¿Te levantas dispuesto a comerte el mundo o ganan aquellos días en los que pones pie a tierra pensando en que no puedes con la vida? Si ese cansancio vital no es producto del insomnio sino de lo que sabes que “viene a continuación”, tal vez te animes a reflexionar conmigo sobre si tu trabajo es sólo un gasto de energía, o contiene elementos que te aportan gasolina. Porque vivimos arrastrados cuando no somos capaces de aprovechar nuestras fuentes internas de renovación de energía emocional.

Yo no sé si tanto rollito positivista no nos está pasando demasiada factura. Todos centrados en alcanzar la felicidad, en mejorar la autoestima, en ver medio lleno el vaso de la vida laboral. Buscamos como locos los resultados del bienestar pero me temo que pasamos de puntillas por los generadores internos de esta felicidad. Y esto nos hace terriblemente dependientes de una energía que no es nuestra, que tenemos que adquirir a precio de mercado.

Si vemos claro que comprar energía nuclear a los franceses teniendo sol y viento a porrillo es hacer un poco el lelo, ¿por qué no vemos que ni la mitad de claro que, en materia de energía interior, todos tenemos nuestras fuentes inagotables? Yo conozco bien las mías aunque no siempre sea capaz de ponerlas a funcionar: son el aprendizaje, la novedad, la diferenciación, la autonomía, el compromiso…. Cada uno tendrá las suyas. Pero yo sé que cuando me esfuerzo por incluir mis variables en la ecuación, tiro como una moto, nada me cuesta esfuerzo. ¿Será por aquello de que sarna con gusto no pica?

Después de haber trabajado con mucha gente me doy cuenta de que los más energéticos son siempre quienes viven cada proyecto como propio, siempre en cabeza de la manifestación, asumiendo el papel que quieren jugar, aun cuando su rol oficial no sea el de jefe de proyecto. En estos casos, su aportación siempre va más allá de lo pautado y no sólo consiguen resultados brillantes, sino que, misteriosamente conservan intacta su energía.

Por el contrario, aquellos que sólo van a lo que les mandan ocupados por lo que van a obtener a cambio están terriblemente desgastados. Viven arrastrando los pies y no sólo consiguen resultados mediocres, sino que nada puede enfriar su cabreo cuando no logran obtener eso que esperaban a cambio. Son simple y llanamente gente nifu-nifá que encima está más quemada que el palo de un churrero.

Por ello, deduzco que un componente importante en tu felicidad, tanto en el trabajo como en la vida va de automarcarse objetivos. De incluir “tus” ingredientes fetiche sea cual sea el plato que te toque cocinar. Como Arguiñano con el perejil, esto va de hablar de tu libro cada vez que tengas ocasión. Chupao, si no fuera por el pequeño matiz de que nadie te lo pone en bandeja, que te lo tienes que currar buscando el modo y manera de encajar esa ramita de perejil hasta en el arroz con leche.

Aviso que cuesta, que las casualidades no existen y que el amor no suele llamar a tu puerta. Si te centras en realizar lo que te mandan deseando que la ensalada lleve el aliño que te gusta, tal vez tengas que esperar sentado y esa oportunidad no llegue nunca. Pero si analizas cada tarea buscando sus resquicios y la percibes como una oportunidad para sembrar un poco de ese ingrediente que te motiva, verás con sorpresa cómo éste germina casi sin regar. Porque darle a las cosas nuestra vuelta de tuerca es como hacer un guiso con nuestro toque, no sólo lo comemos mil veces más a gusto, es que además disfrutamos haciéndolo.

Tal vez el mayor error en el manejo de nuestras vidas sea considerar que tanto la energía como la fuerza de voluntad son recursos finitos. Y administrarlos como un juego de suma cero: asignación de recursos limitados versus resultados, economizando aquí para gastar allá. Pero si cambiamos el chip y vemos que el modo en que asignamos estos recursos influye mucho en el total acumulado y que según los dediquemos a una cosa u otra nuestro nivel de gasolina cambia, y no siempre a la baja, aprenderemos seguro a programar nuestra agenda con otras prioridades. Aprendiendo a no dedicar tiempo a cosas que gastan y bloqueando slots para dedicarlos a tareas que renuevan.

Porque si conseguimos reconocer los ingredientes que recargan nuestras pilas y trabajamos la auto-renovación de nuestro propio depósito de energía podremos, sin depender de otros, sacar el máximo provecho de lo que somos: Y este debería ser la madre de todos los propósitos.

@vcnocito

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