“Estoy hasta arriba”, “No tengo tiempo”, “ojalá pudiera, pero…”

Todos ellas buenos motivos que nos impiden una y otra vez ponernos al tajo de lo que en realidad deseamos hacer.

O decimos desear.

Porque la realidad es que, la verdadera utilidad de estas y otras frases similares es su tremenda utilidad para blindarnos del juicio ajeno. Y también del propio.

Tapan nuestros miedos más íntimos, nuestras perezas más inconfesables y nos proporcionan las mejores anteojeras que el hombre ha sido capaz de inventar para no ver todo aquello que no estamos dispuestos a ver.

Que esas ideas geniales que no tenemos tiempo de aterrizar no son ni de lejos tan geniales como nos gusta creer. Que el agobio real de una agenda saturada es la perfecta tapadera de nuestra incomodidad a saltar del charco, que decimos que nos tiene hartos, pero que en realidad nos tiene la mar de calentitos.

Que las excusas pesan como losas, impidiéndonos alzar el vuelo, es una realidad. No conozco invento mejor para tapar tus “malos actos”, tus justificaciones para “no-hacer” o tus razonamientos para no mirar más allá de tus narices.

¿Quién podría culpar a alguien que “se deja la piel” en tu trabajo? 😊

Tal vez por eso, las excusan tengan tan mala prensa.

Muchas veces se la merecen. Pero no siempre.

A mí me parece que las excusas también pueden ser de lo más útil.

Yo al menos las uso a menudo como palancas que me ayudan a combatir pereza y procrastinación, que me ofrecen apoyos a mis vulnerabilidades. O que me ayudan a levantar muros infranqueables para defender territorios que, honestamente, no soy capaz de proteger a pecho descubierto.

Déjame que te muestre la otra cara de su moneda.

Vamos con las más frecuentes

 “No sé hacerlo”

Vale, perfecto para alimentar tu pereza, para proteger tu ego ante lo que podría salirte mal o para dejarlo todo para nunca.

Pero todo cambia si le añades el apellido de “todavía”.

Entonces te picas y se convierte en un estímulo para el aprendizaje potente como pocos.

Compartir un “no sé hacerlo todavía, ¿me ayudas a aprenderlo o me recomiendas por dónde empezar?» abre la puerta a pedir formación, acompañamiento o ayuda, bajando expectativas propias y ajenas y conformando un contexto donde crecer sin tanta presión.​ ¿Quién se niega a prestar su ayuda? ¿Quién machaca a quien se declara aprendiz con todas las letras?

 “No tengo tiempo, estoy hasta arriba”

Ideal para esquivar esos asuntos incómodos a los que nos tendríamos que poner, escondiéndolos detrás del calendario. Anestesiando la culpa con la idea de un mañana por el que rezamos para que no llegue nunca.

Pero consigues que llegue el día si esta constante falta de tiempo te sirve de disparador para revisar tu agenda, auditar tu carga y tu aporte de valor real y tus vueltas en círculos, negociar prioridades, dejar de hacer cosas, delegar tareas y poner límites.

Esa excusa, bien traducida, es el mejor entrenador que hay en priorización, asertividad y foco.​

 “Es que soy así”

Inigualable para justificar esas reacciones automáticas que sabes que no proceden, librándote de autocuestionarte.

Pero si la usas como punto de partida para entender tus por qués y qué podrías hacer diferente es llave mágica para abrir esos procesos de autoconocimiento que son la base para trabajar nuevas habilidades emocionales que irán poco a poco modulando  tus respuestas sin dejar de ser tú.​

«No es mi responsabilidad”

Magistral escape para no salirte de tu carril de seguridad, evitando líos propios y ajenos.

Pero ponerle un punto de rebeldía es un gran acicate para adquirir esa curiosidad proactiva que te lleva desear desbordar los límites de tu responsabilidad directa para llegar donde otros no llegan.

Es la puerta hacia actitudes imprescindibles en una sociedad digital, donde  el intraemprendimiento, la visibilidad transversal y la capacidad de crear y alimentar uan red de confianza, aceleran tu desarrollo profesional al multiplicar tu influencia.​

 “Esto aquí no funciona”

Idónea para sacar el comodín del «mal de muchos» que nos hace culpar de todo al mundo en que te toca vivir, desviando de tu ombligo el dedo acusador.

Salvo que, te permitas introducirle una pequeña variación: “siempre pasa lo mismo aquí; ¿Qué pequeño cambio mío podría romper el ciclo?”.

No conozco palanca mejora para entrenarte en resiliencia, innovación incremental y en una mentalidad de autogestión que agarra el toro por los cuernos, convirtiendo cada frustración en experimentos personales que, a la corta cambian el contexto, y a la larga te dan la fuerza de saber que lo que haces, por pequeño que sea, importa e impacta.

A todas ellas, yo las llamo excusas-gasolina.

Te ayudan a lidiar con situaciones en las que ves cierta dificultad. Te sirven de acicate cuando la pereza o el miedo te pueden.

Y también se ayudan a impostar comportamientos que te gustaría tener, de los que, por el motivo que sea, andas lejos…aún 😊

Te invito a dar la vuelta a tus excusas. Hacerlo es mágico.

Gracias querida Encarna por sugerir con tu conversación este interesante tema.

¡Tomemos mucho más café!

@vcnocito