Pirro nació en el año 318 aC y fue rey de Epiro, territorio ubicado en el norte de la actual Grecia. Fue un gran general que conquistó Macedonia y que rivalizó con Roma, ambicioso y constantemente enfrascado en planes de conquistas e invasiones de otros reinos. Se cuenta que un filósofo cínico que vivía en la corte del rey estaba tranquilamente tumbado a la sombra de un gran árbol del jardín del palacio cuando Pirro se acercó a él y le dijo:

“He hecho un plan y mañana mismo cruzaré el estrecho con mi ejército para conquistar toda Grecia”.

A lo que respondió el filósofo: “Muy bien, y luego ¿qué?”

Luego, dijo, Pirro, continuaremos hacia Italia.

“¿Y después?” Volvió a preguntar el filósofo

“Después seguiremos adelante y llegaremos hasta los confines del mundo”

“Me parece muy bien, ¿Y luego?” Volvió a preguntar el filósofo

“Bueno, pues entonces ya habré conquistado todo el mundo”, dijo el rey Pirro, “así que podré descansar”.

“Entonces”, concluyó el filósofo, “si se trata de poder descansar, ¿por qué no te sientas conmigo bajo este árbol, y empiezas a descansar ya, sin tanto trajín?”

En un artículo anterior animaba a preguntarnos si las acciones que llevamos a cabo hoy nos ayudarán a llegar al punto donde nos gustaría estar mañana. Porque en muchas ocasiones, parece que nuestros actos están en contradicción con los objetivos que decimos tener. Otras veces, como en la historia del rey Pirro, sí que tenemos claro lo que queremos, pero nos complicamos la vida en exceso, con planes y pasos intermedios innecesarios que solo nos distraen de nuestro verdadero objetivo.

Tener objetivos claros es una característica común a todas las personas de éxito, básicamente porque para mí, una persona exitosa es aquella que consigue las metas que se propone, sean cuales sean éstas. Tener éxito profesional, como decía mi compañera Virginia, no es siempre convertirse en el director general de la compañía, sino que para muchos, tener éxito profesional es tener un trabajo que te guste, con un nivel de autonomía suficiente y con retribuciones emocionales que van más allá del cargo que ocupes o del sueldo que tengas. Muchas veces tomamos decisiones con poca planificación, sin darnos cuenta de que estamos perdiendo algo esencial en nuestra vida: tiempo, tiempo para conseguir el verdadero objetivo profesional que nos hemos marcado.

Porque además, Pirro nos da una última lección a la hora de su muerte. Corría el año 272 a. C. y Pirro se hallaba inmerso en el asedio de la ciudad de Argos, en el Peloponeso. En ese momento una anciana presenció como su hijo combatía con Pirro, y temerosa por la vida de su vástago, arrojó una teja sobre la cabeza el monarca, de tal manera que le fracturó las vértebras y falleció casi instantáneamente. Es decir, un hecho más fruto del azar que de otra cosa privó a Pirro de conseguir su objetivo, porque quizá estaba dando demasiadas vueltas en búsqueda de ese verdadero objetivo. Si hubiera hecho caso al filósofo que le recomendó descansar bajo árbol sin pasar por tantas vicisitudes previas, sin duda le habría ido mucho mejor. Enredarse en tareas que no aportan nada para la consecución de nuestro objetivo es lo que tiene

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