Hagamos un pequeño ejercicio de reflexión: después de haber estado varios (o muchos) años  en el mundo laboral, cada uno con su profesión, parémonos a analizar qué hemos aprendido todo este tiempo, en qué hemos mejorado respecto a nuestros inicios laborales, qué competencias nuevas hemos adquirido… es decir, cual sería nuestra “propuesta de valor” como profesionales. O planteado de otra forma, pensemos un momento sobre cual es el valor de nuestra experiencia laboral y cuanto valen en el mercado laboral nuestra formación y todos los años que hemos estado currando en la oficina.

Seguro que después de esa reflexión nos salen muchas conclusiones: Hemos hecho cursos de lo más variado, puede que ahora nos dediquemos a algo totalmente distinto a lo que hacíamos nada más entrar en la empresa porque hemos sido capaces de obtener nuevas competencias que nos han permitido reciclarnos, o quizá hemos mejorado en un idioma. Pero estoy seguro que a todos nos salen frases como “tengo más experiencia”, “ya no soy un pardillo como al principio”, “tengo muchas más tablas”, ¿a que sí?Y sin embargo, muchas empresas tienden a prescindir de los profesionales “mayores”, entendiendo por mayores a quienes han cumplido en torno a 50 años, no más, para sustituirlos por personas más jóvenes. Lo normal es que ese joven entre en la empresa con un sueldo bastante inferior al del mayor, habitualmente el joven tendrá una mejor formación en nuevas tecnologías, posiblemente también en idiomas y puede que también en algunos aspectos técnicos del trabajo. Entonces, igual es una decisión acertada cambiar al profesional mayor por el joven, ¿no? Porque ¿cuál es el valor real de nuestra “experiencia laboral”?

Yo defiendo el valor de la experiencia que has adquirido después de, digamos, 20 años trabajando. Son experiencias que no se miden en títulos académicos y que es complicado demostrar en un examen. Son intangibles, como saber lidiar con un cliente cabreado porque has tratado a muchos en tu carrera, entender qué cosas se pueden decir en una reunión y cuáles es mejor callar, saber que cuando haces “A”, lo que pasa a continuación casi seguro es “B” y no “W”, porque es lo que ha sucedido en tantas otras ocasiones anteriores… Todos esos conocimientos son impagables. Se han obtenido después de haberse equivocado muchas veces durante muchos años y haber sido capaces de aprender de esos errores, y no pueden adquirirse en ninguna escuela de negocios.

Ojo, que eso tampoco significa que “los maduritos” podamos vivir de las rentas indefinidamente y convertirnos así en una especie de maestro Yoda en la oficina al que se recurre solamente para impartir cátedra. En el mundo cambiante en el que vivimos, hay que reciclarse y formarse continuamente. Y hay que estar siempre preparado para los cambios que, sin duda, van a ocurrir con frecuencia en nuestro entorno laboral. Es un error habitual entre los mayores el posicionarse como el gurú en un determinado tema, pero no salir de ahí, en plan “ya soy el que más sabe de esto, entonces no necesito más”. Y pasa que llega el día en el que eso en lo que eres experto deja de ser de utilidad para la empresa, e inmediatamente tú dejas de ser de utilidad para la empresa.

Aunque por otra parte, los jóvenes se quejan, con razón, de que tienen muchos problemas para encontrar un trabajo, sobre todo un primer trabajo, porque carecen de experiencia. Parece entonces que solo es posible trabajar cuando tienes entre 30 y 40 años, ¿no? En mi opinión, el secreto está, como dice el viejo himno de mi equipo de fútbol, en mezclar “veteranos y noveles” que aporten el equilibrio necesario para responder correctamente tanto cuando se necesita una dosis extra de entusiasmo como cuando es mejor hacer valer la experiencia. Los jóvenes se supone que aportan frescura, falta de vicios adquiridos y ganas de aprender. Los mayores han ido acumulando más conocimientos y tienen más tablas para lidiar con situaciones complicadas. No son perfiles excluyentes, al contrario, son complementarios. Eso sí, los mayores debemos empezar por saber reciclarnos y adaptarnos a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías y a las nuevas maneras de hacer las cosas que se imponen en todas las empresas. Ese es el primer paso para después, poder demostrar lo mucho que vale nuestra experiencia en el trabajo

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