No tengo ninguna duda de que la Inteligencia Artificial revolucionará la forma en la que trabajamos del mismo modo que internet ya la revolucionó hace 30 años. El impacto será tremendo, y seremos capaces de hacer cosas que ahora nos parecen ciencia ficción y que apenas somos capaces de imaginar.
Sin embargo, también creo que esa revolución no llegará inmediatamente. De hecho, algunas empresas que están empezando a usar la IA en su día a día encuentran en ellas más problemas que soluciones. Por ejemplo, Neil Clarke, editor en jefe de la revista de ciencia ficción Clarkesworld, reconoció recientemente que tuvo que dejar de incluir en su revista los contenidos que generaban sus lectores debido a la avalancha de artículos manifiestamente generados por Inteligencia Artificial, con una calidad bastante baja. Se duplicó la carga de trabajo de la revista, de manera que tuvieron que dejar de publicar contenido de los lectores, pasando a asumir el propio equipo de la revista la generación de esos contenidos. También hay otros problemas a mayor escala, como el publicado en la revista The Verge sobre la proliferación de chatbots para crear páginas web llenas de spam buscando generar ingresos publicitarios.
Los sistemas de Inteligencia Artificial se alimentan de la ingente cantidad de información que hay en internet, y a la vez, internet se está llenando de contenido generado a través de IA, contenido que servirá para seguir alimentando a los algoritmos de Inteligencia Artificial, de manera que se crea una especie de bucle infinito en el que el componente humano casi desaparece. La pregunta es cuántos de estos ciclos tendrán que transcurrir para que la constante recurrencia y falta de novedad de lo que nos rodea provoque que lleguemos a tener una relación con la IA como la de esos matrimonios que llevan cuarenta años casados, donde todo es aburrido, previsible e impera el tedio, pero que sin embargo se necesitan imperiosamente el uno al otro.
El uso masivo de la inteligencia artificial puede conducir a que todos acabemos pensando lo mismo, comprando lo mismo y en general, haciendo lo mismo. Es posible que la mediocridad se extienda por todas partes, incluidos los trabajos, donde todo tendrá una calidad media de seis sobre diez, pero no habrá prácticamente nada que llegue al notable o al sobresaliente, y donde no será nada fácil encontrar pensamiento original.
Pero aquí surge aquello de que en el idioma chino, la palabra crisis significa oportunidad. Estoy convencido de que con la inevitable extensión de la IA en nuestros trabajos, la gente actualmente mediocre será aun más mediocre, mientras que los brillantes destacarán todavía más que ahora entre la mediocridad imperante. Aquellos que sepan usar la Inteligencia Artificial de forma eficiente se convertirán en “los reyes del mambo” en la oficina. Serán los que conozcan mejor como funcionan los algoritmos y por tanto, serán capaces de sacar el máximo potencial de ellos. No es lo mismo pedir a Chat GPT que nos escriba un artículo sobre Inteligencia Artificial que pedirle que genere contenido con detalle sobre casos de malos usos de la IA en el sector periodístico. En el primer caso, el algoritmo escribirá cualquier cosa. En el segundo, al menos ya tenemos de antemano una idea más o menos meditada de un posible efecto colateral de la IA. Entonces, nos ayudará mucho a encontrar algún ejemplo que documente el caso y aporte cuerpo al artículo. Y por supuesto, siempre debemos revisar los resultados generados, porque hay posibilidades de que el algoritmo “alucine” (así se denomina lo que sucede cuando la inteligencia artificial generativa genera contenidos inexactos).
Es importante que los usuarios sean conscientes de los riesgos y los límites de esta tecnología, y que la utilicen con ética, respeto y sobre todo, aplicándole “inteligencia natural” a todo el proceso. Solo así podremos aprovechar todo su potencial para enriquecer nuestro conocimiento y hacer mejor nuestro trabajo.
