Podemos leer un montón de artículos que más o menos coinciden en el diagnóstico de cual será el impacto de a Inteligencia Artificial en el mundo laboral en los próximos años: La mayoría concluye que la IA no eliminará del todo el trabajo humano, sino que cambiará dónde se concentra. Hasta ahora, la mayor parte del esfuerzo de un proyecto se concentra en la ejecución: redactar documentos, producir versiones, buscar información, generar informes de seguimiento… en resumen, el mayor esfuerzo se centra en transformar una idea en múltiples entregables, tareas que la IA realizará (o ya realiza, de hecho) de forma mucho más eficiente que un ser humano.
El resultado entonces es un desplazamiento del valor que aportan las personas hacia la fase de pensamiento: definir mejor el problema, formular hipótesis, elegir criterios, diseñar prompts, evaluar respuestas y resultados, aportar contexto y separar el polvo de la paja, es decir, decidir qué merece la pena que se convierta en producto final. La IA multiplicará la capacidad de producir, y precisamente por eso será más importante saber qué producir, por qué y para quién. De ahí que la imagen que encabeza este post resulte atractiva: Menos personas dedicadas a la aburrida producción y muchas más trabajando en tareas creativas de ideación, innovación y supervisión.
Ni tan mal, ¿verdad? Y sin embargo, mucha gente está preocupado por la irrupción y expansión de la Inteligencia Artificial en el mundo laboral. ¿Por qué, si en teoría la IA va a traernos trabajos más creativos e innovadores, que es justo lo que queremos? La respuesta, a mi modo de ver, es que no es cierto que los humanos queramos hacer trabajo creativo. En la mayoría de los casos es justo al revés, se prefiere un trabajo repetitivo, seguro y predecible. O también, lo que sucede a menudo es que las personas tienen una ausencia total de creatividad entre sus capacidades, posiblemente por no haberla entrenado desde su más tierna infancia.
Creo que aunque no lo reconozcan abiertamente, la mayoría de la gente prefiere la certidumbre a la ambigüedad. El trabajo creativo no es solo inspiración, ya que implica soportar la inestabilidad, la autocrítica constante, y un alto riesgo de fracaso. “El mayor obstáculo para la creatividad hoy en día es que la gente se tiene que ganar la vida”, decía el compositor británico Brian Eno en una de sus conferencias. Y es verdad. A menudo se romantiza la creatividad, cuando normalmente el trabajo creativo es un proceso extenuante. Y aparte de que las profesiones cien por cien creativas como el diseño o el arte no suelen ser una gran fuente de ingresos, el peso del fracaso mata la creatividad, que depende del ensayo y error, lo que significa crear y descartar ideas constantemente hasta dar con una que funcione. Muchas personas simplemente no tienen la motivación suficiente para soportar ese proceso.
A mucha gente no le gusta el trabajo creativo ya que supone exponerse en público, mostrar ideas personales que pueden ser criticadas públicamente o en privado, lo que es casi peor. Luego, salvo que seas un genio, el trabajo creativo suele ser extenuante, por lo que se requiere una gran cantidad de energía para afrontarlo. Así que la mayoría de las personas en realidad prefieren trabajos predecibles con instrucciones claras, donde el éxito o el fracaso no sean subjetivos.
Y ahí radica el problema, que muchos de nosotros quizá no estamos preparados para cambiar la generación de informes de seguimiento por el análisis concienzudo del informe que habrá generado una IA. Es un cambio de paradigma radical, para el que más vale que nos vayamos preparando poco a poco.
