Tengo desde hace tiempo una sensación que quiero compartir con vosotros, y es que creo que los seres humanos, al menos los que habitan a mi alrededor, nos estamos volviendo muy, pero que muy sabios. Y no sólo eso, sino que además nos acuden unas ansias irrefrenables de compartir nuestra sabiduría con quienes nos rodean, imagino que con fines profundamente filantrópicos de convertir a estos en sabios también. Me explico en Román Paladino para que me entendáis mejor: ¿por qué narices nos creemos últimamente los humanos que sabemos de todo? ¿Por qué opinamos tan a la ligera sobre cualquier tema? ¿Por qué tratamos de hacernos hueco a codazos para asumir papeles que no nos corresponden? O bien esto son daños colaterales de la “Sociedad de la Desinformación”, de las redes sociales y de los servicios de mensajería “a go-go”, o es que estamos muy desocupados. Y ya se sabe, que cuando el diablo está ocioso, mata moscas con el rabo….

Para que sepáis de lo que hablo, ilustro con algún ejemplo de mi entorno cercano:

Como madre, estoy incluida en varias listas de whatsapp y correo con el resto de padres de las clases de mis hijos. Se supone que son herramientas para estar al tanto sobre agenda y temas de interés general sobre la educación. Pero no; nada más lejos de esa utilidad… la mitad de los cientos de mensajes sirven para “opinar” y sobre todo para criticar negativamente sobre cualquier indicación del cole al respecto de temas variopintos y de profundo calado, como por ejemplo el día que se ha elegido para la excursión, o el color de la camiseta que tienen que llevar los niños el día del festival.

Como trabajadora en mi empresa, participo en multitud de proyectos junto con otras áreas. Y lo que observo en las reuniones y las comunicaciones – listas infinitas de correos anidados – es la facilidad que tenemos cada cual para opinar sobre el trabajo que ha de ejecutar otra unidad, y sobre temas en los que no somos especialistas… ¿no tenemos bastante con nuestra función y con la parte que nos toca ejecutar?

Como ciudadana observo atónita el devenir político en mi país, y cómo se suceden acontecimientos que nos cuestan mucho dinero a los contribuyentes por el hecho de que los políticos que encabezan la gestión de las Instituciones no son capaces de asumir el papel que han de jugar y restringirse a sus competencias. Y son luego los Tribunales los que se pasan 4, 5, ó 6 años trabajando en dirimir responsabilidades y derogando la ley de turno….

Como usuaria de Internet, alucino. Esto ya es el summum del “me meto donde no me llaman”, y ahí tenemos a Google Fiber mandando multas a los sospechosos de hacer descargas ilegales, en un acto de conciliación o mediación con los denunciantes de la vulneración de sus derechos de autor. ¡¡Toma ya!! Ahora resulta que Google es mediador, abogado, procurador y juez, todo en uno. Ya comenté en mi post Caraduras 2.0 el papel que asume Facebook con su proyecto Internet.org…..

¿Qué nos ocurre últimamente? ¿Somos conscientes de la cantidad de trabajo improductivo que genera nuestra facilidad para darle a un botón y distribuir información a día de hoy? Y sobre todo, ¿por qué creemos que si no lo hacemos, parece que somos menos que otros? ¿Tanto necesitamos alimentar nuestro ego que a todas horar tenemos que meternos donde no nos llaman? Lo dejo para vuestra reflexión.

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