Fiamos muchas expectativas a la creatividad. Tantas que la creatividad siempre aparece en las primeras posiciones de los rankings de habilidades laborales más necesarias.

No deja de sorprenderme la “ingenuidad”, dicho sea con cariño, con la que en el mundo laboral lo apostamos todo a un palo, sin dedicar el tiempo suficiente a entenderlo, a explicarlo y, sobre todo, a buscar estrategias válidas y asequibles para alcanzarlo.

Aun cuando yo no crea serlo, es frecuente que la gente me califique de persona creativa. Siempre me resultaron un horror aquellos “ejercicios creativos” del colegio en los que la profesora de dibujo se soltaba el pelo pidiendo el diseño de la portada de un disco a quien tan cómodamente vivía tras la escuadra y el cartabón. ¡Nunca he creído serlo!

Si el mundo me otorga un calificativo tan alejado de mi propia conciencia, a mi mente de ingeniero solo se le ocurre una explicación: Estamos hablando de cosas distintas.

Y es que hay tantas interpretaciones del término creatividad como personas.

Lo cual me lleva a preguntarme, ¿podemos fiar nuestra recuperación económica y social a una baza que cada uno interpretamos a nuestra manera?

Con espíritu de contribuir a esa interpretación detallada, comparto hoy algunas lecciones aprendidas sobre la creatividad.

Ser creativo no es ser original

Según Wikipedia, la creatividad es la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos, de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales.

He visto muchas veces cómo la presión por ser original pesa tanto que fagocita todo lo demás, paralizando cualquier intento de hacerlo diferente al imponerse el miedo a no ser suficientemente original.

Y muchísimas veces más como lo que calificamos de creativo no es radicalmente distinto a lo que ya conocemos, sino que simplemente tiene “un toque” que nos provoca, que nos sorprende al ver que “otra versión”  es posible. Y eso es suficiente para inspirarnos.

Para ser creativo no basta con tener mucha imaginación

Hablar es gratis y en España nos encanta hacerlo.

Pero ser creativo no es tener ideas, sino ser capaz de articular proyectos. Sin acción no hay creatividad. Y eso de tener claro el destino para iniciar el camino es un cuento de lo más chino, una excusa la mar de útil… para no intentar nada.

Todo camino, por largo que sea comienza por un primer paso. A menudo pequeño y que casi nunca te lleva a dónde quieres, pero que simplemente (y no es poca cosa) sirve para moverte de dónde estás.

La creatividad no siempre es un proceso individual

En muchos entornos se asocia al genio creativo con la soledad, con un carácter introvertido o con poco interés en las relaciones sociales.

Otra mentira y gorda.

No digo yo que el sabio loco no exista, pero las acciones más creativas en las que he tenido el placer de participar (y creedme que es un verdadero placer) han sido siempre trabajando con otros.

Puede que Steve Jobs creara el iPhone tirando solo de su visión que nadie más podía compartir y  remando en contra de su equipo de diseño, pero la mayoría ni tenemos la fuerza, ni las ganas de ir en contra del mundo.

Mucho mejor en equipo.

Más fácil y mucho más divertido.

Algo que merecerá la pena repetir :-). Y sin iteración no hay creatividad.

La creatividad requiere de estímulos. La creatividad se trabaja duro

Hay quien define la creatividad como la creación de algo nuevo a partir de la nada.

Nada más lejos de la realidad, pues la creatividad pone en juego varios procesos mentales entrelazados, y aun cuando los mecanismos no hayan sido aun suficientemente descifrados, ya queda claro que la memoria es uno de ellos.

Por eso tenemos que leer, que salir, que conversar, que relacionarnos con gente diversa. Que impregnarnos de cuantos más estímulos y cuanto más divergentes podamos.

Y extrapolar lo que vemos a nuestro contexto. Algunos dirían que copiar.

Vale, acepto pulpo. Siempre que si copias cites tus fuentes.

La creatividad surge de la autenticidad

Porque requiere estar, o relativamente liberados de prejuicios, o suficientemente desapegados de la opinión de una gran parte de nuestro público objetivo.

Requiere, sin duda de una cierta “falta de respeto” por las reglas establecidas y hacia la “autoridad”.

Requiere autoestima y confianza en tus propios juicios.

Requiere grandes dosis de valentía. Para quitarnos las “corazas” políticamente correctas en nuestro ámbito profesional y atrevernos a ser nosotros mismos. Para inyectarnos una dosis de vulnerabilidad, desnudando imperfecciones que sin duda otros aprovecharán para machacarnos.

Sin embargo, estoy convencida que aprender a ser nosotros mismos es uno de los procesos más valientes que podemos hacer. Al tiempo que uno de los más necesarios para estimular nuestras “entregas creativas”.

La creatividad va contra natura

Nuestro cerebro no ayuda.

Estamos programados para elegir siempre la opción más eficiente, la que sabemos que funciona sin riesgo. O sea, la de siempre. Pero la creatividad solo surge cuando decidimos ir en contra de nuestro centro de control y elegir otra.

Entonces nos topamos de nuevo con “la policía” que no es otra que la vergüenza o el sentido del ridículo, el miedo al qué dirán. O peor aún, el miedo al fracaso, porque equivocarse jode y nunca va a dejar de hacerlo por muchas conferencias que escuches sobre lo inevitable y positivo que es.

Pequeñas dosis de “corte” son útiles para regular tus instintos creativos. Porque los errores no sirven de nada si no van acompañados de actitudes que te permitan aprender de ellos. Si embargo, ten claro que cuanto más sentido del “qué dirán” dejes entrar en tu vida, más cortas las alas de tu creatividad.

Todos podemos ser creativos

Y más nos vale creerlo, porque casi todos vamos a necesitar serlo.

El primer paso para fomentar nuestra creatividad, es asumir que tenemos que ir un poco o un mucho en contra de nuestra naturaleza.

Por eso la creatividad es algo tan complicado de conseguir en las empresas. Porque va contra nuestra esencia y nuestros procesos mentarles.

Y precisamente por eso hay que trabajarla a tope desde los dos lados: Las empresas, fomentando una cultura donde lo que de miedo sea no proponer, no intentar, no fallar. Dando tiempo y pautas claras y sencillas a la gente para que lo haga. Predicando con el ejemplo y no con una comunicación llena de tópicos ni con mil metodologías donde el protagonista es el post-it.

Y todos nosotros, asumiendo que entran en la definición de nuestro puesto de trabajo, palabras como aprendizaje autodidacta, networking, trabajo en voz alta, intento… y desde luego, muchísimos más ¿y por qué no?

O jugamos todos o nunca surgirá.

Y que, como bien decía el genial Picasso, que la inspiración nos pille trabajando.

@vcnocito