Antes de que todos nos pasáramos el día sentados ante un ordenador, hubo un tiempo en el que, encima de nuestras mesas solo había carpetas, libretas, bolis… y un teléfono.

Y es que hablar, fue, durante mucho tiempo la única manera de establecer relaciones profesionales, pero también de encargar proyectos, de presentar tareas o de solicitar una promoción.

¿Os acordáis?

Cuesta hacerlo… con tanto email y tanto mensaje.

Hoy, según un estudio de la Universidad de Texas, casi el 80% de los jóvenes experimenta aprensión y ansiedad si tiene que hablar por teléfono. Puede que pienses que es porque ya nacieron mandando mensajes, pero lo cierto es que muchos de los que ya no somos tan jóvenes, también también estamos cogiendo alergia a hablar por teléfono.

Y por mucho que se nos llene la boca diciendo que estamos deseando socializar en las oficinas, también nos da cada vez más pereza levantarnos de la mesa o descolgar el teléfono, para tratar cara a cara asuntos profesionales

¿Por qué cada vez nos gusta menos hablar?

En contra de lo que pudiera parecer, no es que le estamos cogiendo manía a elegir la voz frente al texto. A lo que estamos cogiendo manía es a la comunicación síncrona.

Vamos, digamos lo que digamos, le estamos cogiendo manía a compartir el momento.

¿La prueba? Los datos indican que hoy ya se envían tantos audios y notas de voz como textos.

Y es que, a pesar de que los “alérgicos digitales” piensan lo contrario, la comunicación en tiempo real es más exigente, porque nos obliga a responder al quite y a mantener una expresión facial y gestual que no siempre coincide con lo que pensamos o sentimos.

Tampoco podemos editar y borrar lo dicho. Por lo que cuesta más controlar esa “versión” de nosotros mismos que queremos mostrar, algo que cada vez nos importa más.

Hay que reconocer, sin embargo que, el tener que conversar “en directo” tiene algunas desventajas respecto al “hacerlo en diferido”.

  • Nunca te las puedes preparar del todo, sobre todo cuando se presuponen difíciles.
  • Inevitablemente, cedes parte del control a tu interlocutor.
  • Hay más riesgo, siempre latente, de que surja de imprevisto una conversación incómoda o una discusión.
  • Además la popularización del teléfono móvil imprime a las conversaciones telefónicas unas desventajas extra que no tenían cuando la comunicación se hacía a una mesa y no directamente al bolsillo de una persona. Las llamadas al móvil son más disruptivas, porque es mucho más probable que pilles al otro en mal lugar o en medio de una acción que le interrumpes.

Pero el verdadero motivo por el cual cada vez las evitamos más es que nos consumen un tiempo que nos cuesta controlar.

Parece que, mientras siempre hay uno que se queda con ganas de más, al otro se le ha hecho eterna. Y es que casi siempre resulta complejo ponerle punto final. Si no sabes poner en marcha eso que los psicólogos llaman rituales de cierre (fórmulas tipo “un placer, como siempre” o “me ha encantado hablar contigo” o transiciones menso sutiles del tipo “pues bueno, ya hablamos”), te toca rezar para que algo o alguien que la interrumpa.

Así que, cada vez más, cada uno busca su táctica para no responder a las llamadas: Desde llevar el teléfono siempre en silencio o ponerse en modo avión para solo estar en cobertura cuando nosotros queramos usarlo hasta dejar que suene la llamada para enviar a continuación un mensaje de “¿Me has llamado?”.

Es un hecho. Las llamadas en el contexto profesional están en desuso. Porque, como nunca sabes cuánto van a durar, con las agendas como las tenemos, preferimos los audios, que sabes antes de escucharlo cuanto tiempo te van a consumir, incluso antes de escucharlo. O que puedes escuchar al x1,5 o x2.

Las operadoras telefónicas confirman que sus clientes prefieren datos ilimitados a llamadas ilimitadas.

¿Por qué es importante la conversación?

Aunque la comunicación asíncrona característica del medio digital tiene indudables ventajas y mucho impacto en la productividad, la comunicación síncrona también tiene sus bondades.

No hace falta ser un experto en neurociencia para darse cuenta de que escuchar una voz crea vínculos más fuertes que un mensaje de texto. Que, aunque hoy prefiramos un mensaje o incluso mandar un audio a llamar, la conexión que buscamos no se establece sin conversación.

También están demostradas cosas como:

  • Que la “postura corporal” y la sonrisa se notan (y si no que se lo digan a los expertos en telemarketing, a quiene recomiendan hablar erguidos y sonriendo)
  • Que ante situaciones de contratiempo o desmotivación, el recibir una llamada telefónica baja el nivel de preocupación o ansiedad y estimula con energía extra.
  • Que conversar mejora la percepción de aceptación y pertenencia de las personas, y con ella la de felicidad.
  • Que la conversación es la base de la interacción social, aspecto que es es crucial para el bienestar psicológico y físico de los humanos.

Tres consejos para mejorar la experiencia de tus llamadas de trabajo

Os invito a recuperar el arte de conversar por teléfono, reaprendiendo para hacerlo en al nuevo contexto digital. Aprendiendo a buscar el mejor momento hacerlo, a cómo aumentar la probabilidad de que te contesten, a cómo acabar la conversación o a darte cuenta de cuándo aburres y cuándo decepcionas.

Hacerlo te dará un valor diferencial como profesional que ayudará a mejorar productividad y también relaciones.

Eso sí, teniendo en cuenta que hoy hay algunas normas no escritas de «protocolo digital» para las llamadas por teléfono.

Son éstas:

  • Nunca improvises una llamada si puedes evitarlo. Envía un mensaje previo consultando la disponibilidad de la otra persona en este momento y pidiendo una cita para llamarle.
  • Indica el asunto por el que deseas hablar en tu mensaje y deja abiertas al otro opciones para que opte por otro canal si prefiere.
  • Da pistas sobre el nivel de urgencia que tienes para ese contacto que estás pidiendo.
  • Si tienes que improvisarla, arranca preguntando al otro si es buen momento para hablar.
  • Acota la duración a 10 minutos como máximo. Porque, según un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard las llamadas rara vez terminan cuando ambos participantes quieren. Parece que la conversación real y la deseada es equivalente a la mitad de la charla.

Llama más durante tu trabajo.

Pero controlando para encontrar el hueco en tu interlocutor y sin irte por los cerros Úbeda al teléfono.

@vcnocito