Los tiempos cambian que es una barbaridad” decía Don Hilarión en la zarzuela de “La Verbena de la Paloma”. La obra se estrenó en 1894, y si entonces al entrañable don Hilarión le parecía que el mundo cambiaba muy deprisa, no sé qué hubiera dicho si hubiera vivido en 2018 donde hay productos que en solo 25 años pasan de ser un prototipo de laboratorio, a luego consumirse masivamente en todo el mundo y finalmente desaparecer sustituidos por otro ingenio tecnológico de prestaciones superiores. Con este panorama, tu experiencia laboral y tus conocimientos quedan obsoletos rápidamente y las empresas en la actualidad tienden a considerar mayor, por no decir directamente “viejuno”, a una persona de 50 años por el mero hecho de tener 50 años. Se cumple aquello de que es preferible cambiar a uno de 50 por dos de 25…

Yo me pregunto si eso es un error o no. Por una parte, reconozco que para nosotros los de la generación “baby boomer” hay cosas de la actual sociedad que nos resultan difíciles de entender. No me refiero a como funciona un determinado dispositivo, que eso siempre se puede aprender, sino a ciertas conductas de los más jóvenes. Por ejemplo, en mi caso, no acabo de tener explicación para la obsesión que tienen las nuevas generaciones por fotografiar su vida continuamente incluyendo el fotografiarse ellos mismos y luego compartir todo eso en redes sociales. Y más extraño aun, pasar horas viendo fotos y videos de la vida cotidiana de desconocidos en esas redes sociales. No le hemos “mamado” y por tanto es complicado ponerse en la mente de un joven de 2018, que no olvidemos que está destinado a ser durante los próximos 40 años el cliente de la empresa en la que trabajamos.

Sin embargo, también es evidente que en un mundo de obsolescencias programadas como el actual, hay muchos prejuicios que llevan a considerar a una persona de 45 ó 50 años como viejo, sin ni siquiera entrar a valorar la importancia o no de eso que solo los años pueden dar: la experiencia. No se trata solo de lo que se ha vivido, sino especialmente de lo que se ha aprendido en todos esos años repletos de situaciones difíciles que se han sabido sortear y de momentos exitosos de los que se han obtenido valiosas lecciones. Si alguien hubiera decidido que al cumplir los 50 años los Rolling Stones eran demasiado mayores como para poder volver a subirse a un escenario, ¿cuántos millones de discos se hubieran dejada de vender en los más de 20 años que han transcurrido desde que ellos tenían 50 hasta hoy?

Mientras que en las civilizaciones antiguas se recurría a los “ancianos” como referentes a la hora de resolver crisis importantes, ahora con frecuencia se menosprecia los conocimientos y valía de las personas mayores y no tan mayores. Por otra parte, está claro que después de muchos años de trabajo, todos estemos deseando alcanzar el merecido descanso de la jubilación. Pero eso conlleva generalmente que también se jubila con nosotros toda la experiencia acumulada. Pienso por tanto que las empresas deberían tener un plan para no perder toda esa experiencia de las personas que han trabajado en ella muchos años de su vida. Podría ser algún tipo de couching o similar unas cuantas horas a la semana para los jóvenes que se hayan incorporado más recientemente, o colaboraciones puntuales con la empresa en plan freelance aunque ya haya terminado la relación contractual. Ideas a explorar.

Aunque el quid de la cuestión para mí es cambiar la mentalidad de que las personas dejan de ser útiles a la empresa cuando llegan a una cierta edad. Es lógico que en muchos casos haya detrás una cuestión económica ya que normalmente a la empresa le saldrá más barato contratar a un joven antes que a alguien más mayor, pero eso es debido precisamente a que la experiencia ha tenido un coste de adquisición y por tanto debe tener un precio. Como en tantos ámbitos de la vida, lo importante es el equilibrio: saber mezclar bien en un equipo la frescura y la capacidad de adaptación a todo lo nuevo característico de la juventud con la templanza en la toma de decisiones que da la experiencia. Si solo nos quedamos con uno de los dos extremos, nos estaremos equivocando.

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