Y no basta con tener las semillas, si no que tendrás que cultivarlas, regarlas, abonarlas…

No, no es que hayamos cambiado la temática del @balcon40 y ahora nos dediquemos a la horticultura. Este comienzo se debe a que en el post de hoy quiero reflexionar sobre cómo las empresas renuevan sus plantillas o las amplían, y especialmente al proceso de incorporar jóvenes talentos. Y es que en este proceso yo creo que en la mayoría de los casos hay mucho recorrido de mejora, por lo que veo a mi alrededor.

No basta con captar becarios avispados, si no que hay que invertir en ellos y preocuparse por su formación.

El proceso de capacitación además creo que no sólo debe constar de una serie de cursos programados, si no que debe involucrar a toda la empresa. A todos en la empresa, mejor dicho. Hay que traspasar roles, tareas, compartir conocimiento, y eso requiere de la colaboración y el esfuerzo de todos.

Como cuarentona, y con unos cuantos años de trabajo en distintas empresas y áreas en la mochila, he conocido el proceso de incorporación de múltiples compañeros, y  los ha habido de todo tipo: desde casos de utilización de becarios, como mano de obra barata para trabajos absolutamente por debajo de su cualificación, hasta excelentes programas de entrenamiento y mentoring para ayudarles en sus primeros pasos.

Y lo que me queda claro a fin de cuentas es que quien no siembra, no cosecha:

  • Si no dedicamos tiempo para formar y orientar a un recién incorporado, no podemos esperar que rinda con esa fuerza que le imprime su juventud. Bien está que parte de su formación dependerá de su propio interés y esfuerzo, pero los que estamos a su alrededor debemos facilitarle los medios.
  • La formación, mejor desde un primer momento, y no cuando el becario o recién incorporado se haya cansado de esperarla. Si no iniciamos el proceso formativo a tiempo, conseguiremos cansar y desmotivar; es muy posible que nuestro nuevo compañero busque otra ocupación y nos abandone, que a fin de cuentas poco le liga a nosotros.
  • Pero es que además, cuanto antes inicie una persona su ciclo de formación con nosotros más fácil será que se adapte a “nuestras formas y modos de trabajo”. Sí, sé que esto resulta bastante egoísta así contado, pero si educamos sin vicios desde el minuto cero, mucho mejor, ¿no? No me refiero a no dejar a la persona libertad para decidir en el trabajo, pero cada empresa y su cultura marcan procesos y formas de hacer en el día a día, y eso hay que aprenderlo.

Como en todas las cosas, estaría bien si sabemos distinguir entre lo importante y lo urgente… Invertir un rato diario en la formación de una persona nueva puede no ser lo más urgente que tengas entre las manos; pero sin duda es muy importante. Seguro que podrás rentabilizar la inversión si va a ser tu compañero, y seguro que tu empresa también la rentabilizará; y por ello debería preocuparse en facilitarte la tarea de ejercer de profesor: requiere tiempo y medios que deben poner a tu disposición.

Si pensamos como empresa, los jóvenes son el futuro, y mantener una plantilla actualizada y capacitada es fundamental para nuestra supervivencia. No podemos pretender que una persona rinda desde el primer día que se incorpora en su puesto de trabajo, y debemos preocuparnos de su formación. E igualmente no debemos permitir que el conocimiento se pierda cuando los mayores o no tan mayores se nos marchan. Hay que preverlo, organizarlo e involucrarse.

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