El personaje del jefe me recuerda a las suegras o a los cuñados de los chistes. Si hablas mal de tu jefe o bromeas sobre qué acontecimientos, buenos o malos, podrían dejarle en casa unos mesecitos, todo el mundo se sonríe y enseguida aporta su contribución recordando aquel jefe tan tirano, inútil o antipático que tuvo una vez. De hecho, es bastante guay montar un discurso diciendo que hay demasiados jefes y presumir de conocer lo bien que le va a empresas como la norteamericana Zappos, la tienda online de ropa y calzado que hace unos años decidió apostar por una estructura sin cargos ni jerarquías, donde ningún empleado tiene como misión decirle a otro lo que tiene que hacer, sino que todo se basa en estimular la iniciativa individual y el control sobre el propio trabajo. Y para terminar el discurso, dices un “habría que quitar a todos los jefes y nos iría mejor”, y siempre quedas bien, ¿verdad?

Muchas empresas intentan eliminar jerarquías y hacer estructuras de mando más planas. Sin embargo, hay estudios que aseguran que el número de mandos intermedios se ha duplicado en los últimos años. Es decir, quizá no aumente el número de grandes directores o consejeros, pero parece que el número de coordinadores, supervisores o responsables (en una palabra, de jefes) sí que ha aumentado. Una explicación para este fenómeno es el hecho de que muchas empresas promocionan a puestos de gestión a empleados senior que llevan muchos años haciendo un muy buen trabajo… técnico, no de gestión de recursos o de personas.

De hecho, hay un artículo publicado en la ‘Harvard Business Review‘ que hace unas cuentas sencillas: dicen que en Estados Unidos hay 4,7 trabajadores por cada mando intermedio, mientras que los autores del artículo estiman que un ratio ideal sería de 10 trabajadores por cada mando. Eso lleva a la conclusión de que en Estados Unidos hay 12,5 millones de personas que en lugar de supervisar el trabajo de otros ralentizando e introduciendo burocracia en los procesos, podrían estar haciendo otra cosa más productiva.

Personalmente, no creo mucho en modelos “asamblearios” donde todo se decide entre todos y nos ponemos de acuerdo en un momento simplemente hablando en paz y armonía. Me encanta debatir, me encanta opinar (hasta a veces de lo que no tengo mucha idea, lo reconozco) pero tras esos debates es necesario que haya alguien que tome ciertas decisiones y tenga claros los objetivos del grupo para luego organizar el trabajo de todos, coordinar los esfuerzos y bajar los objetivos del grupo a objetivos individuales de cada persona. También es necesario un embajador que sea el que sepa vender el trabajo de ese grupo a quien corresponda en la empresa. Creo que en los grupos de trabajo pequeños el jefe al final debe contribuir como uno más a la hora del trabajo diario, pero además tiene ciertas tareas específicas del jefe que son importantes.

Quizá sea porque a lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de tener casi siempre muy buenos jefes directos, pero no estoy de acuerdo con una afirmación general del estilo “en las empresas hay demasiados jefes”. Lo que sobran son malos jefes, que por lo general son personas que han desempeñado muy bien un trabajo técnico a lo largo del tiempo y como premio a ello reciben una promoción a un puesto de gestión para el que carecen de capacidad. Y ojo, también hay malos empleados, de esos que van por la oficina diciendo “yo soy un mandao, y no muevo un dedo a menos que me obligue la ley”. Si se quiere de verdad reducir estructura en las empresas para ser más ágil y eficiente tiene que haber un punto de equilibrio. Aquellos acostumbrados a obedecer órdenes deben dar un paso adelante y tomar iniciativas por sí mismos, mientras que aquellos acostumbrados a mandar tienen que dar un paso atrás y darse cuenta de que la mayoría de sus empleados saben hacer perfectamente su trabajo y son suficientemente autónomos como para trabajar sin supervisión. La experiencia es la que nos llevará a ese punto de equilibrio: por parte de los empleados, porque sabrán actuar por sí solos en cualquier situación, y por parte de los jefes, porque vencerán sus inseguridades, porque tengo claro que los jefes más autoritarios son aquellos que llevan poco tiempo en el cargo y que tratan de superar sus inseguridades con autoritarismo. Otro valor positivo más que aporta nuestra experiencia laboral

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