Nos quejamos durante el año de la vida de locos que llevamos. Del “agobio” de los mil mensajes que nos bombardean desde el correo, el WhatsApp, o las RRSS y que nos hacen mirar el móvil unas 200 veces al día. Suspiramos porque lleguen las vacaciones y, sin embargo, resulta que la mayoría no desconectamos del todo de nuestras obligaciones laborales.

Según el estudio realizado por Bizneo HR, una empresa de software de recursos humanos, 2 de cada 5 trabajadores tienen dificultades para desconectar en vacaciones. Y para conseguirlo, casi el 40% necesita un mínimo dos semanas.

2 de cada 3 personas ya declaran que, fuera del periodo vacacional, les cuesta mucho pasar un día sin posibilidad de conectarse para ver qué se cuece en la oficina. Y parece que la mitad de los profesionales no consigue desconectar ni en vacaciones. Algo más, el 57% para ser exactos.

Desconectar del trabajo es necesario

Tu cabeza y tu cuerpo necesitan relajarse. Cuando ni escuchas ni respetas a tu cuerpo, nada bueno puede venir detrás. El descanso de calidad es necesario, saber estar sin hacer nada también. Sentirse raro sin estar pendiente del correo es un síntoma muy claro de lo mucho que necesitas desconectar.

Si no hay equilibro entre trabajo y vida personal, a la larga no sólo tu vida y tus relaciones personales se verán afectadas. Es que tarde o temprano llegarán el estrés y un peor rendimiento, al que no tardará en seguir la frustración o la sensación de “estar quemado”. Porque cuando uno se pasa de rosca y se acelera, ni su visión, ni su creatividad, ni sus decisiones consiguen ser acertadas.

Y, por supuesto, asumir que el mundo sigue girando igual de bien aunque tú no estés, es un ejercicio de resintonización de la realidad y del ego muy, pero que muy sano. Nadie es imprescindible y recordarlo de vez en cuando es un ejercicio estupendo.

Quien no descansa, lo acaba pagando.

¿De quién es la culpa?

Desde luego, lo que no vale es echarle la culpa al “malvado” de tu jefe. Reconozcamos de una vez que, casos extremos aparte, somos nosotros mismos quienes nos ponemos la soga al cuello.

Porque cada vez más aceptamos como un comportamiento profesional valioso el estar permanentemente conectado. Gracias al móvil, que tanto nos facilita la flexibilidad en el trabajo, estamos creando cultura de respuesta rápida, noches y fines de semana incluidos.

Asociando injustamente compromiso con hiperconexión. Y la verdad es que, de trabajar duro y con responsabilidad, a querer estar en todos los caldos, corresponda o no, hay un línea que puede ser muy delgada.

Sea como fuere, quizás las vacaciones sean un buen momento para repensar nuestros comportamientos, para plantearnos qué perfil de “empleado conectado” queremos ser.

Para asumir nuestra responsabilidad en la gestión de nuestro tiempo y también de nuestros periodos de descanso.

Porque algo falla cuando, incluso teniendo la desconexión digital garantizada por la empresa, muchos seguimos, móvil o tablet en mano, pendientes de lo que pasa en la oficina en vacaciones.

Salvo que seas Director General… ¿no crees que son las vacaciones un buen momento para un cierto detox digital?

@vcnocito

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