Será que yo soy “una rapidilla”, o que mi perfil quizá sea poco reflexivo y escásamente analítico… Sí, seguro que tengo parte de la culpa, pero es que me llevan los demonios cuando me topo con jefes  incapaces de tomar una decisión. ¡¡Ni una mínima decisión!!

No estoy hablando de que debamos lanzarnos a ejecutar un proyecto sin haber ejecutado un sesudo análisis previo, no. Y entiendo perfectamente que para tomar una decisión se deben analizar datos, condiciones de contorno, se deben pensar en consecuencias posteriores… Con profesionalidad y con todo el rigor del mundo, de acuerdo; pero lo que no tiene sentido es que lleguemos a situaciones de “parálisis por el análisis”.

Si eres jefe, te pagan por decidir.

No es la única de las capacidades que tendrás que tener, pero sí es imprescindible en tu perfil. Tienes que ser capaz de decidir y de asumir que toda decisión conlleva un cierto nivel de riesgo y una probabilidad de equivocarse, sin que eso te paralice. Y tienes que ser capaz de que calibrar el grado de análisis que requiere cada toma de decisión, obviamente según la envergadura del proyecto.

Si trato de aplicar el sentido común, creo que para que un proceso de decisión tenga sentido, y la fase de análisis sea buena, tendremos que plantearnos las siguientes cuestiones:

  1. ¿Cuánto me estoy jugando? ¿Cuánto cuesta llevar a cabo mi proyecto?
  2. ¿Cuánto puedo perder por no llevar a cabo el proyecto?
  3. ¿Cuándo tiene que estar terminado el proyecto? ¿Cuánto tiempo me llevará la ejecución? Nunca debes comerte el tiempo de ejecución con tiempo de análisis, porque lo más normal es que en la ejecución tengas desviaciones y debes contar con ellas. Murphy existe; ponte en el peor escenario.
  4. ¿Cuánto me cuesta no terminar a tiempo?¿Cuánto dejo de ganar o cuánto pierdo diariamente por no tener mi proyecto disponible?

Vamos, que te plantees  hacer un caso de negocio previo aunque sea un tanto burdo, para poder calibrar en consecuencia el análisis que requieres. No requerirás el mismo análisis si tu empresa se está jugando una inversión millonaria, que si tu proyecto cuesta sólo unos pocos euros.

Y en función de ese caso de negocio previo, calibra el análisis que requieres, y también su coste…. ¿cuánto te cuestan los datos que van a refrendar (o no) la decisión de seguir adelante con el proyecto?¿Con qué recursos cuentas para hacer el análisis?

Y ejecuta el análisis, sí. Pero una vez concluido, TIENES QUE TOMAR UNA DECISIÓN. Tómala, y decide si te embarcas en el proyecto o no. O al menos, si es que requieres de otra autorización superior, presenta tu decisión para aprobación. Porque el hecho de no tomar decisiones, también tiene costes; quizá nunca te hayas parado a pensarlos, pero resulta que es así:

  • ¿Te has parado a pensar cuánto cuesta el tiempo que va a dedicar tu equipo a rehacer o para aportar más datos al análisis?¿Cuánto pierdes por no tenerlos dedicados a otra tarea?
  • ¿Te has parado a pensar el cabreo que genera el hecho de que tú no te decidas a descartar o a seguir adelante, o que ni siquiera presentes su trabajo a la dirección? Muy posiblemente te perciban como un tapón, y eso resulta absolutamente desmotivador. Si en tu opinión el análisis se ha quedado corto y debe ampliarse, ocúpate de justificárselo muy bien al equipo.

Por si te sirve de inspiración, he encontrado un par de frases de Steve Jobs, que algo de esto debía saber, que me han parecido concluyentes y que instan a tomar decisiones:

La primera: “Cuando se innova, se corre el riesgo de cometer errores. Es mejor admitirlo rápidamente y continuar con otra innovación.”

Y la segunda: “Estoy tan orgulloso de lo que no hacemos como de lo que hacemos.”

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