Con más frecuencia de la debida, repetimos la expresión “me encantaría, pero no tengo tiempo”. Porque el trabajo nos satura y nos deja sin espacio para hacer esas cosas que nos gustan. Pero ¿nos hemos planteado si otro modelo es posible?

Sin que nos salga el dinero por la orejas, muchos ganamos más que suficiente para vivir. Reconozcamos que, casi todos, tenemos una casa mejor que la de nuestros padres, nos vamos de vacaciones a sitios que nos apetecen, acumulamos ropa que nunca usamos y nos damos algún capricho de vez en cuando…

Vale, a nadie le amarga un dulce y todos soñamos con ganar más. No por casualidad los post más leídos de este blog son ¡Mi compañero gana más dinero que yo! y ¿Qué es el éxito profesional?. Será porque identifican nuestras ambiciones 🙂

Sin embargo, según el estudio de felicidad en la empresa realizado por Adecco, el 58% de la gente está muy descontenta con su trabajo y querría cambiarlo. Desearíamos mejorar el ambiente y las posibilidades de desarrollo profesional, pero entre las principales causas de descontento están esas jornadas interminables que no permiten desconectar ni noches ni fines de semana.

El salario ya no es todo

Según Adecco, el salario ha dejado de ser la principal motivación para los trabajadores españoles. Un 60% de los encuestados estaría dispuesto a cobrar un sueldo menor a cambio de ser más feliz en el trabajo. En esta misma línea, para el 76% de los trabajadores encuestados por Adecco, la responsabilidad de un mayor cargo y el salario que conlleva no son sinónimos de mayor felicidad laboral, si no están respaldados por otros factores.

Resulta que cada vez valoramos más medidas como un horario flexible, la posibilidad de trabajar más en equipo o las medidas de conciliación en forma de trabajo a tiempo parcial o por proyectos. Y por ello, las empresas cada vez se muestran más proclives a implantar este tipo de políticas. Lo que hace años era raro, hoy empieza poco a poco a ser norma.

Todos conocemos a alquien que trabaja con jornada reducida para poder cuidar y disfrutar de sus hijos. Pero ¿qué tal empezar a pedirla (y a obtenerla) para estudiar un curso de especialización o esa carrera que dejamos de lado en su día buscando “otra con más salidas”? ¿O para aprender a tocar la flauta travesera?

Sin espacio no hay felicidad

Si bien creo que la felicidad emocional es imposible de conseguir sin haber resulto en su justa medida la felicidad material, una vez cubiertos los básicos, está demostrado que un tanto por ciento importante de lo que gastas no suma a tu escala de felicidad. Una cena especial sube tu nivel de endorfinas, pero ¿lo hace comer en una hamburguesería estándar todos los domingos por la pereza de hacer de comer?

Quizás llega el momento de plantearse una manera más pausada de trabajar. Donde no tengamos que sacrificamos nuestro tiempo para obtener más dinero. Donde el ascenso profesional no pase por ceder parcelas de libertad. Donde podamos ganar algo menos, para poder ser mucho más.

Y probablemente una de las claves sea tener en mente que el dinero sirve no tanto para comprar cosas como para recordarnos nuestro estatus. La subida de sueldo no es tanto la posibilidad de llevar una vida mejor, como un reconocimiento de que nosotros lo valemos. Pensar que con más dinero podremos cumplir nuestros sueños, en un sistema que nos pide a cambio todo nuestro tiempo, es una de las trampas más peligrosas en las que podemos caer.

Permíteme que te invite a imaginar cómo sería tu día de trabajo ideal.

Y también cuánto dinero necesitarías para hacerlo realidad.

Porque está bien saber qué es lo que no te gusta, pero no avanzarás nunca si no empiezas a diseñar en tu mente el futuro que te gusta.

@vcnocito