Sé que la he cagado. Que me he metido en un jardín de difícil salida. Que he cometido el error que cambiará mi vida profesional y personal para siempre: He compartido mesa y mantel con un colectivo especial… Y ell@s, me han revelado un terrible secreto: Puede que estemos muertos, laboralmente hablando, y que encima no lo sepamos.

Así que, hoy, de vuelta a la oficina, veo zombis por los pasillos, en las mesas, mirando distraídamente su móvil en las reuniones, tomando café confiados en el office… Y cuando yo misma me miro, como el Miguel de Coco, veo que quizás una parte de mí ya esté muerta.

Porque, confieso que, en ocasiones, mi único afán de que acabe el día sin que se rompa nada. Y confundo acudir a mi trabajo, con aportar a la organización. Y entonces, encajo como un guante en la definición de zombi que hace la Real Academia: “Atontado, que se comporta como un autómata”.

Tal vez no cumpla al detalle los requisitos para ser un zombi corporativo: no hacer ruido, no destacar ni por brillante ni por nefasta pero sí por la habilidad de estar en la foto cuando hay que estar. Pero no ser un zombi perfecto no me libra de la duda… ¿Hasta qué punto ya estoy muerta profesionalmente o acaso tenga esperanza?

¿Qué síntomas presenta un zombi laboral?

Mire donde mire veo los síntomas que, según me cuentan estos profesionales lozanos y frescos, los delatan:

  • No reconocen sus talentos, porque ni los buscan ni escuchan a quienes se los hacen notar. Elena Arnaiz dixit
  • No visten la camiseta, no ayudan a su empresa a generar confianza. Clama desesperada mi queridísima Eva Collado.
  • Hacen negocios sin antes tratar de hacer amigos. No consideran la venta como el elemento que mide su valor profesional. Afirma con convicción Francisco Alcaide.
  • No tratan de anotar puntos, sino que están más preocupados por golpear a quien los intenta anotar. Apunta Jonathan Escobar
  • No confían. Dice enigmática Laura Chica. Y ahí lo deja…
  • Ni viven como si fueran a morir mañana, ni son capaces de aprender como si fuera a vivir para siempre. Añade Andrés Ortega
  • No cuentan con las personas. Ni conocen ni escuchan diferentes puntos de vista. Aporta Meme Romero.
  • Ni leen, ni se interesan, ni comparten el conocimiento. Como hace y anima a hacer Ana Reyes Lorenzo
  • Insisten con cara agria en que nadie les ofrece la oportunidad que se merecen, pero ni siquiera piensan en tratar de “construir” su propio trabajo. Se desgañita Belén Varela
  • No entienden que esta “puerta” se abre desde dentro y que sin una visión positiva, apasionada y con foco en las personas que les rodean, nada es posible. Como la que aporta Almudena Lobato.
  • No incluyen el talento en su ecuación. Concluye Alex Durán

Entonces, vuelvo la mirada a mi ombligo y, lejos de tenerlas todas conmigo, me preocupo. Así que mejor me ocupo. Porque, ante la madre de todas las preguntas, me arrugo.

¿Qué pasaría si hoy perdieras tu trabajo?

Los zombies llevan más medio siglo entre nosotros como protagonistas de películas y series. Supongo que la creencia de que, los muertos andan errantes, esperando revivir, es tan vieja como el hombre. Aunque en todas, el “muerto” siempre necesita de un encantamiento realizado por otros para volver a la vida.

Yo me rebelo ante la idea de regodearme en mis éxitos pasados, pasando los días mientras espero que llegue mi jubilación. Porque, cierto es que echarte no te echan. Hay muchas empresas en las que pase lo que pase, salvo falta grave, no ocurre nada… Pero ¿Qué pasaría si perdiéramos el trabajo al que hoy vamos? ¿Seríamos capaces de encontrar un nuevo trabajo de similares características?

Y decía haber cometido un grave error porque, después de estas “revelaciones”, ya no me queda otra que dejar que otros sean quienes se apalancan en el trabajo de los demás, haciendo ver a todos lo ocupadísimos que están, pero sin aportar nunca nada en proyectos ni en reuniones. Yo elijo seguir ilusionándome por el trabajo o creando a mi medida un proyecto que me anime. Relacionándome con quienes me aportan, buscando la satisfacción en abrir nuevos caminos.

Supongo que buscar el pétalo dorado que te devuelva a la vida va de retomar valores y de pensar activamente en quién eres, dónde estás y hacia donde te quieres mover.

En las pelis, quienes están muertos no suelen saberlo. Al menos no de primeras. Aunque haya quien, como Rubén Montesinos, sepa reconocerlos. La buena noticia es que, a pesar de lo que nos cuentan las pelis, volver a la vida profesional, aspirando a jugar de nuevo en primera división, está enteramente en nuestras manos.

Y saberlo, debería quitarnos el miedo.

@vcnocito

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