Hace poco me relataban una divertida conversación que había tenido un jefe con un miembro de su equipo, en la que al pobre mando se le rompieron todos los esquemas; se quedó sin argumentos. El jefe había propuesto una reunión en la que dar feedback sobre el trabajo en el último año a su subordinado, con un cafelito de por medio. Hasta ahí todo de lo más correcto y amable.

Y de hecho el jefe había hecho un buen trabajo previo y se había preparado la reunión. Llevaba  en el bolsillo incluso un plan de mejora para esta persona; un “próximos pasos” para el año próximo, con posible final feliz… El discurso hilaba así:

“Eres una persona con gran potencial y grandes posibilidades, aunque hay algunos aspectos que podrías mejorar. Si tú trabajas los puntos que te estoy indicando, y sigues estas líneas que te marco, creo que podríamos incluso tratar de promocionarte y te propondríamos como jefe. Si tú te involucras más, yo mismo me ofrezco a guiarte en el camino”.

Pero la sorpresa le llegó al jefe de boca del subordinado, cuando nada más concluir su speech simplemente le dijo “…. pero, ¿¿¿quién te ha dicho a tí que yo estoy interesado en ser jefe???”

Se quedó ojiplático, claro está. Y aún a día de hoy debe estar intentando procesar el mensaje porque de hecho no lo entiende….Y es que para quien el título en su tarjeta sirve de alimento, resulta difícil de entender que otros profesionales, buenos profesionales sin embargo, no tengan ese tipo de aspiraciones. Para ellos es incomprensible lo mires por donde lo mires.

¿Cómo puede ser que alguien con capacidad trunque su carrera profesional de esa forma?¿Es que la gente no tiene aspiraciones en su vida?¿Qué hay más grande que leer tu nombre en una tarjeta, precedido por el título de “Director”? A más de disfrutar por supuesto de los emolumentos que vienen adheridos al título, claro está.

Pues no señores: resulta que para algunos, los movimientos verticales en el escalafón no son “lo más grande”. Y os puedo asegurar además que cuando hablo de todos esos tipos tan raros, en su mayoría son estupendos profesionales que brillan en su campo.Y no: NO QUIEREN ASCENDER. Aunque puedan y aunque les sobre capacidad, prefieren permanecer en la posición que les ocupa.

¿Y por qué? Pues aquí os puedo aportar ninguna o múltiples respuestas, porque cada uno somos cada uno y lo que nos mueve es tan distinto como cada uno de nosotros. Conozco grandísimos profesionales que simplemente no quieren asumir más responsabilidad porque son bien conscientes del sacrificio que conlleva, y prefieren guardarse más tiempo para su familia. O para sus aficiones personales, por qué no.

Conozco también casos de excelentes profesionales a los que les gusta tanto lo que hacen como técnicos que no están dispuestos a sacrificarlo por un puesto de jefe. Son bien conscientes de que su trabajo cambiaría y que tendrían que abandonar gran parte de su faceta técnica para pasar a realizar funciones de gestión que les aburren soberanamente.

¿Y qué?¿Está esto mal? Desde mi punto de vista, en absoluto. Me parece totalmente respetable la opción que cada uno decida escoger, y me parecen importantísimos todos y cada uno de los argumentos personales que cada cual pueda esgrimir para rechazar un ascenso o no optar por ese tipo de carrera profesional. De hecho lo que no sería lógico es que estas personas callasen sus intereses y decidieran optar por el ascenso o postular a él, sin estar dispuestos a asumir el sacrificio. Lo importante es la coherencia, y este tipo de personas hacen gala de ella. ¡¡Admirables!!

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