El título de este post se lo tomo prestado al artista Serge Lutens y ya le aviso desde aquí al señor Lutens que, con su permiso, lo voy a hacer mío, porque me parece brillante. En esa misma línea, en este artículo de El País se afirma algo indemostrable, pero seguramente cierto: que Peter Higgs, el premio Nobel de Física nunca hubiera llegado a crear su famosa teoría del bosón de Higgs en nuestros tiempos. Nunca hubiera sido académico y de hecho, habría sido considerado mediocre y poco productivo porque no habría tenido tiempo de publicar docenas de artículos con continuas citas y autocitas. En vez de a publicar, Higgs dedicó todo su tiempo a pensar, lo que dio sus frutos con la creación de la teoría del famoso bosón.

Hagamos el ejercicio de cuánto tiempo dedicamos todos a contar nuestro trabajo, en vez de a trabajar realmente. Cuanto esfuerzo empleamos en informes, reportes y las inevitables reuniones para preparar dichos informes y reportes, que no son otra cosa más que una forma de publicitar nuestros logros internamente dentro de nuestra compañía. Por otra parte, pensemos en cuánto tiempo y esfuerzo dedican las empresas y los profesionales a buscar visibilidad en redes sociales y a crear una presencia digital, que debe ser rellenada con constantes contenidos originales y variados.

Se podría decir que sin autobombo no hay paraíso. Contarlo es la última frase de cualquier proyecto, pero no por ser la última es la menos importante sino más bien lo contrario. Hoy en día nos vemos casi obligados a crear todos los días un personaje de semi ficción, no solo en las redes sociales sino también dentro de nuestra empresa, para asegurarnos la valoración justa de nuestro trabajo. Me maravillan esas personas que dicen su rubor “yo lancé determinado producto” cuando en realidad trabajan en una multinacional donde cualquier proyecto implica a docenas de otros participantes. Pero ojo, que esa persona lanzó el servicio y por tanto, debe ser un tío muy válido porque el producto en cuestión acabó funcionando muy bien…o eso al menos es lo que parece.

Las cosas funcionan así y es mejor ser consciente de ello y adaptarse. Es poco realista pensar que se va a reconocer nuestro trabajo espontáneamente sin un poco de autobombo por nuestra parte, aunque solo sea porque el resto del mundo está lleno de competidores que sí están preocupados por autopromocionarse. Desde luego, saber venderse uno mismo es una capacidad que todos deberíamos entrenar porque no es nada fácil hacerlo bien. No se trata de publicar por publicar y caer en el cansinismo. Tampoco hay que recurrir al autobombo revestido de falsa modestia como esa gente que habla de los éxitos conseguidos continuamente en primera persona y mete al final un “dirijo un gran equipo” para suavizar el mensaje.

A mí me parece que ya puestos, es mejor pecar un poco de fanfarrón y exponer tus éxitos de manera clara, basándose en datos objetivo a ser posible. También soy defensor de reconocer los méritos de los demás de manera sincera como forma indirecta de autopromoción, porque los demás reconocerán nuestros méritos también en compensación. Aunque de nuevo, hay una línea muy difusa entre ese reconocimiento y caer en el pelotismo descarado, en alabar cualquier cosa que diga la persona de la que queremos obtener una referencia o simplemente en intercambiar elogios de manera más o menos preestablecida.

Es fácil que surjan envidias, rencores o plagios descarados en estos tiempos en los que es más importante “hacer saber” que “saber hacer”, pero es algo con lo que debemos  vivir porque en nuestra era digital la amistad y el aprecio también se mide en likes y retuits.