Dicen que en el 2033, o sea, dentro de solamente 15 años, el 66% de la población activa serán los actuales “Milllennial”, esos jóvenes que ahora nos parece que tienen todos tres carreras y cuatro masters,  aunque luego nos den la sensación de que viven en su propio mundo de redes sociales y poco más. Y se estima que un poco más tarde, o sea, en el 2038, el 47% de los empleos actuales serán desempeñados por algún tipo de software o de robot… todo junto conforma un panorama laboral que para alguien que ya ha cumplido los 40 años, podría parecer propio de la película Blade Runner: desolador y hostil.

Sin embargo, no todo está perdido ni mucho menos. Está surgiendo una nueva especie de personas capaces de adaptarse a este entorno hostil: los knowmad, anglicismo acuñado en 2011 por John Moravec, que se forma combinando las palabras Know (conocer) y nomad (nómada). Es decir, los nómadas del conocimiento. Personas que se caracterizan por su capacidad de innovación, su flexibilidad  y su resistencia a un mundo lleno de incertidumbres. Un knowmad es un trabajador 100% digital que gracias a la tecnología trabaja de forma colaborativa. Es autodidacta porque es capaz de aprender muchas cosas por sí mismo y construye su marca personal mediante la información y la experiencia. Pero sobre todo, un knowmad nunca deja de aprender, formal o informalmente, experimentando habitualmente con las nuevas tecnologías.

Probablemente ahora estés pensando que un knowmad es un superhéroe y que no existe nadie real que tenga todas esas cualidades fantásticas. Que es un concepto que está muy bien para rellenar páginas del libro que lees antes de irte a dormir, pero que a ti te ha pillado mayor, o que eres demasiado joven todavía para preocuparte de estas cosas. No es así. En primer lugar, es un concepto que no está restringido a una edad específica, porque en realidad, ser un knowmad es realmente una actitud y una mentalidad hacia el trabajo, ni más ni menos. No es necesario ser el hermano pequeño de Steve Jobs para sobrevivir en el mercado laboral de la próxima década, pero sí creo que hay que saber adaptarse a una nueva cultura laboral distinta a la tradicional.

La revolución digital es un hecho y de la misma manera que los ordenadores cambiaron la forma de trabajar de todos hace 30 años, ahora nuevas tecnologías como el cloud computing, la robótica o la inteligencia artificial darán otra vuelta de tuerca a esa revolución. Se acabó el “sedentarismo” del mundo industrial, los horarios cerrados o los turnos en fábricas y oficinas. Se impone la flexibilidad, el entender que lo importante es cumplir correctamente con tu tarea y no estar ocho horas al día sentado en tu mesa de la oficina, o que la definición de puesto trabajo puede cambiar en un momento dado simplemente porque las circunstancias de tu empresa también han cambiado. Nuestros padres nos vendieron eso de “tienes que ir al cole, estudiar mucho, luego ir a la universidad y sacarte una buena carrera para conseguir un buen trabajo en el que estarás 40 años hasta que te jubiles”, y a ellos les funcionó, pero a nosotros ya no.

El trabajador del siglo XXI debe mezclar la formación online con la presencial para estar lo más actualizado y preparado posible para un trabajo descentralizado y creativo.  Es un cuestión de aptitud, sobre de aptitudes digitales, pero sobre todo es una cuestión de actitud y de voluntad.

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