Leí hace poco una reflexión de Iván Ferreiro acerca del tenista Rafael Nadal. Decía Iván que Rafa Nadal es “un ejemplo de mierda para los niños” criticando duramente la característica principal de Nadal, el no rendirse ante las adversidades. Seguía diciendo Ferreiro que “le toca los huevos para mal, Nadal”. Eso de ir a jugar un partido medio lesionado era “el ejemplo de mierda” al que se refería anteriormente y que esa actitud no era más que un gesto de egoísmo de un millonario con la vida resuelta, que iba en contra de todos los esfuerzos llevados a cabo por los trabajadores durante muchos años para conseguir que cuando nos encontramos mal, no sea necesario ir a trabajar.

Reconozco que tuve que buscar en Wikipedia quien era Ivan Ferreiro. Es el antiguo solista del grupo musical Los Piratas y ha publicado diez discos en los últimos dieciocho años, el último de ellos hace muy poco. Uno de esos discos llegó a alcanzar el número 4 del ranking de ventas. Me dio un poco la sensación de ser la típica declaración altisonante que sirve para que se hable de él justo en el momento en el que publica un nuevo disco y, en mi opinión, Rafa Nadal puede ser cualquier cosa menos un ejemplo de mierda.

Pero sí que es verdad que las palabras de Iván Ferreiro me hicieron reflexionar acerca de lo que se espera de nosotros en el trabajo. Muchas veces nos piden que tengamos fortaleza y se valora muy positivamente que una persona aguante hasta las mil en la oficina, que si tiene una tarea que hacer la complete en fin de semana o que madrugue lo que sea preciso para entregarlo a tiempo, y que si no aplicas esos métodos, eres débil y no mereces el sueldo que te pagan.

Como casi siempre, la virtud está en el punto medio. Me repatea la gente que responde con un “eso yo no lo llevo” para escaparse de hacer la más mínima tarea que exceda en un milímetro aquello que se supone que es su cometido, aunque no le cuesta nada echarte una mano y ayudarte a salir de un atolladero. Pero morir en el intento de llegar a ser el empleado del mes todos los meses tampoco es lo deseable. La gente realmente inteligente es aquella que pide ayuda en el momento adecuado, ni tras el primer revés ni cuando la situación ya se ha vuelto irreversible. Para tener resistencia es obligatorio descansar y para descansar, a veces hay que parar y pedir ayuda. Saber hacerlo en el momento adecuado es, en mi opinión, un gran talento.

Para algunos pedir ayuda es ir directamente a interferir en el trabajo de otro y pretender que te hagan tu trabajo. Pero hacerte el duro en exceso es una de las principales causas de enfermedades mentales en el trabajo. La clave es conocerse a uno mismo y hacer un poco de introspección para conocer donde están los propios límites de cada uno y cuáles son nuestras fortalezas, debilidades, límites y capacidades. Hay que comenzar analizando el motivo por el que estamos sobrepasados, saber si es una situación transitoria o si va a ser lo habitual y luego transmitir que esa necesidad de ayuda es en realidad un signo de compromiso y responsabilidad porque si no recibimos ayuda, el proyecto no va a salir bien. Y por supuesto, es muy importante tener a quien pedir ayuda (un compañero, tu jefe…) porque no hay peor sensación que la de necesitar que te echen una mano y no tener a quien recurrir.

En definitiva, antes de llegar al límite hay que saber pedir ayuda, de una forma natural, como una muestra de que te importa lo que suceda en el proyecto, porque no todos somos Rafa Nadal. Aunque tampoco estoy de acuerdo con que esforzarse para cumplir un objetivo sea un ejemplo de mierda para nadie. Lo dicho, todos somos diferentes y, normalmente, en el punto medio está la virtud.