¿No te hacen sentir un poco tonto todas esas historias de emprendedores de éxito, animándote a dejar ese “trabajo gris y alienante” que tan infeliz te hace para montar tu propia empresa haciendo lo que te gusta?

Vaya por delante que yo admiro (y miro con envidia) a quienes han conseguido ganarse la vida haciendo de su pasión negocio. Sólo que no tengo tan claro que sea una variable que encaje en la felicidad de todos.

Hoy me gustaría poner en cuarentena eso de la pasión, compartiendo contigo un par de reflexiones que me hago estos días.

¿Tienes clara cuál es tu pasión?

La mayoría de la gente que conozco, ni siquiera siente que esa palabra exista. Todo lo más, sabe que tiene más “apetencia” que abulia por algunas de las tareas de su trabajo que por otras.

Algunos, afortunados creo, tenemos unos sentimientos algo más definidos, y sabemos qué cosas de las que hacemos nos encantan y cuáles nos asquean.

Y, ya los más lanzados, tratamos de ir encontrando poco a poco la manera de recargar nuestro depósito de gasolina emocional, a base de convencer a nuestros jefes del valor que les aporta a ellos y a la organización hacer más de lo que nos gusta y menos de lo que nos asquea.

¿Puedes reformular tu trabajo hacia algo que te guste más?

Sí. Sin duda puedes.

Siempre es posible ir poco a poco construyéndote tu trabajo a medida.

Tratar de reconducir tu actividad hacia aquello con lo que más a gusto te sientes no sólo es lícito. Es que es posible. Siempre lo es, sea cual sea tu puesto y tu actividad.

Tan sólo tienes que dejar de quejarte esperando que otros lo hagan, saber qué quieres hacer y cómo poner en valor hacia “tus clientes”, llámense jefes, compañeros, clientes o proveedores, ese cambio.

Este estadio es más que suficiente para asegurar tu felicidad en el trabajo.

¿Cuándo tiene sentido dejar tu trabajo para seguir tu pasión?

La pasión alimenta sin duda grandes logros, pero ir tras ella como si no hubiera un mañana, también puede ser un gran descalabro social y económico. Dicen que “la pasión y la adicción son primos cercanos” y creo que tienen razón. He visto a gente destrozar sus relaciones y su economía porque no pensaba en otra cosa que en sacar adelante esa proyecto personal el que invertía las 24 horas del día y hasta el último duro que era capaz de conseguir.

Así que creo la única manera de hacerlo sin arruinar tu vida y sin ser cargante para los demás es ir dando pequeños pasos hacia ella, trazando un plan con pequeños hitos tangibles y, lo más importante, con plazos claros para ir desestimando intentos.

¿Cuánto tiempo es sensato perseguir tu pasión?

El fundador de LinkedIn, Reif Hoffman, nos da una interesante lección:

“El trabajo duro no es suficiente. Nunca más trabajo nunca es la respuesta. Para hacer de una idea un negocio se necesita determinación, ingenio y una parte de pereza”. Hoffman identifica la pereza con ese “conservar tu energía para gastarla en las cosas correctas, minimizando las fricciones y buscando la forma más eficaz y eficiente de avanzar, que no siempre es echarle más horas”. Podrías tener más valor si tratas tu energía como un bien preciado”, añade Hoffman.

¿Hay alguna manera de asegurar que no se te va la olla?

Leyendo sobre el tema, encuentro dos metodologías interesantes

La prueba de las cuatro vías de Rotary, que trata de resituar esa pasión individual en un contexto más amplio de comunidad y compromisos. Un recordatorio de que no se trata sólo de ti, contextualizando eso que tú quieres ofrecer con reflexiones sobre cómo de justo y beneficioso será para todos los interesados.

El concepto japonés de Ikigai, que busca el equilibrio donde tus pasiones y talentos convergen con las cosas que el mundo necesita. Ikigai es un concepto japonés que significa “una razón de ser”, y propone buscar la intersección entre lo que te gusta, lo que se te da bien y aquello que la gente necesita y está dispuesta a pagar.

No encuentro manera más sensata de conjugar pasión con forma de vida.

Porque propone incorporar a la pasión un modelo de sostenible de vida haciendo la pregunta verdaderamente clave: ¿puedo recibir un pago por eso que propongo aportar?

En este mundo cambiante nadie podrá contestarte a ello. Y si lo hacen no te fíes.

¿Cómo empiezo a seguir mi pasión sin morir en el intento?

Yo solo veo una opción: Intentarlo con red.

Buscando formas de avanzar hacia tu visión desde tu posición actual. Aprovechando internet y las redes sociales para ejecutar pequeños “test de concepto”. Haciendo y observando las ondas que producen en el agua esa piedra que has tirado.

Y si después de un buen intento no puedes responder afirmativamente a la madre de todas las preguntas, es hora de hacer de esa pasión un pasatiempo.

O de buscarte una nueva pasión 🙂

@vcnocito