Todos conocemos a alguno. Esa persona que parece estar siempre triste en la oficina, que a diario ve el futuro muy negro, que piensa que todos los proyectos van a fracasar y que la empresa se irá a pique más pronto que tarde: el pesimista.

Decía Mario Benedetti que  “un pesimista es un optimista bien informado”, y es que a veces no hay muchas razones para ser optimista. Cualquier cosa que haga una empresa tiene siempre una cierta cantidad de riesgos e incertidumbres, y si vas buscando lo que puede salir mal en un proyecto  seguro que vas a encontrar una buena lista de posibles puntos.  Ante un escenario de cambio continuo que es en el que viven inmersas la mayoría de las empresas, no es difícil ponerse en el caso peor e imaginarse que todo va ir fatal en el futuro.

Pero debemos intentar no ser pesimistas… Hay muchas estudios que demuestran los beneficios físicos y psicológicos del optimismo. Una investigación de la clínica Mayo de Nueva York concluyó que las personas optimistas viven un 19% más que las pesimistas. Leí un artículo muy interesante en el que un psicológo norteamericano decía que el optimismo está muy relacionado con la responsabilidad que asumimos o no las personas ante aquello que nos ocurre. El optimista se cree responsable de lo que le sucede y se pregunta qué puede hacer para mejorar la situación. Por el contrario, el pesimista tiende a sentirse impotente frente al mundo y simplemente espera sentado lo que el mundo quiera hacer con él.

Todos somos en mayor o menor medida influenciables por los pensamientos y las actutudes de los demás. Si a tu lado hay alguien que continuamente lo ve todo negro, y estás oyendo todo el rato frases como “esto es un desastre”, “esto se va a pique”, “vamos a la ruina”, es fácil que al cabo de un tiempo tú lo veas igual de negro provocándote desconfianza, falta de motivación y finalmente, infelicidad cuando llega la hora de ir a la oficina.

Tampoco quiero decir que haya que ver la vida siempre de color de rosa y que nos lancemos a aventuras  imposibles porque “ seguro que todo va a ir bien”. No hay que ser iluso. Pero sí creo que debemos tratar de evitar el pesimismo en nuestro día a día en el trabajo. Porque el pesimismo tiende a ir a más, y porque se contagia. Todos tenemos cambios continuos en el trabajo, así que en vez de pensar que el nuevo jefe o el nuevo proyecto va a acabar con nosotros hay que tratar de quedarse con el lado positivo que cualquier cambio trae siempre consigo.

¿Y qué hacer si tu compañero es un pesimista empedernido, ves que te está contagiando y que por tanto tú te estás volviendo de lo más negativo? Creo que lo primero que deberíamos hacer es tratar de averiguar los motivos de ese pesimismo. Quizá viene dado porque no se están siguiendo las recomendaciones que daba ese compañero y por tanto, se siente un poco frustrado. Puede que realmente el pobre esté hasta arriba de trabajo y lo que está expresando es realmente su frustración por no poder llegar a todo. Aunque en muchas ocasiones, se tratará seguro de un pesimista por naturaleza, de alguien que simplemente vive su vida así y punto. En esos casos, lo mejor es no involucrarse mucho en el aspecto laboral y profesional con él. Muchas veces nos sentimos obligados a animar y a dar soporte al compañero desanimado, lo que está muy bien y es de agradecer, pero cuando te topas con un pesimista “de libro”, acaba siendo frustrante. A fin de cuentas, vamos a la oficina a trabajar y no a ser psicológo o terapeuta. Muchas veces, cuando el pesimista habla, asentir con la cabeza y darle la razón es la mejor medida para sobrevivir a ellos.

Yo creo que sin quererlo te vas haciendo más pesimista con el tiempo. Te acuerdas de experiencias pasadas que no salieron bien y piensas que pueden volver a suceder en cualquier momento. Es inevitable. Pero hay que tratar de cambiar ese chip y acordarse de lo que sí salió bien, de los proyectos que acabaron con una felicitación del cliente, o de cómo se pudo encontrar una solución a ese galimatías que parecía que iba a acabar con todo. Tratemos de ser optimistas, aunque sea solo porque los optimistas viven más tiempo…

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