Voy a dar comienzo con este post a una saga, que de momento no sé muy bien cuántos capítulos tendrá. La idea es poner bajo la lupa a unos cuantos jefes y tratar de sacarles los colores en toda regla. Sé que está feo, pero tengo en planes etiquetarlos, encapsularlos, y hasta ridiculizarlos, sí.

Y como en el fondo no soy tan mala (puedo ser incluso peor), trataré de que podáis sacar algo de provecho de lo que escribo y añadiré a la parodia unas cuantas recetas que se me ocurren para tratar de neutralizarlos y que te inmunices ante “sus maldades”.

Hoy toca poner en evidencia al “microjefe”

“Los especímenes de microjefe se caracterizan por una habilidad superior entre los de su especie para fijarse en los detalles más insignificantes e irrelevantes del trabajo. Pondrán “peros” a cualquier documento que les presentes porque se puede cambiar una coma por un punto y coma, por la ordenación de los elementos, puesto que él considera que la categoría 2 es más relevante que la 3, o porque el informe debería ir grapado en vez de encuadernado. No aportarán visión ni orientación alguna, ni hablarán nunca sobre el concepto o el fondo del trabajo porque a ellos los árboles les impiden ver el bosque. Y aunque alguno de ellos tenga lucidez suficiente para verlo, nunca dispondrá de tiempo para actuar en consecuencia, porque todo lo consumen esas absorbentes microgestiones…. ¿Qué hay más importante que proponer un sinónimo para mejorar cualquier sustantivo que tú hayas utilizado?”

Y es que los microjefes suelen ser agotadores, tanto para sus subordinados, como para sí mismos en primera instancia. En los dos ámbitos tienen efectos negativos:

  • Para el equipo, los microjefes son asfixiantes. Anulan la proactividad, pues son capaces de hacer cambiar 15 veces el mismo documento por motivos absolutamente superfluos. Lo normal es que el equipo caiga en la mayor desgana para cualquier tarea, máxime si esta es creativa, porque en ese caso el proceso de corrección de “chorradas” será infinito.
  • Pero es que también son nocivos para sí mismos, puesto que su supervisión exhaustiva de toda tarea que haga su equipo les consumirá toda la fuerza. También la necesaria para tener una visión global y centrarse en los temas críticos, que nunca llegará a abordar. Y por ese motivo, el propio equipo no llegará a apreciar su capacidad, porque no habrá tiempo para demostrarla.

¿Y qué podemos hacer para tratar de neutralizar a los microjefes?

No siempre está la posibilidad de huir y pedir un cambio, asique si tu jefe es de este tipo, te ofrezco unas cuantas recetas caseras que quizá te sirvan para sobrellevar la temporada:

  1. Lo primero y más importante, no te tomes su actitud como algo personal. No eres tú, sino que él es así. Tu trabajo no deja de ser bueno por el hecho de que tu jefe te cambie las comas.
  2. Sistematiza cuantas tareas puedas. Me refiero a que todo aquello que puedas convertir en rutina y que ya haya pasado por su filtro alguna vez, no trates de mejorarlo. Te ahorrarás la agonía de tener que volver a pasar la criba.
  3. Trata de anticiparte y de informarle puntualmente de todo, porque eso le dará tranquilidad y podrás ganar algo de terreno si consigues que confíe en ti.
  4. Habla abiertamente con él. Tu jefe no tiene por qué ser un mal tipo en otros aspectos; simplemente le tira lo de centrarse en los sinónimos. Pídele opinión sobre tu trabajo, para que él también pueda reflexionar sobre su actitud, y trata de adaptarte. Será un esfuerzo, pero un buen ejercicio también.
  5. El hecho de que tu jefe no sea capaz de abordar temas de base porque se distrae con minucias no significa que no sea capaz de valorarlo si tú lo haces. Plantéale proyectos en ese ámbito, y posiblemente te deje una temporada tranquilo. Otra cosa es que cuando tengas que presentarle el trabajo te lo freirá con sus correcciones. Quédate con lo que has aprendido ejecutando esa nueva tarea.
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