Nuestro gobierno acaba de aprobar recientemente un Decreto Ley sobre el registro de jornadas, que amplía la normativa que ya existía para los contratos a tiempo parcial a todos los tipos de empleados, por el cual todas las empresas quedan obligadas a implantar un control horario de la jornada para todos los trabajadores. Con esta reforma, lo que se pretende es garantizar el cumplimiento de los límites en cuanto a la jornada laboral, poner control a las horas extras no pagadas o fraudulentas y controlar el absentismo laboral.

Ni mucho menos quiero entrar en interpretaciones políticas de la medida. Comprendo su motivación y estoy seguro de que en algunos casos será beneficiosa tanto para algunas empresas como para algunos empleados. Pero es que si hay algo que me parece totalmente obsoleto en pleno siglo XXI es el control horario. Tener que fichar al entrar y al salir del trabajo es una vuelta al siglo XIX y al presentismo, al estar por estar, y olvidarse de los nuevos modelos de productividad y flexibilidad laboral. Mientras que Richard Branson, el famoso emprendedor, confía en sus empleados y les anima a que cojan todas las vacaciones que quieran siempre que hagan su trabajo, aquí parece que vamos a volver para atrás en el tiempo.

No me gusta nada la idea de tener que fichar en el trabajo, y creedme que trabajo bastantes más de las 40 horas semanales estipuladas. No tengo problema en encender el ordenador del trabajo un sábado si hay algo importante que terminar antes del lunes, pero tampoco entiendo que nadie me vaya a poner pegas por salir antes de tiempo de la oficina para recoger el coche del taller o ir a una tutoría del cole de mis hijos. Ahora mismo yo no concibo pertenecer a una empresa que no permita esa flexibilidad laboral.

El tiempo es cada vez más un bien muy preciado, en muchos casos por encima del sueldo o la carrera profesional. Que se te permita organizar tu tiempo para poder conciliar la vida laboral con la profesional es la motivación que cada vez más empresas utilizan para enganchar a profesionales valiosos y sobre todo, a los nuevos profesionales digitales (millenials o no), acostumbrados a trabajar en equipos donde no todos los miembros se ubican en la misma oficina, a compartir información continuamente o a terminar una tarea pendiente desde cualquier lugar, no necesariamente la mesa de su trabajo. En mi opinión, el que te obliguen a fichar, reconociendo que va a evitar abusos en algunos casos, es el mejor caldo de cultivo posible para el “presentismo”, fomentando la cultura del estar frente a los resultados y acabando con iniciativas de las empresas que busquen poner foco en la responsabilidad del empleado y en fomentar su autonomía.

Habrá que ver también como afecta esta medida al teletrabajo. Se han hecho estudios que indican que cuando teletrabajas eres un 13% más productivo porque te concentras mejor en tu tarea y tienes menos distracciones externas, pero que también tienes la mitad de posibilidades de promocionar en tu empresa. Es verdad que existen herramientas tecnológicas que permiten controlar cuanto tiempo se teletrabaja, pero parece claro que la medida no ayudará a fomentar ese bien tan preciado para algunos como es poder trabajar desde casa.

Como dice Jesús Vega, experto en RRHH, establecer un control horario en el trabajo demuestra que no se entiende el nuevo mercado laboral e implica una vuelta a una concepción anticuada del trabajo en la que el trabajador vendía su tiempo, cuando en realidad lo que vende es su conocimiento. En la época de las máquinas y los robots, lo más importante es el compromiso, la motivación y la creatividad del empleado. No se trata de construir una especie de jaula en la que haya que estar metido 8 horas al día por obligación, sino en convertir a los trabajos en una máquina de generar nuevas ideas.

Veremos que pasa con esta nueva medida…

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