Soy de las que gusta tomar vacaciones en Julio… para volver cuando todos se van a la playa. No comparto esas miradas lástima mal disimulada ni entro al trapo a todos aquellos que intentan darme envidia. A mí me encanta trabajar en Agosto.

Por dos motivos: el primero es que yo ya he tenido lo mío, así que lo afronto descansada y con ganas. El segundo, es que me gusta trabajar cuando no hay nadie. Cierto es que apechugas con lo tuyo y con lo de quienes se tuestan al sol de Marbella. Pero no menos cierto es que el nivel de “gilipollez profesional” que habitualmente nos come horas disminuye hasta acercase a cero dejando florecer el trabajo “técnico” en estado puro.

Sólo cuando el estío hace desaparecer las chorradas recurrentes te das cuenta de la cantidad de tiempo que dedicamos en la oficina durante el año a tareas no productivas: Reuniones innecesarias, lectura de cadenas interminables de correos donde cada uno busca demostrar que está más online que nadie, presencias laterales en proyectos donde no tienes ni oficio ni beneficio y demás politiqueos varios.

Agosto traslada todo el ruido a la playa, dejando en la oficina un silencio muy productivo. Yo aprovecho para intercalar con el imput diario esas tareas de fondo que me permiten afrontar el curso bien pertrechada: el estudio y la reflexión.

A mí me gusta aprovechar este cambio de ritmo para leer esa documentación que guardaste para un momento mejor que nunca llegó. Ahora por fin puedo echarle un ojo a ese curso online que tengo hace meses pendiente de hacer. Y documentarme buscando un nuevo enfoque, una manera mejor de hacer las cosas para el curso que viene.

Porque odio repetirme, dar vueltas a lo mismo una y otra vez. Y siento que en estas organizaciones donde todo es para ayer, cada vez dedicamos más tiempo a los detalles y menos atención a lo estructural. Este ritmo vertiginoso de prisas en el que trabajamos por sistema nos hace muy ineficientes. Nos deja sin margen para pensar si lo que hacemos igual que ayer sigue siendo válido hoy. Y eso nos pone en riesgo como organización y como profesionales.

Pero resulta que tanto la sociedad como el mercado están cambiando a toda pastilla. Así que si queremos romper este círculo vicioso de “hago siempre lo mismo porque es lo que siempre he hecho” y avanzar como empresa, más que nunca necesitamos echar mano de la creatividad, de la innovación.

Creo que la lectura y la documentación son la clave de un trabajo medianamente creativo. No soy de “idea feliz” sino de “lectura descontextualizada” y bien aplicada a la cuestión que te aplica. Y ello requiere tranquilidad y horas.

Por eso me encanta Agosto, es el mes en el que me nutro.Y me limpio, porque siempre me queda hueco para limpiar y ordenar la documentación que he ido generando y recibiendo a lo largo del año. Con la tranquilidad suficiente para saber qué archivar y qué tirar. Porque sólo cuando te desprendes definitivamente de lo viejo dejas sitio a lo nuevo.

Me pregunto cómo harán los que se van a la playa 😛

@vcnocito

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