Como ya habréis comprobado en algunos de mis post anteriores, soy una fan del refranero español, que me parece encierra la sabiduría de muchas generaciones concentrada. Y este del título es uno de los que más me gustan: recomienda no juzgar a las personas por su aspecto externo, pues no siempre el exterior corresponde al interior; muy recomendable.

De hecho lo que quiero contar hoy no hace referencia a las personas en concreto, si no a las propias empresas, que también tienen su personalidad, y se quieren vestir con un atuendo que oculte lo que realmente son…. Y es que, ¿se visten o se disfrazan? ¿Habéis dedicado alguna vez 15 minutos a leer sobre Misión, Visión o Valores Corporativos, y lo que cada empresa publica sobre sí misma?

Obviamente hay (…o habrá) empresas fantásticas, que efectivamente pueden tener a gala todas esas parrafadas en sus webs corporativas sobre sus valores y su misión en la sociedad. Pero, francamente, cuantos más ejemplos de empresas que conozco leo, más pienso que las empresas sufren una presbicia gravísima y tienen una imagen de sí mismas absolutamente desvirtuada, o simplemente nos quieren mentir descaradamente… y eso me cabrea…

Y de ese cabreo, surge mi recomendación para los señores de Comunicación en las empresas, para que trabajen durante el mes de agosto, que es más tranquilito y da tiempo a reflexionar: ¿Por qué no revisan Uds. lo que pone en sus webs y ya de paso elevan una queja para que la dirección de la empresa tome una decisión? O bien se ponen a trabajar para que lo que allí está publicado se convierta en verdadero en el corto plazo, o bien reconocen que aquello no es acorde con la realidad y deciden rectificar con la verdad.

¿Qué es eso de que “mi misión es ofrecer el mejor servicio al cliente” si luego no hago más que ponerle pegas para hacer cualquier posventa, o le tengo esperando 3 horas de reloj en un call center con coste?

¿Qué es eso de que “soy transparente” si resulta que hago firmar unos contratos con letra ilegible y llenos de cláusulas que nunca se le explican debidamente a los clientes y que les mantienen atados en contra de su voluntad? ¿Qué transparencia hay en una factura que el 80% de los clientes no son capaces de interpretar?

¿Y cuando hablamos de “innovación” y resulta que internamente le pegas un batacazo a cualquiera que pueda proponer un cambio o no empujas el hecho de que fluyan las ideas?

No vale con decir, Sres. Directores/Consejeros… HAY QUE HACER. Podrán Uds. pagar a los mejores publicistas; pero si los valores que dicen abanderar no los tienen interiorizados, más temprano que tarde quedará al descubierto: porque los valores se transmiten con hechos…. Y sepan Uds. que se coge antes a un mentiroso que a un cojo.

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