No soy de los que opinan que su jefe tiene que tener una cualificación técnica tal que sea capaz de resolverte los problemas del día a día que se te presenten en el trabajo. Quizá en determinado momento, al principio de mi carrera laboral, sí que buscaba en mi jefe esa cualidad de “profesor-tutor” del que poder aprender el manejo de herramientas técnicas, o la capacidad de ilustrarme a la hora de resolver problemas a los que yo no llegaba… Pero hoy no.

Pasados unos años de aprendizaje técnico, valoro mucho más otras cualidades en un jefe.

Todos evolucionamos, y creo que a día de hoy sé sacarme las castañas del fuego sobradamente cuando me encuentro con un problema técnico. Cada vez uno se vuelve más autodidacta, más peleón, y sabe moverse en el entorno para aprender o pedir ayuda, sin la necesidad de acercarte a ese jefe-guía que te ayudaba con los primeros pasos sobre el terreno. Llega un momento en el que no sirven de mucho los conocimientos técnicos de un jefe, si no que lo que uno necesita es que me resuelva problemas de mayor calado, porque también las tareas que se le encomiendan a uno como experto tienen en general más enjundia.

Ese es el momento en el que un jefe tiene que demostrar de veras lo que vale, o si vale. Porque la experturía técnica todos la podemos alcanzar con el tiempo, y sin embargo pienso que hay determinadas habilidades de liderazgo y de gestión propiamente que resulta muy difícil adquirir. Son más bien innatas, y es ahí donde se diferencian los jefes: donde destacan los jefes excelentes respecto a los jefes aceptables o malos. Cuando las dificultades crecen, es cuando un jefe necesita desplegar las plumas y tirar de las habilidades de gestión:

  • Gestión de relaciones externas, para despejar el camino a su equipo en lo que a temas políticos con otros departamentos se refiere; para negociar colaboraciones o prioridades con otras áreas. En mi caso, en general no necesito que nadie me enseñe cómo ejecutar la tarea que me han encomendado, pero a veces sí necesito que defiendan mi posición.
  • Gestión interna del trabajo:
    • Un jefe tiene que saber enfocar el trabajo, y orientar el resultado final. Porque entre otras cosas él debe tener la visión suficiente como para ser capaz de encajarlo en el contexto de la empresa…. Y si no es así, que se aplique el refrán ese de “el que quiera saber, a Salamanca a aprender”, y que se plantee si no le queda grande el puesto de jefe.
    • Un jefe tiene que ser capaz de calibrar y repartir recursos adecuadamente. No todas las tareas son iguales; ni siquiera parecidas. Y si bien es cierto que para concluir un proyecto hará falta dividirlo en tareas y ejecutarlas todas, quiero que mi jefe sepa calibrar el trabajo que conlleva cada una de ellas y la capacidad de los recursos que asigna a cada una para ejecutarlas. Un jefe que no conoce quién en su equipo puede ejecutar qué, y que lo único que se limita es a asignar bullets a personas, como si todo fuese la misma cosa, no es más que un torpe.

Y ojo, que aquí apunto un tema más, y es que para ser capaz de calibrar la dificultad y la cantidad de recursos que conlleva una tarea, hay que tener un cierto conocimiento técnico. Y si no lo tienes, deberías tener la humildad suficiente como para preguntarle a tu equipo, a los que saben, sobre tiempos y dificultades al menos. Y llegados a este punto de la humildad, también es cierto que “Lo que la natura non da, Salamanca no lo presta”.… ¡¡Una lástima!!

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