En este blog hemos hablado varias veces sobre los tipos de jefe que te puedes encontrar a lo largo de tu carrera (que cosa hay que sea más reparadora y aliviadora de tensiones que criticar al jefe 🙂 ). Hoy me gustaría detenerme en aquellos que responden “No me traigas problemas, tráeme soluciones” por norma habitual para casi cualquier cuestión. Suelen llevar a gala que dejan autonomía a su equipo para que desarrollen sus capacidades y tomen sus propias decisiones lo que está muy bien pero, ¿no será que realmente están diciendo “no me molestes, déjame y búscate la vida, que para eso te pago”?


Por una parte, esa respuesta denota mediocridad por parte del jefe. Si la persona del equipo no es capaz de encontrar una solución válida a un problema, probablemente el jefe tampoco lo sea porque no está más capacitado que su equipo para resolver ese problema. Denota también falta de empatía con el equipo, que lo quiera o no, es su activo más importante. El problema seguramente es difícil de resolver tanto para el jefe como para el miembro del equipo, pero seguro que aunando fuerzas entre los dos y combinando distintos puntos de vista es más fácil encontrar la solución. Y también denota una cierta falta de profesionalidad. En el sueldo del jefe va el hecho de apoyar al equipo cuando lo necesita, aunque a veces suponga una distracción o un esfuerzo hacerlo. Esa es la diferencia entre jefe y líder. El jefe responderá aquello de “resuélvelo tú” y el líder hará lo posible por ayudar a su equipo a crecer y mejorar prestándole su apoyo y soporte cuando sea necesario.  

Pero también hay quien piensa que entra dentro de tus competencias el ser capaz de resolver los problemas que vayan surgiendo. Lo contrario es poca proactividad y falta de méritos para continuar con tu trabajo. Un equipo que tenga que depender del jefe para tomar cualquier tipo de decisión o encontrar todas las soluciones es un equipo abocado al fracaso. Es imprescindible para que un equipo funcione que esté conformado con gente autónoma y preparada para resolver cualquier problema que surja, y la clave está entonces en dotar a ese equipo de las herramientas, la formación y la autonomía necesarias para ello, no en confiar en un jefe todopoderoso y protector.

Y luego hay un punto de vista intermedio que aconseja acudir al jefe con el problema y con la solución para que el jefe esté informado y para que certifique que la solución encontrada es la correcta. En realidad, no es que pidamos al jefe una ayuda para encontrar la solución, sino que más bien estaremos pidiendo su aprobación.

Yo personalmente soy partidario de intentar resolver los problemas por mí mismo. De hecho, a veces creo que me iría mejor si acudiera a pedir ayuda antes de lo que suelo hacerlo. Pero también hay situaciones que uno no puede resolver por sí mismo, donde es imprescindible escalar el problema al jefe para que tome una decisión. Son por ejemplo situaciones donde tu trabajo entra en conflicto con el de otra persona, bien porque te das cuenta de que los dos estáis haciendo poco más o menos lo mismo o porque ves cosas que nadie hace y que están dificultando tu propio proyecto. O también puede ocurrir que otro departamento no está siendo especialmente colaborador contigo mientras sabes que sí lo sería si fuera tu jefe quien pidiera la colaboración. En esas situaciones es imprescindible acudir a tu superior, y si él no entiende el problema o no se da cuenta de que la solución está verdaderamente fuera de tu alcance, se estará comportando como un jefe mediocre, y la mediocridad es lo que acaba con las empresas y con los buenos trabajadores. Hay que huir de esos jefes que no se presten a solucionar las situaciones de bloqueo que provocan que tú no puedas continuar con tu trabajo. Lo importante es acudir al jefe con el problema bien descrito, con las alternativas que has manejado y con los motivos por los que no han funcionado. Y si el jefe no te ayuda entonces, procura cambiar de jefe.