Teletrabajar no es solo trabajar desde casa. Es también trabajar sin levantarnos de nuestra mesa con compañeros que se sientan en otro piso o en otras sedes y a los que ya no necesitamos tener enfrente. O con clientes y proveedores que cada vez más prefieren “verlo en remoto” que desplazarse para una reunión.

Y es que estamos descubriendo a marchas forzadas que no es necesario sentarse en un vis a vis ni para presentar una idea, ni para tomar una decisión, ni para acometer una tarea conjunta.

La tecnología lo hace fácil y asequible para todos. Pero mantener relaciones productivas con gente a la que no ves no es tan fácil como se puede pensar. Sin embargo, es algo que ha llegado para quedarse.

Sobreestimamos la cantidad de trabajo virtual que hacemos

Me atrevería a decir que todos teletrabajamos en alguna medida. Incluso los que nunca se han sentado a su ordenador desde un lugar distinto a su mesa del trabajo.

Tendemos a considerar como teletrabajo o trabajo remoto sólo lo que hacemos desde fuera de nuestro sitio habitual, ya sea en casa o en un desplazamiento a las instalaciones del cliente o desde el hotel cuando estamos en viajes profesionales.

Pero resulta que hoy hacemos en remoto, y casi sin reparar en ello, mil cosas que antes precisaban desplazamientos. ¿Quién no ha mandado nunca un email a quien tiene al otro lado del pasillo?

Es por tanto, momento de aprender a trabajar en remoto, aunque sigamos yendo a la oficina todos los días.

Asumiendo que, para mantener productividad y eficiencia deberemos desarrollar unas capacidades de manejo de herramientas y también de habilidades interpersonales que no son las mismas que en el cara a cara.

Que aprender a gestionar las múltiples interacciones multimedia, a  generar empatía con un email o captar la atención de la gente en una multiconferencia no es tan inmediato.

Sin embargo, tener habilidades para el trabajo remoto incrementa la confianza en las relaciones y por consiguiente el rendimiento de las mismas.

Y subestimamos el impacto en resultados de la Inteligencia Digital

Está demostrado que para rendir en estos contextos virtuales hay que desarrollar al menos dos habilidades específicas: la empatía digital incorporando apego emocional en la interacción virtual y la capacidad para construir y mantener elementos de confianza.

En los cara a cara, las personas vamos generando “apego emocional” con mucha naturalidad, casi sin darnos cuenta. No en vano dicen que “es el roce el que hace el cariño”. Y es a base de ver la cara del otro ante tus aciertos y tus meteduras de pata como vas aprendiendo cuáles son sus mejores momentos para conectar, con qué palancas captarás su atención y cómo plantearle las cosas para que te dé su apoyo.

Sin embargo, en un entorno virtual hay que dedicarles un espacio y una conversación concretos. No podemos presuponer nada.

Trabajemos la empatía digital, demostrando respeto y estima al otro. 

A su tiempo, a su espacio y a su manera de gestionar su trabajo.

Tenemos que hablar de qué canales vamos a usar y para qué, de a qué horas estaremos disponibles, de qué “protocolo” tendrán nuestros encuentros, de si te llamo sin más o si por el contrario prefieres que te mensajee para pedirte tus huecos de disponibilidad. Y tendremos que hablar también de cómo vamos a compartir la información, de cómo vamos a organizarla y de cómo nos vamos a repartir la elaboración de la tarea.

De igual manera, tendremos que incorporar, incluso forzadamente al principio, elementos que nos permitan ganar la confianza del otro, tanto en la relación que establece con nosotros como en el cumplimiento de la tarea que nos traemos entre manos. Y no hay otra manera de hacerlo que demostrarle a tu colega o cliente que buscas desarrollar un contexto que salvaguarda los intereses de ambos.

Introduciendo más elementos “sociales” y temas que van más allá del trabajo en la relación, aun cuando trates evitar los temas demasiado personales. Con actitud natural y sincera dejando que poco a poco vaya surgiendo la comodidad por parte de ambas partes.

Dejando  que tu personalidad y también tu entusiasmo salgan a flote en tus comunicaciones virtuales. Y aunque mantengas un tono profesional, si ocultar del todo tu propia voz con comentarios al hilo, opiniones y también humor.

Igual que harías mientras subes en el ascensor o esperas en la sala que lleguen los demás.

Fortalezcamos la confianza ofreciendo garantías

Porque nada une más saber que has encontrado un valor seguro. Un compañero para la tarea, al que no necesitas ni controlar ni por supuesto ver para saber que es capaz y fiable.

Ofrece tus garantías con humildad pero sin falsa modestia cada vez que venga a cuento. Contando sin chulear como aquella decisión que tomaste en una situación similar hoy podría aportar o como aquella solución que adoptaste una vez fue un traspiés que podrías ahora ahorrar.

Toma la iniciativa para completar las tareas tanto como te sea posible y comunica tus avances con comunicaciones periódicas. Demuestra tu compromiso con esa tarea que ambos os traéis entre manos.

Responde en tiempo y forma. Muchas relaciones se mueren por retrasos exagerados en las respuestas o por falta de ellas. El silencio mata las relaciones virtuales. Si necesitas demorar una respuesta, avisa de que vas a hacerlo.

¿A que son cosas que haces en el cara a cara sin necesidad de forzarte ni prepararte para ello? Salen tan natural que pensamos que no están, que no aportan.

Pero lo hacen.

Y, no sé muy bien por qué, pero esos comportamientos no salen solos en un entorno digital. Hay que aprender a meterlos.

Así que es bueno que le pongamos foco y que nos pongamos a incrementar nuestro coeficiente de inteligencia digital desarrollando habilidades para ser capaces de triunfar en nuestras relaciones digitales tanto como estamos acostumbrados a hacer en el cara a cara.

@vcnocito