¿Cuál fue el primer pensamiento negativo que tuviste hoy?

Siendo honestos… ¿Te sentiste poco valorado cuando al entrar tu jefe se cruzó contigo sin saludarte? ¿Aislado o impopular cuándo tus compis se fueron a tomar café sin avisarte? ¿Poco eficaz cuándo enviaste ese email tan currado al que nadie te respondió?

Hablamos de compañeros o de jefes tóxicos, subestimando el poder del subconsciente. Pasando por alto esos dos mil pensamientos negativos que tenemos al día y que nos condicionan la vida. La mayoría, por cierto, ni verdaderos ni racionales, pero jodelones como ellos solos.

Tenemos al enemigo en casa

Curioso, pero demostrado. La mayoría de los pensamientos que tenemos no suman, sino que restan.

Nuestro yo interior nos lo pone cuesta arriba. No tiende a animarnos ni a subir la montaña ni a mantener la dieta, sino que nos incita una y otra vez a tumbarnos a mitad del camino o a dar un bocado al chocolate.

Y en un entorno lleno de trincheras como es la empresa, donde ya tenemos bastantes obstáculos que no podemos controlar, ¿no os parece que habría que poner “al enemigo interno” a raya?

Porque hay manera de impedir que nosotros mismos saboteemos nuestra mejor versión.

Si hacemos un análisis medio serio, nos daremos cuenta de que, casi todos, nos arruinamos el día a base de

  • Permitirnos pensamientos negativos.
  • Permitirnos volver una y otra vez al mismo pensamiento negativo.
  • No reconocer la mala uva del pensamiento ni valorando en serio su posibilidad de ser o no realidad.
  • Creyéndolo como algo cierto y seguro
  • Cambiando nuestro comportamiento al tomarlo por cierto.

¿Y Cuál es el resultado? Irritabilidad y agotamiento. Un bola de nieve que te hace sentir realmente mal.

Una bola negra que has creado tú solito.

No te sientas imbécil. Todos nos machacamos.

Por eso conviene saber cómo mantener al gran saboteador bien encerrado. Te comparto hoy algunas cosas que he ido probando y que a mí me funcionan.

Que, al menos, lo hacen algunas veces.

  • Nada es personal. Esta es una revelación que leí en un libro titulado “los cuatro acuerdos”. Va de entender que lo que otros dicen y opinan sobre nosotros solo les define a ellos, pues “es una proyección de su propia realidad”. Y que nada tiene que ver contigo. Que duele ser incomprendido, malinterpretado o  criticado, pero que hemos de saber que su visión no es la realidad, pues sus opiniones están distorsionadas por su perspectiva, sus valores y sus prejuicios.

Sólo tratando con adecuada distancia (que no ignorando) las opiniones de los demás, nos hacemos capaces de ser quienes realmente somos.

  • Párate y piensa cómo estás. Uno no se puede tomar nada bien cuando está mal. Cada vez que me asalta un pensamiento negativo, trato de recordar que inmediatamente he de preguntarme si tengo hambre, ya estaba de mal humor o estoy cansada o muerta de sueño.

Somos química y el cuerpo manda. Me gusta recordarlo. Me da fuerzas.

  • Juzga. ¿Por qué no podemos hacer prevalecer nuestro criterio cuando nos invade la duda? En el futbol hay árbitros que deciden si era o no fuera de juego o falta. ¿No deberíamos ser más árbitros de nuestro mundo interior? Cuando aparece un gestor con estrategia y criterio los grillos siempre callan. Aunque la estrategia que pone encima de la mesa no sea la más acertada. 

Es tan fácil (o tan difícil) como concederte la vara de mando, la capacidad de cuestionar la “realidad” y la oportunidad de dictar sentencia.

  • Toma el control. Sería iluso aspirar a que calle el bombardeo de pensamientos aleatorios que entran en tu cabeza. A lo que sí se puede aspirar es a darles demasiada bola. A dejarles (o no) que se asienten y tomen posiciones en tu mente.

No puedes aspirar a que pare el ruido, pero sí a permitir que esos “pensamientos agrios” te administren.  

¿Quién se ha creído que es tu “otro yo”? 

Saca la vara de mando y ponle en su sitio. Demuéstrale quien manda. 

@vcnocito

Anuncios