Llega la hora de volver a la oficina. Aunque en España la pandemia dista mucho de estar controlada en el momento de escribir este post, muchas empresas están implementando planes para que sus trabajadores vuelvan al trabajo presencial. Tengo amigos que están tan contentos de volver, pero a la gran mayoría les de mucha pereza tras aproximadamente seis meses trabajando en casa con pantuflas en los pies todo el día.

Porque tras unos primeros días difíciles de teletrabajo, la gente ya se ha acostumbrado a ello. Hemos construido nuestras rutinas, de una manera u otra hemos hecho acopio de las  herramientas adecuadas para teletrabajar y ya no echamos tanto de menos al compañero ese tan gracioso que siempre nos amenizaba las comidas. Vamos, que cuesta mucho volver a los horarios de entrada, al mogollón del transporte público o a los atascos de tráfico mañaneros.

Sin embargo, tiene su lógica que las empresas quieran que volvamos al trabajo presencial. En 2015 Marissa Mayer, CEO de Yahoo!, mandó una carta a sus trabajadores indicando que debían ir todos los días a la oficina y cumplir su horario laboral presencialmente. “Para ser el mejor lugar de trabajo, la comunicación y la colaboración serán importantes, así que necesitamos trabajar codo con codo. Por eso es crítico que estemos presentes en nuestras oficinas” decía esa carta de la CEO de una compañía cuya principal seña de identidad era hasta entonces la flexibilidad laboral. En 2017 IBM, que implantó el teletrabajo en la década de los 80, también pidió a sus empleados de marketing  que regresaran a trabajar de forma permanente a la oficina.

¿Que alegó IBM para tomar esa decisión? Que ahora no basta con ser productivo (está más que demostrado que el teletrabajo no afecta a la productividad y que si acaso, la mejora) sino que hay que ser innovador. El contacto humano, la colaboración en un formato inmediato y la discusión de ideas impulsan la innovación y la creatividad. Volometrix, empresa que desarrolla software de analítica de datos, demostró que los programadores de Microsoft resolvían más bugs por la tarde que por la mañana. ¿El motivo? Durante las comidas hablaban sobre cómo les había ido la mañana y en esas conversaciones totalmente distendidas surgían y se compartían espontáneamente  ideas para solucionar los problemas difíciles.

Como sucede casi siempre, creo que la virtud está en el punto medio. Tan cierto es que el teletrabajo mejora la productividad y la satisfacción laboral de los empleados como que el contacto humano directo ayuda a crear equipo, a estrechar lazos y a compartir ideas que nacen en conversaciones espontáneas  y que a veces consiguen que le des  totalmente la vuelta a la forma en la que estabas enfocando algo. Así que en mi opinión, más que de teletrabajo deberíamos buscar el trabajo flexible o “flexiworking” si se me permite el palabro. Más o menos, “ve a trabajar cuando quieras”.  Despachas parte del correo electrónico por la mañana, acudes a la oficina cuando ya no hay tanto tráfico, tienes las reuniones que sean necesarias con los equipos de tus proyectos, vuelves a tiempo de recoger a los niños del colegio y si te queda algo pendiente, lo rematas a lo largo de la tarde. O bien te organizas para ir ciertos días de la semana a la oficina para no perder ese contacto humano tan importante.

Teletrabajo y trabajo flexible no es lo mismo y de hecho, pueden llegar a ser excluyentes. Si se me obliga a trabajar los lunes desde casa me están impidiendo quizá asistir a una reunión presencial con los compañeros de otra delegación que vienen a mi ciudad un par de veces al año solamente. Y si se me obliga a ir los martes, voy a tener problemas si mi hijo cae enfermo precisamente un martes.

En resumidas cuentas, el “flexiworking” o trabajo flexible es la opción ideal donde lo importante son los objetivos conseguidos en el trabajo y no las horas que estés o dejes de estar en la oficina. Vayamos hacia allí entonces.