“No existe el mal tiempo. Simplemente es una mala elección de tu ropa”. Es la frase de la imagen que acompaña este artículo y que resume su contenido. Y es que se habla mucho de la gestión del cambio en el mundo de la empresa. La tan manida globalización ha traído consigo una sensación de desprotección en casi todos los trabajos. Antes, estaba perfectamente claro a qué se dedicaba la empresa y quiénes eran tus clientes y tus competidores. Ahora, nada de nada. Desde que internet forma parte de nuestra vida cotidiana, tu cliente puede estar en cualquier sitio y tus competidores pueden provenir de todo el mundo, haciendo lo mismo que tú pero mejor o más barato. Por tanto, las empresas deben estar continuamente reinventándose o no sobrevivirán mucho tiempo.

Así que los cambios en un entorno profesional son inevitables. Es inútil resistirse. Al igual que el tiempo metereológico, un día hace sol y al día siguiente llueve, y no podemos hacer nada por cambiar eso. Pero sí podemos ponernos de manga corta un día y sacar el chubasquero al día siguiente. Debemos adaptarnos a los cambios de nuestro entorno laboral aunque sea para no resfriarnos.  

Hay ciertos aspectos que nos bloquean y que nos impiden cambiar. Por un lado, la falta de confianza en uno mismo, con pensamientos del estilo “no voy a ser capaz de hacer eso, no voy a poder adaptarme”. O el extremo contrario, también nos bloquea un exceso de confianza que nos lleve a pensar que no necesitamos que nadie nos diga como tenemos que hacer las cosas por mucho que el entorno haya cambiado, porque siempre hemos actuado de una determinada manera y nos ha ido fenomenal así.

Pero en mi opinión lo que más nos bloquea ante un determinado cambio es el miedo a perder lo que ya tenemos. Es decir, todos los que tenemos una posición relativamente estable en nuestro trabajo, con un sueldo suficiente para vivir tranquilamente y un ambiente de trabajo que hace que no sea un suplicio ir a la oficina, valoramos muchísimo esa estabilidad. Sí, cambiar y hacer cosas nuevas es muy atractivo pero, ¿y si me va mal y pierdo todo lo que tanto me ha costado conseguir?

¿Cómo superar entonces estos bloqueos? No quiero entrar en frases hechas del estilo “todo un cambio es una oportunidad” o “mantén la mente abierta” y cosas así que, siendo ciertas, me parecen un poco etéreas. Voy a ir a cosas un poco más concretas. En primer lugar, tengamos muy claro que es lo que de verdad nos importa en el trabajo e intentemos protegerlo y aislarlo de los cambios. Que para nosotros es muy importante tener autonomía para tomar nuestras propias decisiones, pues bien, reclamemos esa autonomía aunque la actividad de nuestra empresa haya cambiado. Que lo más importante es el salario, tratemos de justificar una mejora en base a las nuevas actividades que realicemos.

Otro punto importante es buscar apoyos en nuestro entorno laboral para adaptarnos a ese cambio. Siempre hay algún compañero con el que tenemos más confianza o una mejor relación laboral. Pues bien, pidámosle ayuda o consejo. O quizá el cambio afecta a todo ese departamento que lleva un montón de años trabajando juntos. En ese caso el cambio puede dar un poco de miedo, pero al menos esa “aldea gala” lo afrontará unida y lo llevará mejor.

Y finalmente busquemos a alguien que nos puede servir de ejemplo. En la metáfora del mal tiempo y la ropa, sería asomarse a la ventana y ver qué ropa lleva la gente en la calle. Fijémonos en qué hicieron los que pasaron por ese cambio anteriormente y mejor se adaptaron a él y tomemos ejemplo de ello. Tener una referencia es fundamental si llega el caso de estar un poco perdido.

En resumen, que acabando con otro refrán metereológico “al buen tiempo, buena cara”. Los cambios son inevitables, por más que tratemos de esquivarlos. Preparémonos para ellos y afrontémoslo de la mejor manera posible.

 

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