¡¡Qué fácil es pedir!! Qué poco nos cuesta, y qué grande tenemos todos la boca cuando de pedir se trata. A todos nos sobran los argumentos, porque YO soy mejor que los demás, porque YO lo valgo, porque YO me lo he ganado, porque YO soy quien más se ha esforzado…¡¡Cuánto ombliguismo!!

Pero si algo he aprendido a lo largo de mis años de trabajo es que a los que no tenemos un padrino, nadie nos regala nada. Y si de hecho se nos concede algo después de haberlo pedido, aún cuando efectivamente nos lo merezcamos, es porque quien lo concede espera algo a cambio: más esfuerzo, más horas, más dedicación, más responsabilidad…. NADA ES GRATIS.

Así que os planteo para hoy la siguiente reflexión: ¿de veras estáis dispuestos a corresponder?¿Os lo habéis pensado bien?¿De veras queréis asumir ese reto?¿Es tan jugoso lo que se te ofrece a cambio?

Porque si somos medianamente serios en el trabajo y consecuentes con nosotros mismos, antes de aceptar eso que pedimos deberíamos tener muy claro cuánta carne estamos dispuestos a poner en el asador, ¿no? Vamos, que si se nos concede un aumento de sueldo, un puesto de jefe, un proyecto especial más bonito que el de los demás después de haber estado pidiéndolo, debemos tener muy claro que NO ES UN REGALO, sino algo por lo que vamos a tener que pagar un precio desde el momento cero. ¿Lo asumimos?¿Nos compensa?

Vamos a ver, que quizá estoy planteando este asunto desde un punto de vista un tanto negativo y parece que cuando nos conceden un ascenso o un proyecto de nuestro interés en realidad es siempre un dardo envenenado y nunca lo deberíamos aceptar, y no es esto lo que quiero decir. Lo que quiero simplemente es que reflexionemos, y que como buenos profesionales seamos siempre coherentes, especialmente con lo que pedimos si es que no queremos quedar en evidencia. Así pues, si vamos a pedir algo, quizá sea bueno que nos hagamos antes las preguntas en negrita de más arriba. Y si no, quizá mejor no abrir la boca.

Además de la reflexión que acabo de plantear, hay un punto más que puede ser interesante tener en cuenta hoy sobre esto de pedir… ¿Os habéis planteado el efecto que tiene en los que os escuchan vuestras peticiones? A ver si me explico:

  • Una cosa es pedir algo concreto, definido, pensado y argumentado. Quizá en este caso vuestro jefe o aquel al que le estáis pidiendo algo os tenga en cuenta, porque se percibirá una cierta seriedad en vuestra petición. Vamos, que el que os escucha pensará que de veras estáis apostando por algo y vais a poner la carne necesaria en el asador.
  • Y otra cosa es lloriquear por las esquinas…. que sí, que hay quien lo hace también, y se dedica a pedir de continuo todo en general y nada en particular. Vamos, que si actuas de esta manera te vas a acabar convirtiendo en “el llorica de turno” al que nadie va a tomar en serio. ¡¡No tiene sentido eso de pedir por pedir, por si cae algo!! De hecho si actuas así lo que te puede ocurrir es que lo utilicen en tu contra en algún momento, y vengan a traerte a la mesa cualquier proyecto envenenado que te verás obligado a aceptar; será muy fácil colocártelo con el simple argumento de “este es el proyecto que estabas pidiendo a gritos”, y difícilmente lo podrás rechazar, porque te pondrías tú mismo en evidencia.

En fin, que antes de pedir, piénsate muy clarito si quieres que de verdad se te conceda.

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