Yo tengo un “secreto” que me ayuda a conseguir mis objetivos de mejora personal. Muchos años de ejercicio profesional me han enseñado que lo que no se mide no se puede mejorar. Y aunque no sea posible hacerlo fetén, siempre puedo encontrar una variable a la que agarrarme para saber cómo va cambiando la cosa. Así que gestiono mis sueños como cualquier otro proyecto, poniéndoles números.

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) es ese “desde mañana empiezo” que a todos nos asalta con alguna actividad de esas que mueven en el ámbito del “debería”. Sabemos que tendríamos que ponernos ya… pero aun cuando tengamos claro que nos perjudica no hacerlo, lo retrasamos tanto que lo dejamos para nunca. Porque nunca encontramos el momento.

La procrastinación tiene que ver con la pereza que nos da cambiar, pero también con la valoración subjetiva que hacemos de nuestros progresos. No puedo estar más de acuerdo con Rober, cuando afirma que, para alcanzar aquello que nos proponemos, debemos cambiar pequeñas cosas tangibles hasta que acabemos cambiando nuestros hábitos. Nos gustaría adelgazar, dejar de tomar tanto café o llevarnos mejor con nuestro jefe… Pero, ¿cuántos nos descubrimos proponiéndonos lo mismo una y otra vez, hasta dejarlo como un imposible?

Hay quien piensa que todo es cuestión de disciplina y de voluntad. De acuerdo, pero a mí, que peco más que a menudo de flojera y dispersión, me cuesta ejercitarlas. Y como me he demostrado que sola no me valgo, me ayudo de un “ente superior” que me obligue. Me busco un severo tutor que me ponga deberes “de mi talla”, que me examine siguiendo un estricto calendario. Y que me suspenda con castigo si no cumplo o me otorgue pequeñas licencias si voy cumpliendo el plan. Yo, para todo, me hago un cuadro de mando.

Para cumplir con determinación cualquier propósito, despejando de un plumazo los demonios del “a partir de mañana”, no encuentro nada mejor que acotar poniendo números al cambio. A mí me va bien cada vez que me obligo a hacerlo. Además he descubierto que buscar esas magnitudes y esos hitos que harán o no “saltar las alarmas” es ya mucha parte del esfuerzo total que tendré que hacer. Es un mecanismo tan efectivo, que cuando me descubro escaqueándome de esta fase, sé que no voy en serio con eso que digo haberme propuesto.

¿Cómo cuantificamos nuestras buenas intenciones?

Yo lo hago contestándome por escrito a estas cinco preguntas.

Puedo…, pero ¿realmente quiero? 

Evidentemente la primera premisa es que tus objetivos sean realistas y alcanzables. Aquí no aplican las metas muy a largo plazo, sólo entra lo verdaderamente realizable. Lo que está en consonancia con tus capacidades (lo que realmente puedes hacer) y con tus valores (estar seguro de que realmente lo quieres hacer). Esto es más importante de lo que parece porque si no “sientes los colores” de tu proyecto, si no te implicas en cuerpo y alma, mal comienzo. Son muchas las veces que confundo posibilidad  (que pueda suceder) con probabilidad (la gasolina que pongo para que suceda). Y así, ya me he dado cuenta de no hay manera.

¿Para qué?

Fundamental antes de iniciar cualquier camino es saber, no tanto a dónde vamos, que a veces mola decidir el destino sobre la marcha, sino para qué emprendemos ese viaje. Creo en el “hacer camino al andar” pero me cuesta mantener esfuerzos cuando no vivo la utilidad clara y tangible de hacerlo. O el placer claro, pero para hacer las cosas que me gustan no necesito ningún plan :-). A mí me ayuda vislumbrar el premio antes de comenzar la carrera. Me impulsan las zanahorias mucho más que los palos.

¿Cuánto?

Esta es la madre de todas las preguntas. Una vez que me comprometida con un proyecto que he matizado a la medida de lo que quiero y lo que puedo, yo no doy un paso sin antes ponerle números. Me hago mi cuadro de mando, mi cronograma. Busco mis KPIs, mis indicadores de rendimiento y lo cuantifico todo. Medir avances no es sólo una manera de saber cómo vamos. Medir ayuda a corregir esas desviaciones que, producto de la pereza o de las dificultades, van a aparecer seguro. Hay cosas que no se pueden medir pero siempre puedes encontrar una versión cuantificable de tu propósito. “Ser más ordenado” podría reclasificarse en “no dejaré  ni un solo zapato fuera de su balda” o “haré una revisión de los extractos del banco todos los 30 de cada mes”.

¿Cómo?

Las intenciones, al igual que las ideas, son casi todas de carácter puro y elevado. Pero son los medios los que marcan diferencias.  En cualquier proyecto, la excelencia en la ejecución es clave para el éxito. Es difícil asegurar la cumbre cuando ni siquiera has pensado en que te harían falta unas botas adecuadas. Quedarnos en la formulación del objetivo sin dedicar un segundo a ver qué necesito o qué me puede ayudar es hacer oposiciones al fracaso. Más de una vez he subestimado la importancia de la preparación y así me ha ido. Pero he aprendido leyendo la historia de Amundsen y Scott 🙂

¿Cuándo?

Saber que el tiempo se agota es acicate. Yo diría que es imprescindible fijar un horizonte temporal para determinar el éxito o el fracaso de tu plan. Aun cuando no haga ninguna falta fijar una fecha. Es verdad que no pasa nada si no has adelgazado esos 5 kilos en marzo, que aún te quedará tiempo para la operación bikini. Pero algún día tienes que fijar el examen. Saber si has aprobado o debes repetir curso no sólo será, o no, un momento de orgullo para ti, sino que te ayudará a saber si tu método funciona o se queda corto. Si te vale con los recursos con que cuentas o tienes que pertrecharte de algo más. Y esa reflexión te será tan útil como el hecho de haber conseguido eso que te proponías.

Cada maestrillo tiene su librillo. Yo os comparto el que me funciona a mí. Cumplir propósitos se me antoja tan difícil y a la vez tan necesario para llevar las riendas de tu vida que estaría muy agradecida si, bien comentando este post o bien en privado, me compartís vuestras muletas en este viaje.

¡Feliz 2018! ¡Que cumpláis todos vuestros sueños!.

Y no digo “que se cumplan” porque, al menos yo, estoy convencida que sin un plan, los míos rara vez se cumplirán.

@vcnocito

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