“No se entera”, “sólo quiere salir en la foto”, “no tiene ni puta idea”, “es un pájaros y flores”… Que levante la mano quien no haya tenido en mente o en boca alguna de estas perlas al referirse a alguno de sus jefes. Me atrevo a decir que quien esté libre de culpa que tire la primera piedra, porque sé que ningún@ romperéis la pantalla a pedradas 🙂

Motivada desde que inicié mi este blog por hallar la solución a la ecuación hacerlo bien elevado a pasármelo bien, me pregunto a dónde nos lleva creernos mejores que nuestros jefes… A nada bueno, sin duda. Y a nada útil, por descontado. Por eso dedico hoy este post a entonar un mea culpa aliñado con altas dosis de espíritu de contrición que os comparto para ver si entre todos cortamos el rollito queja.

 

Porque nadie es mejor que nadie. Creerte mejor que alguien es por definición injusto y parcial. Porque siempre que juzgamos lo hacemos con nuestras leyes, lo cual nos da una más que ligera ventaja. Y si la balanza no estuviera suficientemente trucada, juzgamos sólo en el terreno de lo que nosotros conocemos, dando portazo a la primera a cualquier circunstancia atenuante.

Una buena dosis de humildad y paciencia en el veredicto son altamente recomendables. Recordando que tener más experiencia o más conocimientos técnicos no implica saber más ni saber gestionar mejor. Y que el jefe lo es por algo, aunque sólo sea porque ha sido capaz de convencer a su tío para que le enchufe. Dejemos a un lado nuestro yo más soberbio para dale a lo ajeno su valor.

 

Porque todos somos los mejores en algo. Observar. Observarte… Todos tenemos mucho que aportar. Sabes cuáles son tus fortalezas, así que ponlas de largo y ofrécelas sin reservas. Ni lelo más supremo se va a resistir a una aportación sincera y generosa. Aprovecha la oportunidad porque cultivando tus diferencias puedes aumentar tu valor y si no consigues enamorar, al menos puedes aspirar al matrimonio de conveniencia.

Mírale con ojos renovados y busca aquello que, haga bien o mal, tú no sabes hacer. Siempre lo hay y seguro que aprendes algo fuera de tu registro habitual. Igual hoy no te parece de gran utilidad, pero valora que sumar siempre lo es.

 

Porque no lo vas a hacer desaparecer. Llegados a este punto, puedes ser ya no veas a quien te manda como ese inept@ que te hace la vida imposible, pero si no es así, piensa que al menos  tienes delante una oportunidad de aprendizaje. Una motivación para autorregularte y aprender a tomar distancia emocional. Está en tus manos enfurruñarte y pasarte la vida llorando o comportante como una persona madura y disfrutar siguiendo el curso de río en lugar de sufrir remando contracorriente.

Ninguna de las Cs asesinas (culpar, criticar, combatir y chulear) matará a tu jefe y, si acaso, te harán daño a ti mismo. Porque quedan en el aire y se descuelgan en conversaciones en las que no estás, pero de las que a veces depende tu futuro. Discutir y despotricar cada pequeñez es cargante y no va sumar a tu mochila de persona creativa con sentido común. Que te encarguen tareas cutres no te obliga a ser un cutre. Qué tal empezar a cambiar “pero…” por un “ok, que te parece si además…?”

 

Porque dejamos pasar la oportunidad de que nos acabe gustando! Sin duda, se puede ser feliz con un jefe que no es mucho mejor que tú. Incluso no se está tan mal con uno que tire a malillo, siempre que entendamos qué parte de responsabilidad tenemos en que la relación funcione.

Te contaré el pequeño secreto que me impulsa: el aprendizaje de otros muchas veces está en tus manos. Porque a nadie le gusta caer mal ni vivir ahogado en problemas. ¿Por qué no animarnos a cambia las etiquetas que ya le hemos colgado y darle una oportunidad sincera? Tal vez proponiéndole nuevos proyectos para los que le pides su apoyo. Si no consigues ni las migajas, siempre puedes hacer las maletas y lárgarte. Pero, si lograras ser quien contribuye a buscar soluciones rápidas y cómodas en lugar de quien provoca los problemas, será la caña.

 

Y seguro que no es tan difícil. Empecemos plantando una pequeña semilla. Saludándole con una sonrisa, preguntándole por su jaqueca, contándole antes de que te pregunte cómo van saliendo las cosas… Seguro que va creciendo hasta que no pongas caras cuando te plantee una absurditarea y dediques pitando tu energía a reconducirla hasta aportarle valor. Y sin duda florecerá cuando sientas que avanzas y tienes ideas buscando la forma más simple de hacer las cosas que te pide. Anotemos la tarea de subir los “me pongo a ello” o los “dalo por hecho”.

Y con lo que aún traguemos, mejor evitar las quejas, hablándolo en el momento adecuado y con modos respetuosos y razonables. Sin dramas ni tensiones. Con la otra mano llena de encargos bien cumplidos en tiempo y forma, gestionandos por y para el equipo. Sumando en el planteamiento el conflicto a la solución. Es probable que si le resuelves tu conflicto antes de que sea el suyo con una propuesta razonable, ya no le dé muchas más vueltas.

 

No es de pelotas intentar ser mejorar la relación con los jefes. No se trata de fingir y loar sin mesura a ese niño que ni su abuela alabaría. Intentar cambiar las formas controlando lo que se ve para intentar ver lo que no eres capaz de ver es inteligente y es lo mejor para todos. Un genial Henry Ford ya dijo bien clarito que la capacidad por la que estaba más dispuesto a pagar más a sus empleados era por la habilidad de llevarse bien con la gente.

Un jefe contento, idiota o no, es la llave de un entorno laboral más agradable. Tú puedes contribuir a tu propio bienestar y al de tus compañeros. Crees en el efecto espejo?

@vcnocito

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