante, que pasa por lo general bastante desapercibida, pero a quien todos escuchan cuando habla. Y no solo lo escuchan, sino que le acaban haciendo caso. Es decir, es una persona que influye en quien le rodea, y por consiguiente, es capaz de cambiar la forma en la que se hacen las cosas, pero desde el “anonimato”.

Esta capacidad de influencia puede venir dada por muchos motivos. Porque es la persona que más tiempo lleva en la empresa y por tanto conoce el detalle todos los entresijos de la misma, porque es un experto en su trabajo y sabe absolutamente todo sobre algún tema, porque es quien mejor conoce las particularidades del mercado y de los clientes, o porque demuestra tener una capacidad de análisis y un sentido común precisamente poco común. La cuestión es que sea por lo que sea, es una persona que tiene ascendencia sobre los demás y por tanto, es un perfil muy valioso para las empresas porque pueden ser los instrumentos del cambio, los “influencers” laborales. Las organizaciones se empeñan en lanzar mensajes corporativos sobre la importancia del cambio o de adoptar una nueva cultura cuando en realidad sería mucho más efectivo identificar a estos líderes silenciosos, cuidarlos y ganarlos para la causa. Convenciéndoles a ellos, darán ejemplo y tirarán de los demás.

¿Cómo identificarlos? No es sencillo. Personalmente no creo mucho en iniciativas del estilo “reconoce públicamente al mejor compañero”. Mucha gente directamente no participa en esas cosas y si lo hace es para quedar bien con su amigo, no con el mejor compañero. Creo que uno de estos “líderes silenciosos” se hace notar por sí solo dentro del grupo. Puede ser desde ese administrativo que hace bien su trabajo y que siempre está alegre y por tanto contagia buen ambiente donde va hasta un director que con su buena gestión ha sido capaz de convencer sin parafernalias a todos los empleados de que hay que seguir por el camino que él marca. Estos líderes silenciosos se hacen notar y punto.

¿Y cómo retenerlos? No se trata de darles un cargo de responsabilidad en la empresa porque normalmente este perfil prefiere pasar desapercibido (de ahí el apellido “silencioso”). Es más, creo que sería un error porque cuando están bajo los focos de la atención del resto de la empresa pueden llegar a aturullarse y a confundirse por un exceso de presión. Lo que se debería hacer con estos líderes silenciosos es conseguir que se sientan cómodos y simplemente dejarles hacer su trabajo tranquilamente. Seguro que todos hemos visto o vivido situaciones en las que la empresa “te toca las narices”, muchas veces por la injusticia que supone tratar a todos por igual cuando en realidad en la empresa no todos somos iguales. Medir a esta gente que es excepcional por el mismo rasero con el que se mide a otro empleado que simplemente cumple con su trabajo sin más puede ser el motivo principal por el que ese líder silencioso acabe desmotivándose y marchándose de la empresa.

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