Esto de los Smartphones tiene sin duda su lado bueno. Pero como todo, lo que hace buena o mala a una herramienta no es la capacidad que te aporta sino el uso que haces de ella. Y esta cada vez más extendida “gestión mientras caminas por el pasillo”, tiene consecuencias perversas.

No sólo porque un día te puedes dar la gran torta. Creo que es los USA, que siempre van por delante, ya se instalan farolas acolchadas en las aceras. Igual piensas que estás siendo super-mega-dinámico y ultra-chupi-eficaz. Así debe serlo, porque no sólo es cada vez más frecuente, sino que este modus operandi de gestión está incluso cada vez mejor valorado.

Hemos reflexionado lo suficiente sobre el precio que estamos pagando?

Paso sin detenerme en el obvio pero a veces olvidado impacto del saludo, del por favor y de las gracias. Yo, los aprecio, sin duda. Y honestamente, sea quien sea el peticionario, me pone visceralmente a su favor o en su contra. Aunque nadie lo note, ni siquiera él o ella…. Entiendo que, en este asunto, los hay menos exigentes que yo, pero como digo, de eso hablaremos otro día.

Obvio por tanto el impacto en la relación, porque hoy prefiero detenerme en lo que supone para la propia tarea esta manía de gestionarla como si fuera un balón. A recibir y a pasar. Todo en tiempo récord, que parece que es lo que importa. Todo en un corre-corre, sin mucha reflexión adicional a la obvia de “me lo ha pedido el de arriba, luego hagámoslo cuanto antes”.

Y si algo he aprendido es que acompañar un encargo de pocas o cero instrucciones sobre cómo y cuándo ejecutarlo es malo para la tarea. En el 100% de los casos. Yo intento no hacerlo. Pero todos tenemos nuestro momento pollo-sin-cabeza. Quién esté libre de culpa, que tire la primera piedra 🙂

Por eso, propongo que la próxima vez que tengamos el dedo suelto y demasiado cerca del “reenviar”, respiremos un poco. Y no lo hagamos.

Pongámonos antes como tarea necesaria preguntar detalles al “encargante”, para entenderla bien y poder aportar nuestro grano de arena antes de pasarla al siguiente eslabón de la cadena. Sea lateral o subordinado. Que esto y no otra cosa es gestionar. No confundas la gestión de las tareas con el despacho a diestro y siniestro de correos como si fueras un simple hub.

Verdad que cuando nace en nosotros alguna necesidad nos preocupamos más de asegurar el tiro, estableciendo el contexto, aportando líneas maestras y pidiéndolo con amabilidad a la persona más adecuada?. Pues por qué no actuar con igual nivel de detalle (o debería decir de cariño?) cuando la petición nos viene de otros?.

Por qué no parar a pensar a quién se lo voy a pedir y si esta persona será suficientemente autónoma para ejecutarla o necesitará instrucciones adicionales. Qué debo aportarle en cada caso? Cómo asegurarnos de que ha entendido lo que necesito? Qué plazos y qué hitos de revisión nos planteamos conjuntamente?

Por favor, ante el próximo encargo vamos a proponernos todos dedicar un ratito a contextualizarla. En nuestra cabeza y en el mail que vamos a mandar para encargarla a nuestros compañeros o colaboradores. Tal vez sea más que conveniente esperar hasta estar de nuevo sentados al ordenador, aunque eso conlleve hacerlo un par de horas más tarde. Y no seamos tan  super-mega-dinámicos y ultra-chupi-eficaces.

Porque será bueno para la tarea. Y también para la relación con tod@s los que tengamos que implicar en ella 🙂

 

 

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