Un perro obediente y educado es un perro más feliz… Enséñale la obediencia básica”. Quien no se ha encontrado alguna vez un jefe que pareciera que todas las mañanas se leyera esa frase, cambiando “perro” por empleado: “Un empleado obediente y educado es un empleado más feliz”… Jefes que dan la impresión de estar adiestrando a su mascota en vez de dirigir un grupo de trabajo, que solo quieren empleados obedientes, que no le lleven la contraria en ningún momento y simplemente ejecuten sus instrucciones sin rechistar. Y mientras sea eso lo que sucede en la oficina, todo irá bien y hasta parecerá que hay buen ambiente y todo…

En todos los ámbitos de la vida hay personas que llevan mal que se les lleve la contraria y que son más intrasigentes. Muchas veces se le puede dar la vuelta a esos comportamientos y presentarlos como una virtud: tener las ideas claras y saber lo que se quiere en cada momento sin dejarse influenciar por lo que te digan los demás es con frecuencia una cualidad bien valorada, propia de un líder.

Pero si tu jefe tiene ese perfil, puedes darte por perdido. Lo más probable es que sea lo que en otro post llamaba un “jefe Dios” que se cree en posesión de la verdad absoluta y que no consiente que tú, pequeño aprendiz, ni siquiera expreses tu opinión. Te dirá lo que tienes que hacer en cada momento sin darte margen de maniobra alguno, te exigirá obediencia total y se ofenderá si un día no sigues sus instrucciones al pie de la letra.

Decía Steve Jobs que no tiene sentido contratar a gente brillante para luego decirles en todo momento lo que tienen que hacer. Y es verdad. Se supone que un buen profesional, con experiencia y con valía demostrada tiene el suficiente bagaje como para salir por sí mismo de situaciones complejas. Es más, un jefe no puede saber de todo y tendrá cosas que se le dan mejor y cosas que se le dan peor. Quizá a tu jefe se le dan muy bien los números pero luego no es tan bueno a la hora de hacer presentaciones comerciales… si es así, ¿por qué hay jefes que se empeñan en entrar hasta en el último detalle de cómo está hecha una presentación, si la persona que la ha hecho lleva toda su vida haciendo cosas parecidas? Actitudes así acaban provocando que el equipo que trabaja con él no se sienta motivado en absoluto, dado que su autonomía es nula. Se convierten en robots que cumplen órdenes y punto. Y la autonomía es una de las necesidades del ser humano y por tanto se convierte en un componente esencial de un trabajo feliz.

También es verdad que para trabajar con autonomía antes debes haberte ganado la confianza suficiente para que te permitan tener esa autonomía, y la confianza ya sabemos que tarda mucho en construirse y menos de un minuto en perderse. Hay que ganarse esa autonomía que muchas veces se demanda demostrando que se tienen las capacidades suficientes para poder tomar una decisión en un momento dado sin tener que recurrir a “papá jefe”, porque hay que ser conscientes de que si el resultado final del trabajo no es bueno, la responsabilidad final será también del jefe que ha encomendado ese trabajo.

Por otra parte, el nivel de autonomía deseado de cada uno de nosotros es diferente. Hay gente que prefiere recibir instrucciones muy claras sobre lo que tiene que hacer y que así sea indiscutible que la responsabilidad en caso de que algo vaya mal no es suya. En el polo opuesto hay otras personas de naturaleza más rebelde que ven cualquier indicación o sugerencia como una imposición y tienden a rebelarse ante ello. Ahí radica el talento del jefe, en saber moldear su mensaje y sus instrucciones a la naturaleza de quien lo recibe. El café para todos no funciona casi nunca.

Al final, como en casi todo en la vida, hay un punto medio. Tener autonomía en el trabajo siempre supone una motivación y hace que a veces veas tu trabajo como un reto personal que tienes que alcanzar y no como una obligación impuesta. El jefe debería dejar hacer siempre que su equipo le haya demostrado que puede confiar en ellos, pero también realizar un seguimiento del trabajo, orientar sobre como hacer algunas tareas o corregir situaciones que estime que se están resolviendo mal. Encontrar ese punto medio que además no es el mismo para todas las personas, es donde en mi opinión se esconde el secreto del buen jefe

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